La mayoría de las personas infectadas por COVID-19 suelen recuperarse en un plazo de dos a tres semanas, según la gravedad de su enfermedad.
Algunas personas, independientemente de la gravedad de su enfermedad, siguen experimentando síntomas más allá de la fase aguda de la infección.
Esto se conoce como “COVID prolongada”.
Comprender la COVID prolongada es difícil, pero nuevas investigaciones están ayudando a conocer mejor la enfermedad.
Al principio de la pandemia, parecía que la mayoría de las personas infectadas por el coronavirus presentaban síntomas de leves a moderados y, por lo general, se recuperaban en un plazo de dos a tres semanas, según la gravedad de su enfermedad. Sin embargo, con el paso del tiempo, ha quedado claro que algunas personas, independientemente de la gravedad de su enfermedad, siguen experimentando síntomas más allá de la fase aguda de la infección. Esto se conoce como “COVID prolongada”.
Las evidencias emergentes sugieren que estos pacientes experimentan una serie de síntomas persistentes y complicaciones de salud. Estos pueden tener un impacto significativo en su calidad de vida, en su salud física y mental, y en su capacidad para volver al trabajo.
Pero comprender la COVID prolongada es difícil. Los síntomas notificados son muy variados, lo que dificulta su definición. Muchos afectados tampoco fueron hospitalizados durante la fase aguda de su infección, por lo que no se les realizaron pruebas de coronavirus durante la primera ola de la pandemia. Esto dificulta comprender cuáles son las posibles causas de sus síntomas de larga duración, así como la relación de estos con los síntomas que presentaron los pacientes en las primeras etapas de la infección.
Nosotros y otros investigadores del Grupo de Estudio sobre Terapias para la COVID Prolongada (TLC) de la Universidad de Birmingham decidimos, por tanto, intentar construir una imagen más clara de qué es la COVID prolongada y qué factores la influyen, agrupando datos de numerosos estudios independientes. Esto nos permitió conocer la prevalencia de los síntomas notificados y analizar mejor cuáles son las repercusiones y complicaciones de la COVID prolongada. Esto es lo que descubrimos.
Síntomas de la COVID prolongada
Nuestra revisión mostró lo muy variada que es la COVID prolongada. Los pacientes pueden experimentar síntomas relacionados con cualquier sistema del organismo, incluidos los respiratorios, neurológicos y gastroenterológicos. Nuestros datos agrupados mostraron que los diez síntomas más comúnmente notificados en la COVID prolongada son fatiga, falta de aire, dolor muscular, tos, dolor de cabeza, dolor articular, dolor torácico, alteración del olfato, diarrea y alteración del gusto.
Otros síntomas habituales incluyen “niebla mental” – cuando el pensamiento es confuso y lento – pérdida de memoria, trastornos del sueño, palpitaciones y dolor de garganta. Los resultados poco frecuentes pero importantes incluyen pensamientos de autolesión y suicidio, e incluso convulsiones.
La mayoría de los pacientes con COVID prolongada refieren que los síntomas experimentados durante su infección aguda persisten más allá de esta, y el número de síntomas tiende a disminuir a medida que los pacientes pasan de la fase aguda a la COVID prolongada. Algunos, sin embargo, informan de nuevos síntomas durante su enfermedad prolongada, mientras que otros también señalan la reaparición de síntomas que se habían resuelto previamente.
Uno de los estudios que incluimos en nuestra revisión describió dos grupos principales de síntomas de la COVID prolongada: los compuestos exclusivamente por fatiga, dolor de cabeza y molestias de las vías respiratorias superiores; y los que presentan molestias multisistémicas, incluidas fiebre persistente y síntomas gastroenterológicos. Esta división refleja la dificultad de delimitar la COVID prolongada: se trata de una afección de amplio alcance que engloba muchos tipos de molestias.
Los efectos e impactos a medio y largo plazo de la COVID prolongada aún no se comprenden por completo. Sin embargo, las evidencias que revisamos sugieren que las personas con COVID prolongada pueden sufrir reducciones significativas de su calidad de vida, dificultades para realizar sus actividades diarias o para reincorporarse a un empleo a jornada completa, así como problemas de salud mental.
Un estudio informó de que casi una cuarta parte de los pacientes de COVID-19 hospitalizados previamente sufrió ansiedad o depresión seis meses después del inicio de sus síntomas. Las personas con COVID prolongada suelen referir que los profesionales sanitarios no las toman en serio y que reciben poco o ningún apoyo para el manejo de su afección, lo que subraya la necesidad de mejores tratamientos.
¿Qué aumenta la probabilidad de padecer COVID prolongada?
Hemos constatado que una serie de factores están asociados al desarrollo de COVID prolongada. Por ejemplo, un estudio informó de que la presencia de más de cinco síntomas de COVID-19 en la primera semana de infección se asoció significativamente con el desarrollo de COVID prolongada, independientemente de la edad o el sexo.
Además, se comprobó que ser mayor, mujer y estar hospitalizado al inicio de los síntomas se asociaban significativamente con un mayor riesgo de desarrollar COVID prolongada. Sin embargo, varios estudios mostraron que, en un número significativo de pacientes, el desarrollo de COVID prolongada no parecía estar relacionado con la gravedad de su enfermedad inicial.
Experimentar determinados síntomas durante la fase aguda de la infección –como dificultad respiratoria inicial, dolor torácico o ruidos cardíacos anormales– también se asoció de forma notable con el desarrollo de síntomas de larga duración. Tener comorbilidades, en particular asma, también aumentó el riesgo.
Lo que indica la enorme variabilidad de la COVID prolongada es que, en realidad, comprende varios síndromes distintos, potencialmente con causas subyacentes diferentes. Por ello, es urgente contar con una mejor comprensión de los mecanismos biológicos e inmunológicos subyacentes de la COVID prolongada si queremos desarrollar tratamientos eficaces.
Las repercusiones que refieren los pacientes –en su vida, su trabajo y su salud mental– dejan claro que urgen mejores formas de atender a las personas con COVID prolongada. Además de evaluar los síntomas e investigar los mecanismos subyacentes de la COVID prolongada, nuestro Grupo de Estudio TLC se creó para identificar posibles intervenciones para tratar la COVID prolongada que pudieran evaluarse en ensayos clínicos. Con los conocimientos derivados de esta investigación, este es el objetivo que pretendemos alcanzar a continuación.
