Recuperación tras la COVID-19: algunas economías tardarán más en repuntar; esto es malo para todos

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  • Las economías nacionales empiezan a volver a los niveles previos a la pandemia, pero a ritmos muy dispares.

  • Se espera que las economías de Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y Alemania vuelvan a la normalidad a finales de 2021; Sudáfrica y Argentina podrían tener que esperar hasta 2025.

  • Aunque existen dificultades, un programa COVAX mundial eficaz puede garantizar que los países experimenten una recuperación más equilibrada, según escribe un experto en finanzas.

Las economías nacionales empiezan a volver a sus niveles previos a la pandemia. Pero, al igual que el impacto desigual de la propia pandemia, el ritmo de la recuperación económica varía enormemente entre países.

En 2020, la economía mundial se contrajo un 4,3 %, y algunos países lo pasaron considerablemente peor que otros. Por ejemplo, la economía del Reino Unido sufrió su peor recesión en 300 años, con una caída de casi un 10 %. El impacto resultante en el empleo también fue sin precedentes y diez veces peor que durante la crisis financiera mundial de 2009, con 114 millones de empleos perdidos en todo el mundo en 2020.

Más de un año después del inicio de la pandemia, las perspectivas mundiales parecen estar mejorando, según informes recientes de la OCDE y del Foro Económico Mundial. Los datos muestran que algunos países, como Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y Alemania, están en camino de recuperar los niveles de PIB per cápita previos a la pandemia a finales de 2021.

Sin embargo, otros, como España e Islandia, que sufrieron un golpe enorme por el colapso de los ingresos del turismo, se espera que se mantengan por debajo de los niveles previos a la pandemia al menos hasta mediados de 2023. Peor aún, se prevé que países como Sudáfrica y Argentina sigan por debajo de sus niveles de 2019 hasta finales de 2024, o hasta bien entrado 2025.

Recuperación desigual

Dos factores principales determinan la velocidad de la recuperación económica de un país tras la pandemia: la solidez de su respuesta política frente a la COVID-19 y el éxito de su programa de vacunación.

No sorprende que el Reino Unido y Estados Unidos, con las tasas de crecimiento proyectadas más altas entre las economías avanzadas (7,2 % y 6,9 %, respectivamente), también encabecen las clasificaciones por tamaño de los paquetes de políticas de respuesta a la pandemia y por proporción de población vacunada con éxito.

Algunos países, como Corea del Sur, Japón y Alemania, están en camino de recuperar los niveles previos a la pandemia. Image: Statista

Los líderes de todo el mundo desplegaron una serie de respuestas de política económica en la lucha contra la pandemia. Las medidas de gasto público incluyeron transferencias a hogares (de bajos ingresos), subvenciones y exenciones fiscales temporales a empresas, y financiación adicional para los sistemas sanitarios. Algunos complementaron los recortes convencionales de los tipos de interés con medidas no convencionales, como inyecciones de liquidez y compras de activos. Muchos gobiernos también recurrieron a medidas financieras, entre ellas intervenciones en el mercado de divisas.

Es importante señalar que la acción política varió significativamente entre países en cuanto a tipo, magnitud y alcance. La pandemia afectó con más fuerza a los mercados emergentes que a las economías avanzadas, a diferencia de lo ocurrido tras la crisis financiera mundial de 2008. Muchos países más pobres han tenido más dificultades para contener y mitigar el virus debido a su limitada capacidad sanitaria y, con menos margen para aumentar el gasto público, sufrieron mayores pérdidas por la pandemia.

La divergencia en la recuperación también puede vincularse al distinto éxito de los programas nacionales de vacunación; como expresó la OCDE, «más inyecciones, más empleos». Por ejemplo, mientras que Israel ha vacunado a cerca del 60 % de su población, en muchos otros países menos de uno de cada diez ha recibido alguna vacuna. Se espera que la economía de Israel vuelva a los niveles previos a la pandemia a principios de 2022.

Lo que es peor, muchos países pobres podrían no recibir casi ninguna vacuna hasta finales de 2021, como mínimo. Esto, junto con la importante variación continua tanto en las tasas de infección como de mortalidad, sugiere que el patrón de recuperación de la crisis sanitaria también será desigual.

Consecuencias globales

Esta recuperación de la pandemia a distintas velocidades y la crisis económica que la acompaña tendrán repercusiones, no solo para los países con recuperaciones más lentas, sino también para la economía mundial. En el ámbito sanitario, ningún país estará totalmente a salvo del virus hasta que todos lo estén. Los éxitos locales en materia de vacunación no bastarán para proteger a los países de posibles nuevos brotes, especialmente en el caso de nuevas variantes.

Pero la divergencia en la velocidad y la escala de la recuperación económica también supone un riesgo considerable para los países individuales y para sus socios comerciales. La crisis económica de la COVID-19 ha puesto de manifiesto la fragilidad de las estructuras comerciales internacionales existentes, en las que los países dependen en gran medida unos de otros. Estas interdependencias surgen de las cadenas de valor mundiales, es decir, de la producción fragmentada en múltiples etapas y completada en distintos países, que representan el 70 % del comercio mundial actual..

Un ejemplo de la dependencia de la economía mundial de determinados países es la escasez de semiconductores, los microchips utilizados en la fabricación de todo dispositivo electrónico, desde teléfonos móviles hasta electrodomésticos. Los confinamientos de los primeros días de la pandemia afectaron a los principales productores, entre ellos China, lo que generó un importante desabastecimiento de semiconductores. Esto provocó cuellos de botella en la producción de bienes electrónicos en muchos otros países, lo que obligó a replantear seriamente los costes frente a los beneficios de las cadenas de suministro mundiales.

La pandemia y la crisis económica asociada también han tenido efectos diferentes dentro de las fronteras nacionales. En muchos países, la desigualdad se ha ampliado significativamente de múltiples maneras. Los hogares menos favorecidos han perdido mucho más que los situados en lo alto de la distribución de ingresos, y también se ha producido una contracción considerablemente mayor en los servicios que requieren contacto personal que en otros sectores.

¿Cómo ha gestionado el Foro la respuesta mundial a la COVID-19?

Un reequilibrio significativo será un paso importante para una transición exitosa hacia un mundo posterior a la COVID-19. En cuanto a la coordinación de políticas internacionales, el desafío inmediato es cómo pueden los países ricos y pobres trabajar juntos para aumentar las tasas de cobertura de vacunación en el mayor número posible de países. El programa COVAX, un esfuerzo internacional dirigido por la OMS para proporcionar vacunas a los países pobres, y los problemas a los que se enfrenta actualmente demuestran que, si bien dicha coordinación internacional es posible, está plagada de dificultades.

En cuanto a la recuperación económica, tampoco es probable que las ganancias nacionales sean duraderas si una parte significativa del mundo se queda atrás.

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