La COVID-19 ha alimentado una crisis mundial de ‘pobreza de aprendizaje’

Teacher Marzio Toniolo took this photo of single desks set up in a classroom ahead of the September 14 reopening of his primary school, when children return for the first time since the end of February when Italy’s original ‘red zone’ towns were put under lockdown, adhering to strict regulations to avoid coronavirus disease (COVID-19) contagion, in Santo Stefano Lodigiano, Italy, September 10, 2020. Picture taken September 10, 2020. REUTERS/Marzio Toniolo - RC2YYI9B1CT3
The pandemic saw empty classrooms all across the world.Image: REUTERS/Marzio Toniolo
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  • Antes de la pandemia, el mundo ya se enfrentaba a una crisis educativa.

  • El año pasado, el 53 % de los niños de 10 años de los países de ingreso bajo y mediano no habían logrado aprender a leer con comprensión o estaban fuera de la escuela.

  • La COVID-19 ha agravado aún más las brechas de aprendizaje, al dejar fuera de la escuela a 1.600 millones de estudiantes en su momento álgido.

  • Para mitigar la situación, los padres, los docentes, los estudiantes, los gobiernos y los socios para el desarrollo deben trabajar juntos para subsanar la crisis.

Incluso antes de que la COVID-19 obligara al cierre masivo de escuelas en todo el mundo, el mundo ya estaba en medio de una crisis de aprendizaje que amenazaba los esfuerzos por desarrollar el capital humano, es decir, las competencias y los conocimientos prácticos necesarios para los empleos del futuro. Más de la mitad (53 %) de los niños de 10 años de los países de ingreso bajo y mediano no habían logrado aprender a leer con comprensión o estaban totalmente fuera de la escuela. Esto es lo que nosotros, en el Banco Mundial, denominamos pobreza de aprendizaje. Las mejoras recientes en la pobreza de aprendizaje han sido sumamente lentas. Si se extrapolaran las tendencias de los últimos 15 años, se tardarían 50 años en reducir a la mitad la pobreza de aprendizaje. El año pasado propusimos como meta reducir la pobreza de aprendizaje al menos a la mitad para 2030. Ello requeriría duplicar o triplicar la tasa reciente de mejora del aprendizaje, algo difícil pero alcanzable. Pero ahora es probable que la COVID-19 ahonde las brechas de aprendizaje y haga esta meta mucho más difícil.

El cierre temporal de escuelas en más de 180 países ha mantenido, en el punto álgido de la pandemia, a cerca de 1.600 millones de estudiantes fuera de la escuela; en el caso de aproximadamente la mitad de esos estudiantes, los cierres superan los 7 meses. Aunque la mayoría de los países han realizado esfuerzos heroicos para implantar estrategias de aprendizaje a distancia y de recuperación, es probable que se produzcan pérdidas de aprendizaje. Una encuesta reciente a responsables educativos sobre las respuestas gubernamentales a la COVID-19, realizada por el UNICEF, la UNESCO y el Banco Mundial, muestra que, si bien los países y las regiones han respondido de diversas maneras, solo la mitad de las iniciativas supervisan el uso del aprendizaje a distancia (figura 1, panel superior). Además, cuando se supervisa el uso, el aprendizaje a distancia lo utiliza menos de la mitad de la población estudiantil (figura 1, panel inferior), y la mayoría de esos casos corresponden a plataformas en línea en países de ingreso alto y mediano.

El aprendizaje a distancia es mucho menos común en los países de ingreso bajo. Image: Banco Mundial

Los cierres de escuelas relacionados con la COVID-19 están haciendo que los países se alejen aún más de la consecución de sus metas de aprendizaje. Los estudiantes que actualmente asisten a la escuela corren el riesgo de perder 10 billones de dólares en ingresos laborales a lo largo de su vida laboral. Eso equivale a casi una décima parte del PIB mundial actual, o a la mitad de la producción económica anual de Estados Unidos, o al doble del gasto público anual mundial en educación primaria y secundaria.

En un reciente informe resumo los resultados de tres escenarios de simulación para estimar los posibles efectos de la crisis en la pobreza de aprendizaje. En el escenario más pesimista, los cierres de escuelas relacionados con la COVID-19 podrían aumentar la tasa de pobreza de aprendizaje en los países de ingreso bajo y mediano en 10 puntos porcentuales, del 53 % al 63 %. Este aumento de 10 puntos porcentuales en la pobreza de aprendizaje implica que 72 millones de niños adicionales en edad de cursar la educación primaria podrían caer en la pobreza de aprendizaje, de una población de 720 millones de niños en edad de cursar la educación primaria.

La COVID-19 está agravando la pobreza de aprendizaje en todo el mundo. Image: Banco Mundial

Este resultado obedece a tres canales principales: los cierres de escuelas, la eficacia de las medidas de mitigación y recuperación, y el impacto económico. Los cierres de escuelas y la eficacia de las medidas de mitigación y recuperación afectarán a la magnitud de la pérdida de aprendizaje, mientras que el impacto económico afectará a las tasas de abandono escolar. En estas simulaciones, se supone que los cierres de escuelas duran el 70 % del año escolar, que no habrá medidas de recuperación y que la eficacia de las medidas de mitigación variará entre el 5 %, el 7 % y el 15 % en los países de ingreso bajo, mediano o alto, respectivamente. El canal económico se basa en las proyecciones de crecimiento macroeconómico, y estima los posibles efectos de las contracciones económicas en los ingresos de los hogares, así como la probabilidad de que estas afecten a la matrícula en la educación primaria.

