Antes del coronavirus, todas las recesiones eran ‘mancessions’ o afectaban por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, esta pandemia está aumentando la pérdida de empleo de las mujeres más que la de los hombres.
En agosto de 2020, la oferta laboral de las mujeres seguía un 20 % por debajo de los niveles previos a la recesión de febrero de 2020, mientras que la de los hombres era solo un 9 % inferior.
En su punto máximo, el desempleo femenino causado por el COVID-19 había aumentado 2,9 puntos porcentuales más que el masculino.
A diferencia de cualquier otra recesión moderna, la crisis desencadenada por la pandemia de Covid-19 ha provocado mayores pérdidas de empleo para las mujeres que para los hombres. Con base en datos de todas las recesiones de EE. UU. desde 1949, este artículo muestra que la recesión de 2020 se aparta con mayor claridad de la norma histórica en su impacto desigual según el género. El hecho de que las pérdidas de empleo sean mucho mayores para las mujeres no solo importa para la igualdad de género, sino que también reducirá la capacidad de las familias para compensar las pérdidas de ingresos, lo que producirá una recesión más profunda y persistente.
Hace no mucho tiempo, el término ‘mancession’ cobró popularidad para describir el impacto desproporcionado de las recesiones recientes en el empleo masculino (Johnson 2009, Wall 2009). En la Gran Recesión de 2007-2009, millones de hombres en sectores como la construcción y la manufactura perdieron sus empleos, mientras que las mujeres sufrieron pérdidas de empleo mucho menores. Las ‘mancessions’ se convirtieron en la norma a partir de la década de 1970, una época en la que la participación de las mujeres en la fuerza laboral aumentaba considerablemente y muchas encontraron empleo en sectores relativamente estables, como la educación, la atención sanitaria y otras partes de la economía de servicios (Goodman et al. 1993).
En 2020, como consecuencia de la pandemia de Covid-19, la economía estadounidense ha entrado en la peor contracción económica desde la Gran Depresión. Esta recesión es cualitativamente distinta de otras no solo por su causa, sino también por los patrones de su impacto en el mercado laboral. Cabe argumentar que la mayor desviación respecto de la norma histórica es el impacto de la recesión en el empleo de las mujeres frente al de los hombres.
El impacto desproporcionado de una recesión pandémica en las mujeres trabajadoras
La Figura 1 muestra la diferencia entre el aumento del desempleo de las mujeres y el de los hombres en todas las recesiones de EE. UU. desde 1949. Antes de 2020, todas las recesiones eran ‘mancessions’ o deprimían el empleo de mujeres y hombres de forma aproximadamente igual. En cambio, en la recesión de 2020, las pérdidas de empleo son mucho mayores para las mujeres. En su punto máximo, el desempleo femenino había aumentado 2,9 puntos porcentuales más que el masculino. Esta brecha es mucho mayor en términos absolutos que la observada (con signos opuestos) en las ‘mancessions’ recientes.
Figura 1 Diferencia entre el aumento del desempleo de mujeres y hombres, recesiones de EE. UU. de 1948 a 2020
Además, la recuperación parcial del empleo en los últimos meses benefició más a los hombres que a las mujeres. Bick y Blandin (2020) señalan que en agosto de 2020, la oferta laboral de las mujeres seguía un 20 % por debajo de los niveles previos a la recesión de febrero de 2020, mientras que la de los hombres era solo un 9 % inferior. Ninguna recesión anterior ha afectado tanto a un género más que al otro.
Hay dos causas principales del impacto desproporcionado de la recesión actual en el empleo de las mujeres. En primer lugar, el empleo femenino se concentra en sectores relativamente estables en los ciclos económicos típicos, pero que se vieron muy afectados por las medidas de cierre y distanciamiento social durante la pandemia. Los principales ejemplos son los sectores ‘intensivos en contacto’, como la restauración, que a menudo tienen una alta proporción de empleo femenino (Mongey et al. 2020, Albanesi et al. 2020). En segundo lugar, al cerrarse las escuelas y guarderías, las necesidades de cuidado infantil de los padres se multiplicaron. Las mujeres han asumido la mayor parte del cuidado infantil adicional durante la crisis, lo que ha impedido a muchas de ellas trabajar (Adams-Prassl et al. 2020, Alon et al. 2020a, Collins et al. 2020).
