Vacunas contra la COVID: cómo acelerar su despliegue en países más pobres

A man receives a dose of the coronavirus disease (COVID-19) vaccine at one of the youth centres where citizens can get the vaccines without prior registration, in an effort to boost the country's vaccination drive, in Cairo, Egypt, September 27, 2021. REUTERS/Mohamed Abd El Ghany - RC2EYP9JNUV0
There is extreme inequity in access to COVID-19 vaccines – and the pandemic won’t end until it’s addressed.Image: REUTERS/Mohamed Abd El Ghany
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  • Se estima que se producen más de 1500 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 cada mes.

  • Se necesitan 11 300 millones de dosis para vacunar al 80 % de los adolescentes y adultos.

  • Los países de ingreso bajo y medio apenas están presentes en las cadenas de suministro de vacunas contra la COVID-19, escribe Sarah Schiffling, experta en gestión de cadenas de suministro.

  • Diversificar la producción de vacunas, resolver la logística del transporte y formar al personal sanitario son solo algunos de los retos para vacunar a la población de los países más pobres.

La producción de vacunas contra la COVID-19 ha aumentado de forma significativa. Se estima que la producción mundial supera actualmente los 1500 millones de dosis al mes, lo que impulsa rápidamente al mundo hacia los 11 300 millones de dosis necesarias para vacunar al 80 % de los adolescentes y adultos, y potencialmente poner fin a la pandemia. La producción total podría alcanzar esa meta para finales de 2021.

Proteger a la población mundial pronto dejará de verse obstaculizado por la oferta limitada. Sin embargo, pese al aumento de la producción, para muchos países de ingreso bajo y medio, el acceso a las vacunas sigue siendo una lucha. Los países más pobres se rezagan mucho respecto a los más ricos en cuanto a la cobertura de vacunas contra la COVID-19. Menos del 3 % de las personas en los países de ingreso bajo están completamente vacunadas.

A medida que el mundo se acerca a tener la capacidad teórica de vacunar a todos, es necesario hacer más para garantizar que las dosis lleguen a quienes las necesitan. Estos son los obstáculos que existen.

Los países más pobres van a la zaga en la carrera por vacunar. Image: Statista

Distribuir la producción

Parte del problema es que la producción se concentra en relativamente pocos países. Prácticamente todos importan vacunas contra la COVID-19, pero el 80 % de las exportaciones proceden de solo diez países, y los países de ingreso bajo y medio apenas están presentes en las cadenas de suministro de vacunas contra la COVID-19. En consecuencia, no tienen acceso inmediato a los suministros que ellos mismos producen, mientras que, al intentar asegurar importaciones, tienden a ser superados por países más ricos, que suelen hacer pedidos excesivos.

Una forma en que los productores de vacunas intentan resolver este problema es diversificando quién fabrica las vacunas. AstraZeneca, por ejemplo, trabaja con Siam Bioscience en Tailandia para producir vacunas en el sudeste asiático que estén destinadas específicamente a la región. Johnson & Johnson trabaja con Aspen PharmaCare en Sudáfrica para aumentar el suministro a África.

Covax, el programa de intercambio de vacunas, no alcanzará sus objetivos de entrega para 2021: las donaciones de los países ricos no han sido fiables.Image: Daniel Irungu

Otros países también se están convirtiendo en productores. Los fabricantes vietnamitas van a fabricar la vacuna Sputnik V de Rusia. Y Egipto ha firmado un acuerdo que podría permitirle producir mil millones de dosis de la vacuna de Sinovac al año, muchas de las cuales se destinarían a abastecer África.

Una ventaja adicional de estos acuerdos es que permiten producir vacunas más cerca de donde se necesitan. Cadenas de suministro sobrecargadas están provocando problemas en todo el mundo, y las cadenas de suministro médico han estado bajo presión durante toda la pandemia. Acortar las cadenas de suministro debería, en principio, dejar a los países de ingreso bajo y medio menos expuestos a la escasez y a las presiones que se producen en otras partes del mundo.