La mayor parte del aumento potencial de la pobreza de aprendizaje se produciría en regiones con un nivel alto, aunque todavía medio en el contexto mundial anterior a la COVID-19, como el Asia Meridional (que tenía una tasa de pobreza de aprendizaje del 63 % antes de la pandemia), América Latina (48 %), y Asia Oriental y el Pacífico (21 %). En África Subsahariana y en los países de ingreso bajo, donde la pobreza de aprendizaje ya era del 87 % y del 90 % antes de la COVID-19, los aumentos serían relativamente pequeños, de 4 y 2 puntos porcentuales, respectivamente. Esto refleja que la mayor parte de las pérdidas de aprendizaje en esas regiones afectaría a estudiantes que ya no alcanzaban el nivel mínimo de competencia lectora al final de la educación primaria, es decir, a quienes ya eran pobres en aprendizaje.

Para evaluar los efectos de la crisis actual en África Subsahariana y en Oriente Medio y el Norte de África, debemos examinar otros indicadores de privación de aprendizaje. En estas dos regiones, los niños están, en promedio, los más alejados del nivel mínimo de competencia, con una brecha de privación de aprendizaje (la distancia media de un niño con privación de aprendizaje respecto del nivel mínimo de competencia lectora) de aproximadamente el 20 %. Esta tasa duplica el promedio mundial (10,5 %), es cuatro veces mayor que la brecha de Asia Oriental y el Pacífico (5 %) y más de diez veces mayor que el promedio de Europa y Asia Central (1,3 %). La magnitud de la brecha de privación de aprendizaje sugiere que, en promedio, los estudiantes de esas regiones están un año académico completo por detrás en términos de aprendizaje, o dos veces más atrasados que el promedio mundial.

En el escenario más pesimista, los cierres de escuelas por la COVID-19 podrían aumentar la brecha de privación de aprendizaje en aproximadamente 2,5 puntos porcentuales en África Subsahariana, Oriente Medio y el Norte de África, y América Latina. Sin embargo, el mismo aumento de la brecha de privación de aprendizaje no implica el mismo impacto en términos cualitativos. Un indicador de la gravedad de la privación de aprendizaje, que recoge la desigualdad entre los niños con privación de aprendizaje, revela que la gravedad de esta en Oriente Medio y África Subsahariana podría aumentar en aproximadamente 1,5 puntos porcentuales, frente a un aumento de 0,5 puntos porcentuales en América Latina. Esto sugiere que los nuevos niños con privación de aprendizaje en América Latina seguirían estando más cerca del nivel mínimo de competencia que los niños de Oriente Medio y África Subsahariana. En consecuencia, la gama de opciones necesarias para identificar las necesidades de los estudiantes y ofrecerles oportunidades de aprendizaje será cualitativamente distinta en estos dos grupos de países: más intensa en África Subsahariana y Oriente Medio que en América Latina.

En términos absolutos, África Subsahariana y Oriente Medio y el Norte de África seguirían siendo las dos regiones con mayor número de niños con privación de aprendizaje. La profundidad de la privación de aprendizaje en África Subsahariana aumentará tres veces más que el número de niños con privación de aprendizaje. Esto equivale a casi tres veces el promedio mundial y a cuatro veces más que en Europa y Asia Central. Ello sugiere un aumento de la complejidad y del coste de hacer frente a la crisis del aprendizaje en el continente.

De cara al futuro, a medida que las escuelas reabran, los sistemas educativos deberán ser más flexibles y adaptarse a las necesidades de los estudiantes. Los países tendrán que replantear sus sistemas educativos y aprovechar la oportunidad que brindan la pandemia y su triple choque (para la salud, la economía y el sistema educativo) para reconstruir mejor. Varias opciones de política desplegadas durante la crisis, como las soluciones de aprendizaje a distancia, los planes de clase estructurados, la priorización del currículo y los programas de enseñanza acelerada (por citar algunas), pueden contribuir a construir un sistema educativo más resiliente ante las crisis, flexible para atender las necesidades de los estudiantes y equitativo a la hora de proteger a los más vulnerables.

Los resultados de estas simulaciones no son un destino. Los padres, los docentes, los estudiantes, los gobiernos y los socios para el desarrollo pueden trabajar juntos para aplicar estrategias eficaces de mitigación y recuperación que protejan el futuro de la generación de la COVID-19. La reapertura de las escuelas, cuando sea segura, es fundamental, pero no es suficiente. Los resultados de la simulación muestran diferencias importantes en los posibles efectos de la crisis en las personas en situación de pobreza de aprendizaje en las distintas regiones. El gran reto consistirá en identificar y responder con rapidez, de manera flexible, a las necesidades de aprendizaje de cada estudiante y en reconstruir sistemas educativos más resilientes a los choques, utilizando la tecnología de forma eficaz para posibilitar el aprendizaje tanto en la escuela como en casa.

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