Todavía en 2018, los casos de gripe desbordaron los hospitales de Estados Unidos. Si esto vuelve a ocurrir durante la pandemia de COVID-19, las consecuencias podrían ser desastrosas.
Hoy, la vacunación contra la gripe debe ser una prioridad para ayudar a reducir la presión sobre los sistemas sanitarios que afrontan la actual crisis de salud.
Mientras nos apresuramos a desarrollar una vacuna contra la COVID-19, también debemos desarrollar una vacuna universal contra la gripe para asegurarnos de estar preparados para la próxima pandemia de gripe.
El mundo está centrado en la carrera por desarrollar una vacuna contra la COVID-19, con la esperanza de que la inmunidad protectora que esta proporcione ponga fin a la pandemia. Los estudios en curso determinarán si alguna de las muchas vacunas candidatas puede cumplir esa promesa. Mientras tanto, podemos actuar para reducir las consecuencias de la pandemia —y protegernos a nosotros mismos y a nuestras comunidades de otra amenaza infecciosa— vacunándonos contra la gripe.
La gripe y la COVID-19 son enfermedades víricas que se transmiten principalmente por vía respiratoria. Con el regreso del frío al hemisferio norte y el aumento del tiempo que la gente pasa en interiores, crecerá el riesgo de transmisión de ambos virus. Sea o no grave la próxima temporada de gripe, añadirá presión a unos sistemas sanitarios que ya están sobrecargados.
La carga anual de la gripe
Año tras año, la gripe se cobra entre 300.000 y 600.000 vidas, y la complacencia contribuye a ello. Por ejemplo, en 2017 la gripe mató a más personas en Estados Unidos que los opioides; sin embargo, estamos tan acostumbrados a la gripe que el término se ha vuelto genérico. En el uso cotidiano, «gripe» suele abarcar enfermedades más leves, como los resfriados fuertes o la gastroenteritis causados por otros patógenos. Algunos funcionarios de salud pública han sugerido, con cierta ironía, que se debería cambiar la marca de la «gripe» para reflejar lo mortal que puede ser.
Todavía en 2018, los casos de gripe desbordaron algunos hospitales de Estados Unidos hasta el punto de que hubo que recurrir a las ya tristemente conocidas carpas en los estacionamientos para atender el exceso de pacientes. Si esa demanda coincide con un repunte de los casos de COVID-19, las camas hospitalarias y los respiradores podrían escasear rápidamente.
Cuando la gripe se encuentra con la COVID-19
Entre los síntomas de la gripe y la COVID-19 figuran la fiebre y la tos (además del dolor de cabeza, los dolores musculares y el cansancio). Dado que sus manifestaciones clínicas son similares, será necesario realizar pruebas para distinguirlas, hacer un seguimiento de su propagación y garantizar el tratamiento adecuado. Los antivirales contra la gripe no han demostrado ser eficaces contra la COVID-19; mientras tanto, hay escasez de remdesivir, que puede tratar la COVID-19, pero no la gripe. La posibilidad de coinfección por ambos virus es preocupante, y ambos debilitan la capacidad del organismo para combatir la neumonía y otras infecciones.
El uso de mascarillas, el distanciamiento social y el lavado de manos son nuestras herramientas actuales contra la COVID-19; estas mismas medidas también reducirán la propagación de la gripe. Aun así, la vacunación contra la gripe debe ser una prioridad, no solo para protegernos a nosotros mismos y a la comunidad, sino también para reducir la carga que la gripe supone para los sistemas sanitarios.
Mejorar la vacunación contra la gripe mediante una comunicación eficaz
La COVID-19 ha reafirmado el valor de las vacunas: salvan vidas y, al reducir la propagación de las infecciones, ayudan a recuperar las sociedades y las economías. Sin embargo, la desinformación y las dudas sobre las vacunas, junto con la complacencia, han provocado bajos niveles de vacunación contra la gripe en Estados Unidos y Europa. Aunque los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan que prácticamente todas las personas de seis meses o más reciban la vacuna anual contra la gripe, solo el 45% de los adultos mayores de 18 años de Estados Unidos lo hizo la temporada pasada. Ningún país de la UE alcanzó su objetivo de cobertura del 75% la temporada pasada, y menos de la mitad de las personas que podían vacunarse llegaron a hacerlo. En otros lugares, la capacidad de los sistemas sanitarios, ocupados con otras prioridades, no alcanza para ofrecer vacunas anuales contra la gripe.