También ha habido peticiones de una exención de patentes para las vacunas contra la COVID-19, que permitiría legalmente a los países producir dosis de las vacunas existentes sin la participación de las empresas farmacéuticas que las desarrollaron. Pero hasta ahora estas peticiones no han prosperado.

Una exención de patentes de vacunas tampoco resolvería por sí sola los problemas de acceso. Para que los países de ingreso bajo produzcan sus propias dosis, la tecnología y el conocimiento tendrían que transferirse junto con los derechos legales de producción. También haría falta apoyo financiero. Al momento de redactar este artículo, los productores de vacunas aún no comparten libremente el conocimiento detrás de sus productos.

El suministro no termina en la frontera

También hay que abordar el transporte. La logística del despliegue de las vacunas contra la COVID-19 en entornos de ingreso bajo y medio puede ser muy compleja.

Las carreteras hacia comunidades remotas pueden ser inexistentes, peligrosas o estar en mal estado. En Indonesia, por ejemplo, las autoridades han tenido dificultades para hacer llegar las dosis a determinadas comunidades insulares. Pero estos retos pueden superarse. En Bután, las vacunas han llegado a zonas montañosas de difícil acceso por aire o a pie. Países como Malaui y Vanuatu han probado la entrega de vacunas mediante drones. Una buena planificación y el ingenio pueden aumentar las tasas de entrega.

Mientras tanto, mantener las vacunas contra la COVID-19 a las temperaturas requeridas durante el transporte y en los almacenes es una preocupación especial. Pero esto no es nuevo. La vacuna contra el ébola también debe conservarse a temperaturas ultrabajas y se ha distribuido con éxito en zonas como la región nororiental de la RDC, afectada por conflictos. Esta experiencia en la lucha contra brotes de enfermedades debería resultar útil para organizar la logística necesaria esta vez.

La vacunación requiere el factor humano

En última instancia, las personas deben estar dispuestas a vacunarse. También necesitan personal e instalaciones que les administren las vacunas. Sin embargo, existe una escasez considerable de personal sanitario en todo el mundo, y los países de ingreso bajo y medio se ven especialmente afectados.

El personal necesita una formación específica para administrar las vacunas contra la COVID-19, por lo que la Organización Mundial de la Salud ofrece formación en línea para el personal de primera línea en una amplia gama de idiomas. El conocimiento local también es esencial para establecer puntos de vacunación que se ajusten a las necesidades de la población: no tiene sentido ofrecer vacunas allí donde las personas no pueden o no quieren recibirlas.

La reticencia también es un obstáculo en algunos lugares, por ejemplo en los países de África oriental de Uganda y Tanzania. Para superarla se necesita un mensaje coherente, y las autoridades deben dialogar con el público sobre sus preocupaciones específicas, que pueden estar vinculadas a motivos religiosos o culturales, o a temores sobre la seguridad. Es poco probable que las lecciones aprendidas en un país sean directamente transferibles a otros, pero pueden orientar el desarrollo de estrategias eficaces.

Debido a los temores sobre la seguridad, en las zonas rurales de Uganda muchas personas han dicho que prefieren esperar antes de vacunarse.Image: Xinhua/Alamy Stock Photo

Existe una desigualdad extrema en el acceso a las vacunas contra la COVID-19, y la pandemia no terminará hasta que se aborde. Solo el 2,3 % de las personas en los países de ingreso bajo ha recibido al menos una dosis. En el Reino Unido, esa cifra es cercana al 90 %. Existe un imperativo moral para cambiar esta situación, y también uno económico. El comercio mundial no puede recuperarse adecuadamente hasta que el virus esté controlado.

Poner fin a la pandemia implicará poner más dosis a disposición de los países de menores ingresos. Requerirá mejorar la entrega de vacunas en las zonas del mundo de difícil acceso. Y significará garantizar que las personas de los países de menores ingresos quieran vacunarse. A medida que la producción de vacunas sigue aumentando, es importante recordar que estos tres puntos deben abordarse.

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