COVID-19: ¿Cuánto costará preparar al mundo para la próxima pandemia?

Nurse in a control room in an Indonesian hospital.
Preparedness starts at country level, with resilient health systems.Image: Irwan iwe/Unsplash
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  • Se ha pedido que el mundo esté mejor preparado para la próxima pandemia, si llega a producirse.

  • La preparación comienza en cada país, con sistemas de salud resilientes, el intercambio de activos sanitarios clave, y la cohesión y la confianza en primer plano.

  • La financiación adicional para la preparación podría ayudar a ampliar el apoyo que el Banco Mundial y otras entidades prestan a los países y las instituciones regionales.

A raíz de la COVID-19, se ha pedido que el mundo esté mejor preparado para la próxima pandemia. Estas peticiones parten de la idea de que el brote podría haberse previsto y evitado, o de que su propagación podría haberse contenido con mayor eficacia, reduciendo las perturbaciones sociales y económicas y evitando muertes.

Ya se han hecho peticiones de este tipo y han dado lugar a medidas significativas. Sin embargo, el mundo tiende a pasar página rápidamente y las nuevas crisis ocupan el primer plano, lo que da lugar al ya conocido ciclo de «pánico y abandono». Esto es motivo de preocupación: aunque no se puede saber cuándo ni cómo surgirá la próxima pandemia, es seguro que ocurrirá.

Quizá esta vez las cosas sean distintas. La COVID-19 ha puesto claramente de manifiesto las limitaciones de los esfuerzos anteriores y la necesidad de adoptar un enfoque más ambicioso y sostenido para la preparación. Es alentador observar los numerosos llamamientos a aumentar la financiación, reformar la gobernanza mundial de las crisis relacionadas con la salud y renovar la reflexión sobre los bienes públicos mundiales.

Pero empecemos por analizar qué es la preparación ante pandemias y qué tipos de inversión requiere.

A raíz de la COVID-19, se ha pedido que el mundo esté mejor preparado para la próxima pandemia. Image: Medicamentos, derecho y política

La preparación ante pandemias comienza en cada país

La preparación comienza en cada país y abarca muchos elementos. Ante todo, requiere sistemas de salud sólidos y resilientes, en particular de atención primaria, que faciliten la detección de brotes de enfermedades, proporcionen atención esencial y respalden el despliegue de vacunas y otras contramedidas médicas. En segundo lugar, requiere sistemas de vigilancia y capacidad de laboratorio para detectar brotes de enfermedades tanto humanas como zoonóticas. En tercer lugar, se necesitan mecanismos de coordinación entre sectores para la prevención y la preparación. En cuarto lugar, la preparación requiere marcos jurídicos e instrumentos regulatorios que respalden tanto la prevención de brotes como el despliegue de contramedidas. En quinto lugar, se necesitan cadenas de suministro que funcionen correctamente, así como reservas adecuadas de bienes y equipos esenciales.

Estos y otros elementos de preparación están establecidos y se reflejan en el enfoque de la Herramienta de Evaluación Externa Conjunta, surgida de las Regulaciones Sanitarias Internacionales de 2005.

Como los patógenos no respetan las fronteras, la preparación también tiene importantes dimensiones transfronterizas. Las instituciones regionales y subregionales desempeñan un papel clave en ámbitos como la armonización regulatoria, las normas para informar e intercambiar información sobre brotes de enfermedades, el intercambio de activos esenciales de salud pública, como los laboratorios de alta complejidad, y las compras mancomunadas.

Muchos países, especialmente los de ingresos bajos y medianos, arrastran desde hace tiempo deficiencias en estos ámbitos de preparación, que también se traducen en deficiencias a nivel regional. Incluso los países con una preparación más sólida se vieron sometidos a una enorme presión durante la pandemia de COVID-19. Esto puso de relieve las vulnerabilidades asociadas al colapso de las cadenas mundiales de suministro y el papel que la falta de confianza, cohesión y mecanismos de coordinación dentro de los gobiernos ha desempeñado en el debilitamiento de la respuesta.

