Los mercados emergentes y las economías en desarrollo son especialmente vulnerables al impacto económico de la COVID-19.
La pandemia amenaza 20 años de avances y probablemente provocará una mayor desigualdad, según el último informe Perspectivas de la economía mundial del FMI.
Invertir en programas de reconversión y mejora de las competencias, y flexibilizar los criterios de elegibilidad para el seguro de desempleo, podría ayudar a los países a aliviar los efectos devastadores.
Los mercados emergentes y las economías en desarrollo crecieron de forma constante durante las dos décadas anteriores a la llegada de la pandemia de COVID-19, lo que permitió lograr avances muy necesarios en la reducción de la pobreza y la esperanza de vida. Ahora, la crisis pone en riesgo gran parte de esos avances y amplía aún más la brecha entre ricos y pobres.
Pese a los avances previos a la pandemia en la reducción de la pobreza y el aumento de la esperanza de vida, muchos de estos países han tenido dificultades para reducir la desigualdad de ingresos. Al mismo tiempo, registraron una proporción persistentemente elevada de jóvenes inactivos (es decir, que no trabajan ni estudian ni reciben formación), una gran desigualdad en la educación y brechas importantes en las oportunidades económicas para las mujeres. Se prevé que la COVID-19 agrave la desigualdad aún más que crisis anteriores, ya que las medidas para contener la pandemia han tenido efectos desproporcionados en los trabajadores vulnerables y las mujeres.
Como parte de nuestro último informe Perspectivas de la economía mundial analizamos dos aspectos de la pandemia actual para estimar su efecto en la desigualdad: la posibilidad de trabajar desde casa y la caída del PIB prevista para la mayoría de los países del mundo.
El impacto del lugar donde se trabaja
En primer lugar, la posibilidad de trabajar desde casa ha sido clave durante la pandemia. Un reciente estudio del FMI muestra que la posibilidad de trabajar desde casa es menor entre los trabajadores de bajos ingresos que entre quienes perciben ingresos altos. A partir de datos de Estados Unidos, sabemos que los sectores cuyas actividades tienen más probabilidades de realizarse desde casa sufrieron una menor reducción del empleo. Estos dos hechos en conjunto indican que los trabajadores de menores ingresos tenían menos probabilidades de poder trabajar desde casa y más probabilidades de perder su empleo a causa de la pandemia, lo que empeoraría la distribución de los ingresos.
En segundo lugar, usamos las proyecciones de crecimiento del PIB del FMI para 2020 como aproximación a la disminución agregada de los ingresos. Distribuimos esta pérdida entre los distintos tramos de ingresos en proporción a la posibilidad de trabajar desde casa. Con esta nueva distribución de los ingresos, calculamos para 2020 una medida resumida de la distribución de ingresos posterior a la COVID (el coeficiente de Gini) para 106 países y calculamos el cambio porcentual. Cuanto mayor es el coeficiente de Gini, mayor es la desigualdad, pues las personas de ingresos altos reciben porcentajes mucho mayores del ingreso total de la población.
Esto indica que el efecto estimado de la COVID-19 en la distribución de los ingresos es mucho mayor que el de pandemias anteriores. También aporta pruebas de que podrían revertirse los avances logrados desde la crisis financiera mundial por las economías de mercados emergentes y los países en desarrollo de bajos ingresos. El análisis muestra que el coeficiente de Gini promedio de los mercados emergentes y las economías en desarrollo aumentará a 42,7, un nivel comparable al de 2008. El impacto sería mayor en los países en desarrollo de bajos ingresos, pese a que sus avances desde 2008 han sido más lentos.
El bienestar se resentirá
En promedio, este aumento de la desigualdad tiene un claro impacto en el bienestar de las personas. Evaluamos los avances logrados antes de la pandemia y lo que cabe esperar para 2020 en materia de bienestar mediante una medida que va más allá del PIB. Usamos una medida de bienestar que combina información sobre el crecimiento del consumo, la esperanza de vida, el tiempo libre y la desigualdad en el consumo. Según estas medidas, de 2002 a 2019 los mercados emergentes y las economías en desarrollo disfrutaron de un crecimiento del bienestar de casi el 6 %, 1,3 puntos porcentuales por encima del crecimiento del PIB real per cápita, lo que sugiere que muchos aspectos de la vida de las personas estaban mejorando. El aumento se debió principalmente a mejoras en la esperanza de vida.
La pandemia podría reducir el bienestar un 8 % en los mercados emergentes y los países en desarrollo, y más de la mitad de esa reducción se debería al aumento adicional de la desigualdad derivado de la posibilidad de trabajar desde casa. Cabe señalar que estas estimaciones no reflejan ninguna medida de redistribución de los ingresos posterior a la pandemia. Esto significa que los países pueden atenuar el efecto en la desigualdad y, en términos más generales, en el bienestar mediante medidas de política económica.
¿Qué podemos hacer al respecto?
En nuestro último informe Perspectivas de la economía mundial, describimos algunas políticas y medidas para apoyar a las personas y empresas afectadas, que serán esenciales para evitar que la brecha de desigualdad siga ampliándose.
Invertir en programas de reconversión y mejora de las competencias puede aumentar las perspectivas de reincorporación al empleo de los trabajadores adaptables cuyas funciones laborales podrían experimentar cambios a largo plazo a causa de la pandemia. Asimismo, ampliar el acceso a internet y promover la inclusión financiera será importante en un mundo laboral cada vez más digital.
Flexibilizar los criterios de elegibilidad para el seguro de desempleo y ampliar las licencias familiares y por enfermedad remuneradas también puede amortiguar el impacto de la crisis en el empleo. No deben retirarse prematuramente las ayudas sociales destinadas a los hogares de bajos ingresos, como las transferencias monetarias condicionadas, los cupones de alimentos y las prestaciones nutricionales y médicas.
Las políticas para evitar que se pierdan décadas de avances conseguidos con gran esfuerzo serán fundamentales para garantizar un futuro más equitativo y próspero después de la crisis.
Este blog se basa en el trabajo realizado en el marco de una colaboración de investigación sobre políticas macroeconómicas en países de bajos ingresos, respaldada por la Oficina de Relaciones Exteriores, de la Commonwealth y de Desarrollo del Reino Unido (FCDO). Las opiniones expresadas aquí no representan necesariamente las de la FCDO.


