Siguen surgiendo nuevas cepas de coronavirus a pesar del despliegue mundial de la vacunación.
Es difícil medir la eficacia real de las vacunas contra la COVID-19, ya que los procesos necesarios para obtener resultados precisos son complejos.
Un estudio del Reino Unido reveló que las personas no vacunadas tenían más probabilidades de contraer el virus.
El auge de la variante ómicron ha causado estragos en todo el mundo, al igual que antes lo hicieron la aparición de las variantes delta y alfa. Se ha observado un patrón: cada seis meses aproximadamente, el mundo se apresura a responder a una nueva forma del coronavirus. ¿Cómo podemos reducir el riesgo de que sigan apareciendo nuevas variantes una y otra vez?
En primer lugar, veamos cómo surgen. Un virus se reproduce haciendo copias de sí mismo. Cada vez que se replica, existe una pequeña posibilidad de que se produzca un error al copiar su secuencia genética.
Esto provoca una mutación en la nueva copia del virus, con tres posibles resultados: la mutación puede no tener ningún efecto, puede debilitar el virus o, por casualidad, puede darle algún tipo de ventaja para sobrevivir. Con el tiempo, una mutación poco común que favorezca la supervivencia se vuelve más frecuente, ya que las copias del virus que la contienen acabarán copiándose más.
Como el virus puede mutar cada vez que se reproduce, cuanto más se replica, mayor es el riesgo de que aparezcan nuevas variantes. Y dado que el virus se reproduce dentro de nosotros cuando nos infectamos, cuanto más casos de COVID haya en la población, mayor será el riesgo de que surjan nuevas variantes.
Las vacunas contra la COVID contrarrestan el virus. Su objetivo más importante ha sido reducir los casos graves de la enfermedad y las muertes, y está bien demostrado que lo han logrado. Han salvado cientos de miles de vidas.
También se suele decir que ampliar la cobertura mundial de vacunación contra la COVID reducirá el riesgo de que surjan nuevas variantes al limitar la replicación viral. Sin embargo, esto no es tan sencillo de evaluar.
Infecciones posvacunación
Una vacuna eficaz también debería reducir la probabilidad de que una persona vacunada contraiga y transmita el virus. Por desgracia, está claro que las vacunas contra la COVID no pueden generar una inmunidad que bloquee por completo la infección y la transmisión.
Dicho esto, las vacunas sí parecían reducir el riesgo de transmitir variantes anteriores del coronavirus, como las variantes original y alfa, tanto al reducir el riesgo de que una persona vacunada contrajera el virus como su capacidad de transmitirlo si se infectaba. (Cabe señalar que parte de esta investigación aún está en fase de prepublicación, es decir, espera la revisión de otros científicos). Esto habría contribuido a reducir las tasas de replicación viral y el riesgo de que aparecieran mutaciones.
Sin embargo, las variantes más recientes, delta y ómicron, resisten mejor las vacunas, lo que aumenta el riesgo de que el virus se propague entre las personas vacunadas y, por tanto, mantiene el riesgo de mutación. Delta era más eficaz para infectar a las personas vacunadas que las formas anteriores del virus, y ómicron es aún más eficaz.
Y un análisis de datos del Reino Unido del año pasado muestra que, desde la aparición de delta, las cargas virales máximas —es decir, la cantidad de virus dentro de una persona en el punto álgido de la infección— son bastante similares en las personas vacunadas y no vacunadas con COVID. Esto sugiere que los pacientes vacunados con COVID podrían tener tantas probabilidades de transmitir el virus como las personas no vacunadas.
Pero estas mediciones son complejas
Sin embargo, hay varias razones por las que esto no necesariamente es así. Un aspecto clave es el momento en que se mide la carga viral. En la mayoría de las personas, la carga viral suele medirse en un único momento, a menudo poco después de la aparición de los síntomas, cuando la infección está en pleno apogeo. Pero si el virus se elimina mucho más rápido en las personas vacunadas, la mayoría de los informes no lo detectarían. El período durante el cual una persona vacunada es contagiosa —y la cantidad de replicación viral que se produce en su organismo— podría ser mucho menor de lo previsto.
Otra razón por la que la replicación viral puede parecer similar en las personas vacunadas y no vacunadas es la forma en que suele medirse la carga viral máxima. Lo más habitual es determinarla mediante la PCR cuantitativa (qPCR), que mide cuántas copias del material genético del virus están presentes, no el número de partículas virales realmente infecciosas.
La única forma de determinar con precisión si una persona tiene copias infecciosas del virus es extraerlo, añadirlo a células en un laboratorio y observar si se crean más partículas virales. Los estudios han demostrado que detectar el material genético del virus no siempre significa que haya virus infeccioso.
De hecho, una prepublicación reciente de Suiza sugiere que medir la carga viral mediante qPCR en un único momento no cuenta toda la historia. Este estudio midió la cantidad de virus en muestras de 384 personas infectadas durante cinco días consecutivos después de que comenzaran sus síntomas.
Los resultados mostraron que las personas tenían niveles comparables de material genético del virus en el organismo cada día de las pruebas, independientemente de su estado de vacunación. Sin embargo, cuando la infectividad del virus se midió observando su replicación en células, la carga viral fue mucho menor en las personas vacunadas en general y disminuyó más rápidamente durante los cinco días.
Las vacunas siguen marcando la diferencia
En última instancia, aunque la carga viral sea comparable entre las personas vacunadas y no vacunadas, el factor más importante es el número total de personas infectadas. ¿Cuántas personas vacunadas contraen infecciones posvacunación en comparación con las infecciones entre las no vacunadas?
Un estudio del Reino Unido hizo un seguimiento minucioso de hogares en los que se había producido un único caso positivo de delta y vigiló si otros miembros del hogar se infectaban después. Mientras que el 38 % de los contactos no vacunados contrajo posteriormente el virus, solo lo hizo el 25 % de los contactos vacunados.
Está claro que la vacunación no impide por completo la transmisión, pero, lo que es fundamental, en el conjunto de las personas vacunadas se producía menos replicación viral. Nuevas pruebas procedentes de Dinamarca, aún en fase de prepublicación, sugieren que lo mismo podría ocurrir con ómicron.
Aunque ahora parece que el virus evade las vacunas más que antes, mantener el compromiso con la vacunación mundial contra la COVID sigue siendo fundamental. Cada persona vacunada reducirá en una pequeña proporción el número total de veces que el virus logra replicarse, y esta es nuestra mejor opción para gestionar la amenaza de futuras variantes.