Consecuencias de la shecession: desigualdad de género
El gran impacto de la recesión actual en las mujeres trabajadoras tendrá consecuencias que perdurarán mucho más allá de la propia recesión. De forma más directa, la recesión afectará a las oportunidades de ingresos futuros de las mujeres que ahora no pueden trabajar. La evidencia de recesiones anteriores muestra que los trabajadores que pierden su empleo durante una recesión sufren pérdidas de ingresos muy persistentes (Davis y von Wachter 2011). Encontrar un nuevo empleo es difícil; encontrar uno con la misma responsabilidad, salario y oportunidades profesionales que el puesto perdido es aún más complicado.
Dado que las mujeres han perdido muchos más empleos que los hombres en esta recesión, las pérdidas de ingresos harán bajar los ingresos medios de las mujeres en la economía y ampliarán la brecha salarial de género. En nuestra investigación (Alon et al. 2020b), cuantificamos el impacto macroeconómico de la recesión por Covid-19 mediante un modelo macroeconómico que distingue entre mujeres y hombres, parejas casadas y solteros, y personas con y sin hijos. Además, distinguimos si los puestos de trabajo son teletrabajables o no, asumiendo que los empleos que pueden desempeñarse desde casa son más fáciles de compatibilizar con el cuidado de los hijos. El reparto del cuidado infantil lo deciden conjuntamente las parejas casadas en función de los salarios relativos en la familia, la capacidad de teletrabajar y, en algunas parejas, una norma social que penaliza a los hogares si el padre proporciona más cuidado infantil que la madre.
Calibramos el modelo para que se ajuste a la evidencia sobre la pérdida de competencias durante el desempleo, el reparto del cuidado infantil en las parejas, la brecha salarial de género, la oferta laboral de las mujeres casadas y los flujos del mercado laboral en tiempos normales. Utilizamos el modelo para comparar las repercusiones de una recesión regular y de una recesión ‘pandémica’, donde esta última se caracteriza por pérdidas de empleo relativamente mayores para las mujeres y un fuerte aumento de las necesidades de cuidado infantil.
Figura 2 Relación entre la oferta laboral de mujeres y hombres en recesiones regulares y pandémicas en un modelo macroeconómico
Como muestra la Figura 2, el modelo del impacto de las recesiones regulares frente a las pandémicas en mujeres y hombres coincide con la evidencia. Una recesión regular es una ‘mancession’, lo que significa que la oferta laboral total de las mujeres aumenta en relación con la de los hombres, mientras que la recesión pandémica es una ‘shecession’, con profundas pérdidas de empleo para las mujeres.
La Figura 3 muestra lo que esto implica para la brecha salarial de género. En una recesión regular, los hombres pierden más empleos, lo que reduce su experiencia en el mercado laboral y sus salarios. Como consecuencia, el capital humano relativo de las mujeres aumenta, lo que reduce la brecha salarial de género. En cambio, en la recesión pandémica los salarios relativos de las mujeres caen bruscamente y se mantienen deprimidos durante toda la recuperación. Incluso años después del fin de una recesión pandémica, la brecha salarial de género es más de un punto porcentual superior en comparación con las secuelas de una recesión regular. La pérdida de capital humano de las mujeres solo se recupera por completo décadas después.
Figura 3 Las mujeres cierran la brecha salarial con los hombres en las recesiones regulares, pero se quedan más atrás en una recesión pandémica
Consecuencias de la shecession: propagación
Más allá de la desigualdad de género, el gran impacto de la recesión actual también puede llevar a una recesión más profunda y persistente. La profundidad de una recesión depende del tamaño del shock inicial y de cómo se propaga dentro de la economía. La propagación, a su vez, depende de la intensidad con que los shocks de ingresos de los hogares se traducen en una menor demanda de consumo. Si el shock inicial provoca una fuerte caída del consumo, otros sectores de la economía ven disminuir la demanda de sus productos, de modo que el shock inicial se amplifica y se propaga por toda la economía.
