Hay pruebas de que el SARS-CoV-2 puede pasar de los humanos a otros animales.
El virus es capaz de infectar a una variedad de especies, desde hámsteres hasta gorilas.
Una nueva preocupación es si el SARS-CoV-2 podría estar replicándose sin ser detectado en animales y mutando hacia una cepa más dañina y contagiosa.
Sarah L Caddy, investigadora de la Universidad de Cambridge, explica la probabilidad de que esto ocurra.
Desde el inicio mismo de la pandemia, la gente se ha alarmado por la COVID-19 en animales. Hoy existen numerosas pruebas de que el SARS-CoV-2 (el coronavirus que causa la COVID-19) puede pasar de los humanos a otros animales. Esto se conoce como spillback. El virus es capaz de infectar a una variedad de especies, desde hámsteres hasta gorilas.
Afortunadamente, la gran mayoría de los animales no enferman tan gravemente por una infección como los humanos. Además, en la actualidad hay muy pocos casos documentados de animales que transmitan la infección a humanos. Pero ahora se debate una nueva preocupación: ¿y si el SARS-CoV-2 pudiera replicarse sin ser detectado en animales y mutar? ¿Podrían surgir nuevas variantes capaces de reinfectar a humanos y causar más estragos?
El SARS-CoV-2 ha evolucionado en humanos a lo largo de la pandemia, lo que ha dado lugar a numerosas nuevas variantes y existen dos factores que parecen haber contribuido a su aparición. El primero es el enorme número de infecciones en personas de todo el mundo, ya que el virus tiene la oportunidad de mutar cada vez que se reproduce. El segundo es el número mucho menor de infecciones crónicas que se producen en personas cuyo sistema inmunitario no funciona completamente. Cuando se enfrenta a un sistema inmunitario débil, el virus no se elimina rápidamente y, por tanto, tiene tiempo para desarrollar formas de evadir la inmunidad.
¿Es posible que estos escenarios de evolución también se estén produciendo en animales, pero que no seamos conscientes de ello?
Para determinar si existe un riesgo, primero debemos saber cuántas infecciones se producen en animales. Esto ayudará a identificar posibles reservorios ocultos del virus. Con este fin, las infecciones por SARS-CoV-2 en animales se están estudiando exhaustivamente en muchos lugares del mundo. Los científicos investigan exactamente qué especies son susceptibles a la infección, así como la frecuencia con la que el virus circula en distintas poblaciones animales.
Para averiguar qué especies son susceptibles, muchos animales diferentes, tanto domésticos como silvestres, han sido expuestos al virus en entornos experimentales. Esto ha proporcionado una comprensión exhaustiva de qué animales pueden infectarse; entre ellos se incluyen gatos, hurones, ratones ciervo y venado de cola blanca. Y para averiguar con qué frecuencia se producen infecciones en animales, también se utiliza el cribado de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 para detectar animales que hayan estado expuestos previamente al virus de forma natural.
La mayoría de los estudios sobre infecciones naturales en animales se han centrado en gatos y perros, ya que son las especies que más conviven con los humanos. Una reciente preimpresión británica (una investigación aún pendiente de revisión por otros científicos) encontró que solo seis de los 377 perros y gatos domésticos analizados entre noviembre de 2020 y febrero de 2021 tenían anticuerpos específicos contra el SARS-CoV-2.
Esto demuestra que la infección no es generalizada ni pasa desapercibida en la mayoría de nuestras mascotas. Los primeros resultados de otro estudio en los Países Bajos (que también sigue pendiente de revisión) encontró tasas más altas de anticuerpos en los animales analizados (54 de 308 perros y gatos resultaron positivos), pero probablemente debido a diferentes estrategias de muestreo. El estudio británico analizó muestras de sangre de un conjunto aleatorio de animales, mientras que el estudio neerlandés tomó muestras específicamente de mascotas en los hogares de personas que se sabía que estaban infectadas con COVID-19.
Así que es razonablemente seguro afirmar que es poco probable que nuestras mascotas domésticas actúen como un reservorio significativo de infecciones activas que pudieran permitir la aparición de nuevas variantes. Pero ¿qué ocurre con otras especies?
El animal que más preocupación ha suscitado es el visón. Los únicos casos documentados de animales que transmiten el SARS-CoV-2 de nuevo a personas involucran a estos animales. Estos se identificaron por primera vez en los Países Bajos en mayo de 2020 y las variantes relacionadas con los visones se identificaron en Dinamarca en noviembre de 2020. Afortunadamente, las medidas de contención altamente eficaces han logrado controlar rápidamente las infecciones en visones en estas zonas, pero estos animales deberán seguir siendo vigilados de cerca.
¿Pueden los animales estar inmunodeprimidos?
¿Y qué pasa con la otra fuente de variantes del virus: los casos crónicos de COVID-19? ¿Podrían darse en animales, lo que permitiría una mayor evolución del virus dentro de un único huésped?
Por lo general, las infecciones crónicas por SARS-CoV-2 se producen en personas cuyo sistema inmunitario no funciona completamente, a menudo debido a otras condiciones médicas que padecen o a los tratamientos que reciben. Por lo tanto, estos pacientes inmunodeprimidos reciben una atención médica exhaustiva durante toda su infección.
Los animales también pueden estar inmunodeprimidos por una gran variedad de motivos, pero incluso las mascotas más queridas rara vez pasan por el tipo de hospitalización prolongada que podría permitir la evolución viral. En cuanto a la inmunosupresión en otros animales, como la fauna silvestre, supondría una desventaja significativa para la supervivencia. Es poco probable que los animales con sistemas inmunitarios comprometidos sobrevivan lo suficiente para que se produzca mucha evolución de un virus agudo como el SARS-CoV-2. Sin embargo, se han notificado mutaciones menores en infecciones experimentales (de nuevo en investigaciones preliminares pendientes de revisión), lo que sugiere que cierta evolución es teóricamente posible incluso en un periodo breve.
En el futuro, es esencial que continuemos la vigilancia del SARS-CoV-2 en todo tipo de poblaciones animales. Debe prestarse especial atención a los animales que conviven más estrechamente con las personas: son las mascotas y los animales de granja los que tienen más probabilidades de exponerse accidentalmente a altas dosis del virus procedente de una persona infectada. También debe prestarse especial atención a la fauna silvestre de la que se sabe que es susceptible a la infección.
Si surgen pruebas de transmisión natural entre animales o de infecciones crónicas en animales, deberán introducirse con rapidez medidas de control estrictas. Actualmente, no es necesario considerar estrategias de control generalizadas similares a las utilizadas en humanos, pero debemos mantener una mente abierta para el futuro.

