Así ha aumentado el COVID-19 el tráfico de internet y lo que significa para las emisiones globales

a clown from indonesia streams his magic service on social media due to COVID-19 limiting his performances
An Indonesian clown prepares before streaming his magic service on social media at his house in Jakarta.Image: REUTERS/Ajeng Dinar Ulfiana
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  • El auge de las videoconferencias y del streaming ha alimentado la preocupación por las emisiones de gases de efecto invernadero que generan, aunque es posible que esa inquietud esté exagerada.

  • Las videoconferencias, los juegos en línea, el streaming y las redes sociales contribuyeron a un aumento del 40 % del tráfico global de internet entre febrero y abril.

Con las restricciones por la COVID-19 vigentes en todo el mundo, nuestra dependencia de la tecnología digital se disparó este año, ya que las videollamadas, los correos electrónicos, la mensajería instantánea y el entretenimiento virtual reemplazaron las interacciones presenciales dentro y fuera del lugar de trabajo.

Entre febrero y abril, en el punto álgido de los confinamientos en todo el mundo, el tráfico mundial de internet aumentó casi un 40 %, impulsado por las videoconferencias, los juegos en línea, el streaming y las redes sociales, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

A este ritmo, se prevé que el tráfico web se duplique de aquí a 2022, mientras que se espera que el número de usuarios de internet móvil pase de 3800 millones el año pasado a 5000 millones en 2025, según prevé la AIE.

Y toda esta actividad en línea necesita energía eléctrica, lo que plantea la cuestión de si podría provocar un aumento de las emisiones que calientan el planeta, tanto ahora como en el futuro.

El panorama es más complejo de lo que podría parecer a primera vista, afirman los investigadores del sector energético.

Un futuro más ecológico para el sector dependerá del origen de la energía que utilicen las empresas tecnológicas y de cómo diseñen sus productos.

Demanda de datos

Los centros de datos que procesan y almacenan datos de actividades en línea, como el envío de correos electrónicos y el streaming de vídeo, representaron alrededor del 1 % del consumo mundial de electricidad en 2019, según muestra un análisis de la AIE.

Sin embargo, pese a un aumento del 60 % en la demanda de servicios de centros de datos, se estima que la energía necesaria para alimentarlos se mantendrá estable hasta 2022, afirma la AIE, citando un estudio de febrero dirigido por el profesor de ingeniería estadounidense Eric Masanet, de la Universidad Northwestern.

Esto se debe a que, en comparación con otros sectores, los centros de datos han mejorado en general su eficiencia energética y las empresas invierten cada vez más en energías renovables para refrigerar sus servidores, explicó George Kamiya, investigador de la AIE.

«Descarbonizar la aviación y la industria pesada es un reto porque muchas de las tecnologías que necesitamos aún no están disponibles comercialmente», señaló.

«Descarbonizar los centros de datos es más fácil: alimentarlos con electricidad limpia y seguir impulsando la eficiencia energética mediante políticas, inversión e innovación», le dijo a la Fundación Thomson Reuters.

Videobloggers transmiten en directo un evento para celebrar el cuarto cumpleaños de los únicos trillizos de pandas gigantes del mundo, Meng Meng, Shuai Shuai y Ku Ku, en el Parque Safari Chimelong de Guangzhou (China)Image: REUTERS/Bobby Yip

Refrigeración limpia

La refrigeración puede representar hasta la mitad del consumo energético total de un centro de datos, según Green Mountain, una empresa de centros de datos de Noruega que funciona con energía hidroeléctrica procedente de los fiordos y ríos helados de los alrededores.

«Los centros de datos generan una enorme cantidad de calor que hay que eliminar; de lo contrario, no funcionarían, todo se fundiría», afirmó el director ejecutivo Tor Kristian Gyland.

Un centro de datos de Google en Finlandia utiliza agua de mar reciclada para ahorrar energía en la refrigeración de sus servidores, mientras que otras empresas han abierto instalaciones cerca del Círculo Polar Ártico para aprovechar el aire naturalmente frío.

Gigantes tecnológicos como Facebook, Google, Apple, Amazon y Microsoft se han comprometido a utilizar únicamente energía renovable y a alcanzar emisiones netas cero en las próximas dos décadas.

Pero las investigaciones muestran que tecnologías emergentes como las criptomonedas, la inteligencia artificial (IA) y las redes 5G podrían ralentizar los esfuerzos para combatir el calentamiento global, al consumir cantidades de energía cada vez mayores.

La criptomoneda Bitcoin, por ejemplo, consumió el 0,2-0,3 % del consumo mundial de electricidad en 2019, según The Royal Society, una destacada academia científica británica.

Los estudios estiman que las tecnologías digitales contribuyen entre el 1,4 % y el 5,9 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según The Royal Society.

En comparación, el sector del transporte, principalmente los vehículos de carretera, representa alrededor de una cuarta parte, según la AIE.

Una pareja separa las piezas reciclables de los equipos eléctricos y electrónicos en la aldea de Quan Do, en la provincia de Bac Ninh (Vietnam).Image: REUTERS/Kham

Decisiones personales

¿Pueden las acciones individuales ayudar a reducir las emisiones relacionadas con la tecnología?

Conservar un teléfono inteligente durante más tiempo o repararlo puede reducir su huella de carbono, teniendo en cuenta las emisiones «incorporadas» necesarias para fabricar un teléfono, desde la minería y la fabricación hasta la distribución, según indicó The Royal Society en un informe reciente.

El reciclaje de residuos electrónicos también podría reducir la huella ambiental causada por la industria minera, añadió.

Ver vídeo en streaming durante una hora en un teléfono inteligente en definición estándar podría generar ocho veces menos emisiones en comparación con la ultra alta definición, añadió.

Mientras tanto, la AIE afirma que los servicios de streaming de vídeo y juegos están impulsando la demanda de servicios de centros de datos y representarán el 87 % del tráfico de internet de los consumidores en 2022.

Pero reducir las actividades de ocio en línea no va a frenar el cambio climático, afirmó Kamiya.

«Me preocupa que centrarse demasiado en actividades de bajas emisiones, como el streaming de vídeo, pueda desviar la atención de otros cambios de comportamiento que realmente podrían reducir las emisiones, como volar y conducir menos», dijo.

«Aunque las acciones individuales son importantes, necesitamos que los gobiernos apliquen políticas climáticas sólidas para lograr reducciones estructurales de emisiones en todos los sectores.»

Al mismo tiempo, muchas aplicaciones de las tecnologías digitales pueden ayudar a reducir las emisiones, añadió, por ejemplo, utilizando la IA para prever y mejorar la forma en que utilizamos la electricidad en casa.

«Necesitamos las políticas energéticas y climáticas adecuadas para garantizar que la digitalización ayude a combatir el cambio climático, en lugar de agravarlo», dijo.

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