La COVID-19 complica la comunicación sobre la gripe. Ahora, y especialmente cuando haya una vacuna contra la COVID-19, será fundamental ofrecer información que facilite el acceso oportuno a las vacunas anuales contra la gripe y campañas de comunicación masiva basadas en la evidencia que expliquen los riesgos de la gripe para la salud y los beneficios de la vacunación. Por otro lado, podemos aprovechar esta oportunidad para replantear el relato sobre la gripe, empañado desde hace tiempo por la desinformación sobre la vacuna y por ideas equivocadas acerca de los verdaderos peligros del virus. Tomando como modelo las campañas actuales sobre el uso de mascarillas y el distanciamiento social, podemos adaptar los mensajes de salud para destacar cómo la vacuna contra la gripe protege a los grupos vulnerables y de alto riesgo, incluidas las personas mayores y las inmunodeprimidas.
Ampliar el acceso a la vacuna contra la gripe
El acceso a la vacunación contra la gripe puede reforzar la seguridad sanitaria y la preparación ante pandemias, y aumentar la capacidad de los sistemas sanitarios de todo el mundo para responder a otras enfermedades. Para sentar las bases de una reducción eficaz de la carga mundial de la gripe, la Estrategia mundial contra la gripe de la Organización Mundial de la Salud propone soluciones para mejorar la vigilancia de la gripe y la respuesta ante ella, particularmente en los países de ingresos bajos y medianos.
Una comprensión más clara de las cargas sanitarias, económicas y sociales de la gripe debería aumentar la demanda de vacunas y, por tanto, la capacidad de fabricación. En 2020, los fabricantes de vacunas contra la gripe para Estados Unidos prevén suministrar 200 millones de dosis y distribuirlas antes que en temporadas anteriores. Se deben adoptar medidas preventivas similares en todo el mundo para cerrar las brechas de acceso a la vacuna contra la gripe estacional.
En última instancia, necesitamos una vacuna mejor
En 1918 surgió una nueva cepa de gripe frente a la cual los seres humanos tenían poca o ninguna inmunidad. Durante los 18 meses siguientes, el virus se propagó por todo el mundo y causó la muerte de unos 50 millones de personas; las pandemias menos graves de 1957, 1968, 1977 y 2009 se cobraron, en conjunto, entre 2 y 4,5 millones de vidas. Es solo cuestión de tiempo que surja otro virus de la gripe con potencial pandémico. La COVID-19 ha revelado lo poco preparados que estábamos para este desafío inevitable.
La amenaza de una pandemia de gripe inspiró las ya célebres estrategias de distanciamiento social para «aplanar la curva» y aliviar la presión sobre los sistemas sanitarios cuando no se dispone de una vacuna contra una nueva cepa de gripe.

Una verdadera preparación frente a una pandemia de gripe requiere protección de por vida o durante varios años contra un amplio espectro de cepas mediante una vacuna universal contra la gripe. Una vacuna así resolvería los problemas de demora y falta de disponibilidad de vacunas en las primeras etapas de una pandemia mundial, y podría incorporarse a los calendarios de vacunación de muchos países de ingresos bajos y medianos que actualmente carecen de un programa de vacunación contra la gripe.
Mientras nos apresuramos a desarrollar una vacuna contra la COVID-19, debemos comprometernos con el mismo empeño a desarrollar una vacuna universal contra la gripe, para que esté disponible cuando surja la próxima pandemia de gripe. Así no tendremos que sufrir las consecuencias sanitarias, económicas y sociales mientras esperamos a que se desarrolle.
Se necesitan medidas urgentes e inmediatas para apoyar la investigación de una vacuna universal contra la gripe. El informe anual de 2019 del Grupo de Ciencia y Política de Vacunas Sabin-Aspen, Acelerar el desarrollo de una vacuna universal contra la gripe, pide la colaboración y coordinación de expertos de distintas disciplinas para impulsar esta agenda de investigación fundamental. Ahora que hemos visto las devastadoras consecuencias de esperar a que estalle una pandemia para desarrollar una vacuna, debemos comprometernos con la difícil carrera para llevar al mundo una vacuna universal contra la gripe.
El objetivo último de la preparación es disponer de lo que se necesita antes de necesitarlo. Cuando surja la próxima pandemia de gripe, no deberíamos mirar atrás y lamentar no haber hecho lo que sabemos que tenemos que hacer ahora.