El apoyo del Banco Mundial a la preparación

El Banco Mundial, a través de la AIF y el BIRF, cuenta con una sólida trayectoria en la provisión de financiación a largo plazo, previsible y sostenida, que los países necesitan para prepararse ante las pandemias y que a menudo requiere intervenciones multisectoriales. Por ejemplo, mediante un enfoque de Una sola salud, que reconoce los vínculos entre la salud humana y animal y el medio ambiente, el programa de Fortalecimiento de los Sistemas Regionales de Vigilancia de Enfermedades (REDISSE), creado a raíz de la crisis del ébola, ha contribuido a fortalecer la capacidad nacional y regional para la vigilancia de enfermedades y la preparación ante epidemias en 16 países de África occidental y central. También hemos apoyado a los CDC de África mediante financiación de la AIF. Mientras ayudamos a los países a hacer frente a la pandemia actual con nuestro paquete de apoyo para la COVID de 157.000 millones de dólares, el mayor de nuestra historia, seguimos contribuyendo a desarrollar la capacidad para prepararse ante futuras pandemias. Además, tanto la AIF como el BIRF movilizan importantes recursos en los mercados de capitales: actualmente, la AIF aporta más de 3 dólares en financiación concesionaria por cada dólar de contribución de los donantes; en el caso del BIRF, cada dólar de capital adicional puede permitir otorgar 10 dólares adicionales de financiación a los clientes.

De cara al futuro, el conjunto de mecanismos e instrumentos de financiación del Banco Mundial, su presencia mundial y sólida presencia en los países, sus conocimientos multisectoriales y su amplio alcance entre los responsables de formular políticas nos sitúan en una buena posición para ampliar el apoyo a la preparación nacional y regional. La preparación será un eje importante de la AIF20 y tendrá una presencia más destacada en nuestras relaciones con los países.

La necesidad de una acción mundial

La pandemia de COVID-19 también ha puesto de relieve la necesidad de actuar a escala mundial. Una gran parte de los aumentos propuestos para la financiación internacional de la preparación se centra en abordar las carencias percibidas en el ámbito mundial.

Las necesidades de financiación a escala mundial son diversas y complejas. Una prioridad clave es aumentar la financiación de la investigación y el desarrollo de tratamientos y vacunas. Este ámbito recibe una financiación pública, privada y filantrópica considerable, incluso en apoyo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), creada como un mecanismo de financiación intermediario (FIF) respaldado por el Banco Mundial que busca transformar positivamente los modelos de financiación de vacunas contra enfermedades epidémicas.

Igualmente importante es financiar las contramedidas médicas para garantizar que todos los países accedan a ellas de forma oportuna y equitativa. Por el lado de la demanda, esto requerirá aprovechar nuestra experiencia colectiva con mecanismos de compra mancomunada como COVAX y el Fondo Africano para la Adquisición de Vacunas (AVAT). Por el lado de la oferta, es necesario ampliar la capacidad de fabricación distribuida para garantizar un acceso equitativo a vacunas de bajo costo. No todos los países necesitan contar con capacidad propia para fabricar vacunas, pero debemos garantizar que haya suficiente capacidad de producción en los países en desarrollo y que pueda ampliarse rápidamente. Es poco probable que las empresas farmacéuticas inviertan sin cierto grado de certidumbre sobre la demanda y los precios; ahí es donde pueden ayudar los compromisos anticipados de mercado respaldados por financiación de los donantes.

¿Cómo avanzamos?

La ambiciosa agenda de preparación ha generado llamamientos a aumentar la financiación. El Grupo de Alto Nivel Independiente del G20 (HLIP) estimó que se necesitan 34.000 millones de dólares estadounidenses anuales de financiación pública durante los próximos cinco años, casi la mitad procedente de donantes. Más recientemente, el Gobierno de Estados Unidos ha pedido la creación de un fondo mundial de salud de 10.000 millones de dólares estadounidenses para prepararse ante futuras pandemias y ha anunciado una contribución de 250 millones de dólares estadounidenses para poner en marcha la iniciativa. Se ha propuesto establecer el fondo en el Banco Mundial.

La financiación adicional para la preparación podría ayudar a ampliar el apoyo que el Banco Mundial y otras entidades prestan a los países y las instituciones regionales, y contribuir a abordar las carencias a escala mundial.

Un paso clave a continuación es desglosar la evaluación de necesidades y el ejercicio de estimación de costos elaborados por el HLIP del G20, y profundizar el análisis de las carencias. La financiación es clave para mejorar la preparación, pero una preparación sólida también requiere una voluntad política sostenida. Esto parece requerir un conjunto de normas y estándares acordados a escala mundial sobre la preparación ante pandemias —basados en la Herramienta de Evaluación Externa Conjunta—, así como un seguimiento y una evaluación periódicos del desempeño con respecto a esos estándares. Quizá sea el momento de considerar un nuevo «pacto mundial sobre la preparación ante pandemias», similar al pacto sobre el clima, para garantizar un compromiso compartido y una rendición de cuentas colectiva en torno a la preparación ante pandemias.

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