La pandemia de COVID-19 ha infectado a más de 1,6 millones de personas en todo el mundo.
Los científicos están probando un nuevo tratamiento que actúa sobre las células humanas, en lugar de sobre el virus.
Los bajos niveles de anticuerpos generan preocupación por la inmunidad
Investigadores de la Universidad de Fudan, en Shanghái, analizaron muestras de sangre de 175 pacientes recuperados del coronavirus después de que recibieran el alta hospitalaria y detectaron niveles sorprendentemente bajos de anticuerpos contra el virus.
Alrededor del 30 % de los pacientes tenía niveles de anticuerpos tan bajos que los investigadores sospechan que quizá no estén protegidos contra una reinfección.
La preocupación es que, si una parte de la población no desarrolla inmunidad al virus, la inmunidad colectiva podría verse comprometida. Además, los científicos que desarrollan vacunas tendrían que considerar cómo generar una respuesta de anticuerpos significativa y duradera para proporcionar protección suficiente.
Los resultados preliminares aún no se han publicado en una revista científica, y es necesario seguir investigando para determinar si las personas con niveles bajos de anticuerpos corren riesgo de reinfección.
Un fármaco que nos ataca a nosotros, no al virus, entra en ensayos clínicos
Esta semana comenzó otro ensayo clínico de un posible tratamiento contra la COVID-19, pero, de forma bastante inusual, este actúa sobre las células humanas en lugar de sobre el virus.
El mes pasado, los científicos demostraron que el fármaco mesilato de camostat puede impedir que el nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, infecte células pulmonares en el laboratorio. Los virus dependen de la maquinaria que hay dentro de las células «huésped» humanas para sobrevivir y replicarse, por lo que impedir que el virus entre en las células humanas podría detenerlo en seco.
Normalmente, pasan años antes de que los fármacos puedan entrar en ensayos clínicos con personas, pero, como el mesilato de camostat ya está aprobado para tratar a algunos pacientes con pancreatitis —una inflamación del páncreas potencialmente mortal—, los científicos pudieron iniciar los ensayos mucho antes.
Aún no se sabe si el fármaco llegará a las células pulmonares de los pacientes a los que ataca el virus, pero los investigadores de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, que llevan a cabo el ensayo esperan saber en un plazo de tres meses si el fármaco es eficaz.
Las aguas residuales podrían ayudar a seguir el brote
Las plantas de tratamiento de aguas residuales acapararon los titulares esta semana al saberse que el material genético del SARS-CoV-2 —el ARN viral— aparece en las aguas residuales, lo que alimenta la esperanza de contar con una nueva forma de seguir la gravedad del brote.
Se espera que los análisis de aguas residuales también puedan utilizarse como sistema de alerta temprana de una segunda ola de infecciones y ayudar a los gobiernos a decidir cuándo aplicar y flexibilizar las medidas de confinamiento.
Más de una docena de grupos de investigación de todo el mundo han comenzado a analizar las aguas residuales para detectar el nuevo coronavirus y estimar el número total de infecciones en una comunidad, dado que muchas personas no presentarán síntomas graves ni se someterán a pruebas.
Los estudios han demostrado que el ARN viral puede aparecer en las heces a los tres días de la infección, lo que permite analizar la tasa de infección casi en tiempo real, frente a las pruebas clínicas, que pueden tener un retraso de varias semanas.

