La participación de las mujeres en la fuerza laboral de EE. UU. venía aumentando desde 2015, pero estos avances se están perdiendo a causa del COVID-19.
Desde febrero, el número de mujeres hispanas en la fuerza laboral de EE. UU. ha caído casi un 7 %, el de mujeres negras un 5,6 % y el de mujeres blancas casi un 3 %.
Su regreso al trabajo dependerá principalmente de la solidez de la recuperación económica de Estados Unidos y del efecto más amplio en sectores específicos.
Uno de los aspectos positivos de la economía estadounidense durante la década de recuperación que culminó en 2019 fue el aumento constante de la proporción de mujeres que buscaban y tenían empleo.
La participación de las mujeres en la fuerza laboral había disminuido entre 2007 y 2009, durante la Gran Recesión, y muchos economistas temían que esta situación se volviera permanente, lastrando el crecimiento general al quedar sin aprovechar las habilidades y los esfuerzos de las mujeres.
Cuando la participación de las mujeres comenzó a aumentar alrededor de 2015, especialmente entre las mujeres negras y latinas, contribuyó a impulsar el crecimiento y probablemente fue un factor detrás del aumento de los ingresos de los hogares, que también empezó por esas fechas.
El coronavirus ha borrado esos avances y ha reavivado el debate sobre si la menor participación se mantendrá en el tiempo.
Las recesiones suelen golpear con más fuerza a las minorías raciales y étnicas, debido a los sesgos y a una dinámica de «último contratado, primero despedido». Durante las expansiones económicas, las creaciones de empleo suelen llegar en último lugar a esos grupos, lo que significa que tienen menos antigüedad cuando llegan las crisis.
En el caso de las mujeres, la recesión provocada por el coronavirus ha supuesto un shock en dos dimensiones: se han perdido más empleos en los sectores de servicios y en las ocupaciones en las que las mujeres están representadas de forma desproporcionada, mientras que ellas también han asumido más responsabilidades ante los problemas de salud familiar, el cierre de escuelas y otras alteraciones derivadas de la pandemia.
El resultado: no solo se han perdido empleos, sino que se ha producido una salida de la fuerza laboral que puede redefinir la demografía de quién trabaja y quién gana dinero, quién puede comprar una vivienda, invertir o ayudar a sus hijos a pagar la universidad.
Las mujeres más jóvenes, en las primeras etapas de su carrera profesional y de formación de una familia, habían registrado algunos de los mayores avances recientes en la participación laboral, y ahora son las que han sufrido la caída más pronunciada. La edad media de la primera maternidad en Estados Unidos ronda actualmente los 30 años; el mayor descenso de la participación laboral se ha producido entre las personas de 25 a 34 años.
El golpe ha recaído con más fuerza en las mujeres de color. Desde febrero, el número de mujeres hispanas en la fuerza laboral de EE. UU. ha caído casi un 7 %, el de mujeres negras un 5,6 % y el de mujeres blancas casi un 3 %. En comparación, los hombres blancos registran una caída de solo el 1,7 % y los hombres hispanos, de menos del 1 %. La caída entre los hombres negros supera el 4 %.
¿Volverán esos trabajadores?
Esa pregunta determinará la calidad y el alcance de la recuperación en EE. UU., y si esta recesión agrava la desigualdad de la riqueza y de los ingresos, como muchos sospechan que ocurrirá. Es posible que la producción económica total siga creciendo, por ejemplo, si sectores como la industria manufacturera y el sector tecnológico se recuperan aún más —ámbitos en los que el valor en dólares de la producción por trabajador suele ser más alto—, aunque algunos sectores sigan deprimidos.
Pero, llegados a cierto punto, se dejará sentir la pérdida de millones de asalariados, y la recuperación plena será esquiva hasta que sus antiguos empleadores se recuperen o esos trabajadores se incorporen a nuevas empresas y ocupaciones.
El informe de empleo más reciente, correspondiente a septiembre, no fue alentador, con mujeres y personas negras abandonando la fuerza laboral y un crecimiento del empleo general que se ralentiza.