La transmisión de los shocks de ingresos al consumo puede cuantificarse mediante la propensión marginal a consumir (PMC). Si las PMC son altas, una reducción dada de los ingresos provoca una gran reducción de la demanda de consumo, y los shocks se propagan por toda la economía (Guerrieri et al. 2020). Comprobamos que una recesión pandémica provoca un aumento sustancial y persistente de las PMC, lo que puede profundizar la recesión y obstaculizar la recuperación.
Una razón clave de este resultado es el impacto que la caída del empleo femenino tiene en el seguro dentro de la familia. En las recesiones regulares, la oferta laboral de las mujeres actúa como un ‘amortiguador’ en muchas familias: si un marido pierde su empleo, su esposa a menudo puede seguir trabajando o incluso aumentar su oferta laboral, lo que estabiliza los ingresos familiares en una recesión. Este mecanismo de seguro ayuda a las familias a compensar las pérdidas de ingresos y conduce a una menor transmisión de los ingresos al consumo (Bardóczy 2020).
Comprobamos que, en una recesión pandémica, el margen para el seguro dentro de la familia se reduce considerablemente. Muchas mujeres que, de otro modo, proporcionarían este seguro también perdieron sus empleos. Las familias con hijos tienen poca flexibilidad para reaccionar a los shocks, porque gran parte de su tiempo lo ocupan las necesidades de cuidado infantil. La Figura 4 muestra que esto da lugar a una PMC más alta en una pandemia en comparación con una recesión regular. Además, el aumento de la PMC es mucho más persistente.
Figura 4 PMC de las parejas (fracción de un dólar adicional de ingresos que se consumiría en lugar de ahorrarse) en recesiones regulares frente a pandémicas
Estos hallazgos subrayan que las grandes pérdidas de empleo de las mujeres son relevantes para la anatomía macroeconómica básica de una recesión pandémica, y aportan más evidencia en apoyo de investigaciones recientes que sostienen que la evolución de la oferta laboral femenina es un determinante crucial de los resultados macroeconómicos en las economías avanzadas (Doepke y Tertilt 2016, Fukui et al. 2019, Albanesi 2020).
Implicaciones políticas: efecto de la reapertura de las escuelas
La naturaleza distinta de una recesión pandémica también conlleva implicaciones políticas distintas. Quizá la más evidente sea que reabrir las escuelas y las guarderías puede desempeñar un papel enorme en la ayuda a la recuperación. Reabrir las escuelas liberaría una gran cantidad de oferta laboral y aumentaría la producción de inmediato. Este cambio beneficiaría desproporcionadamente a las mujeres, en la medida en que gran parte del impacto negativo en su experiencia relativa en el mercado laboral y en sus salarios relativos podría evitarse todavía (Figura 5). La figura también muestra que volver a enviar a los niños pequeños a las guarderías es lo que más contribuye a reducir la brecha salarial de género. Sin embargo, este resultado se debe principalmente a un efecto de composición, con mujeres de alta cualificación más propensas a volver al trabajo. En cuanto a mitigar la creciente brecha de competencias de género, comprobamos que reabrir las escuelas para los niños mayores es más importante que reabrir las guarderías (no se muestra), porque hay muchas más madres trabajadoras con hijos mayores y más de ellas trabajan a jornada completa.
Figura 5 El efecto de reabrir las escuelas (para todos los niños, solo para los niños más pequeños en preescolar o para los mayores en K-12) sobre la brecha salarial de género
Por supuesto, si las escuelas pueden reabrirse depende de si la pandemia está lo bastante controlada como para hacerlo con seguridad. Reabrir las escuelas no ayuda si provoca una aceleración de la pandemia, lo que, además del impacto en la salud y la mortalidad, podría requerir nuevas restricciones de cierre en el futuro.
Sin embargo, el gran impacto de la reapertura de las escuelas puede ayudar a orientar el equilibrio adecuado al abrir distintos sectores de la economía. Por ejemplo, abrir un sector más pequeño de la economía (por ejemplo, bares y recintos deportivos) sería una mala idea si el aumento resultante de infecciones hace imposible reabrir las escuelas más adelante, lo que deja a muchos padres sin poder trabajar, aumenta la brecha de género y también tiene un impacto considerable en la educación de los niños y en la desigualdad futura (Fuchs-Schündeln et al. 2020).






