Los jóvenes se enfrentan a interrupciones en la educación y las oportunidades laborales, así como a altas tasas de desempleo debido a la pandemia de COVID-19;
Invertir en los jóvenes para ayudar a abordar la escasez de competencias podría ofrecer una vía preparada para el futuro para recuperarse de los efectos económicos de la COVID-19;
Los programas de creación de empleo y formación para jóvenes deben abordar las consecuencias inmediatas y los desafíos sistémicos a largo plazo que afrontan, incluidos el cambio climático y la desigualdad.
La pandemia de COVID-19 ha trastocado y dejado al descubierto las desigualdades de nuestros sistemas económicos y sociales mundiales. Ha dejado claro que algunos de los grupos más vulnerables y las profesiones menos valoradas de nuestra sociedad no solo son los más afectados en tiempos de crisis, sino también aquellos de quienes más dependemos.
En todo el mundo, la pandemia ha tenido un impacto especialmente grave en el empleo juvenil debido a las interrupciones en la educación, los despidos, la pérdida de ingresos y el aumento de las barreras para acceder al mercado laboral. Para los jóvenes que aún cursan estudios, es probable que la pandemia genere nuevas desigualdades sin precedentes al graduarse.
En el mundo hay más jóvenes que nunca, y son miembros fundamentales de la sociedad global que impulsan ideas, innovaciones y movimientos. Los jóvenes también están en primera línea de otras grandes transformaciones económicas en todo el mundo, como la digitalización, la automatización y la acción climática. Creemos en la oportunidad de un Gran Reinicio – nuestra sociedad tiene la capacidad de afrontar este desafío. Si aprovechamos esta oportunidad, como lo hicimos tras la Segunda Guerra Mundial, sabemos que es posible una economía mundial mejor, más equitativa, compasiva y próspera.
Las cifras sobre el empleo juvenil son contundentes
Según el Informe de perspectivas de riesgos de la COVID-19, el 49.3% de los expertos sénior en riesgos cree que los altos niveles de desempleo estructural, especialmente entre los jóvenes, son una de las consecuencias más probables de la pandemia; el 43.8% considera que se trata de un motivo de gran preocupación mundial.
La reciente encuesta de la OIT sobre el desempleo juvenil también concluye que los jóvenes de todo el mundo se han visto gravemente afectados de forma desproporcionada por la crisis de COVID-19, en especial las mujeres jóvenes. Más de uno de cada seis jóvenes está sin trabajo como resultado de la pandemia. Mientras tanto, 178 millones de jóvenes trabajan en sectores duramente golpeados por la pandemia y se enfrentan a despidos; 131 millones de estos jóvenes trabajan en el sector informal.
La encuesta también concluye que las mujeres jóvenes “tienen más probabilidades de afrontar dificultades importantes para compaginar su trabajo con un aumento de las tareas de cuidado no remuneradas”. Además, para muchas mujeres jóvenes que ya sufren diversas formas de marginación económica, podrían surgir dificultades acumulativas o una mayor exclusión.
Preparar las competencias para el futuro del trabajo
Más allá de la pandemia de COVID-19, afrontamos uno de los mayores desafíos laborales del siglo XXI: la brecha de competencias de los jóvenes trabajadores en la economía mundial. Preparar las competencias para el futuro será esencial a medida que la velocidad del cambio y las perturbaciones sigan transformando el futuro del trabajo. Se necesitarán mecanismos pragmáticos y eficaces para crear nuevas oportunidades que respondan a la evolución de los contextos y las demandas tecnológicas y económicas.
Como señala el último Informe sobre los empleos del mañana del Foro Económico Mundial, la demanda de competencias digitales y humanas seguirá aumentando, lo que impulsará, entre otros grupos profesionales, una mayor demanda de empleos en la economía de los cuidados y la economía verde. Es importante garantizar que los jóvenes cuenten con las herramientas y el apoyo necesarios para hacer frente a los desafíos persistentes de nuestra sociedad, en particular a la amenaza del cambio climático.
Llamamiento a la acción: dar prioridad a los jóvenes en los esfuerzos de recuperación económica
Una respuesta urgente e integral para abordar el desempleo juvenil durante la COVID-19 debe ser un aspecto fundamental de las estrategias de recuperación económica de los países. Es una oportunidad única en una generación para reformular los cimientos de la economía mundial, preparar a los jóvenes para prosperar en el futuro del trabajo, generar una prosperidad amplia y sentar las bases de un mundo más seguro, limpio, verde y equitativo. Invertir ahora en las personas y volver a capacitarlas puede ayudarlas a reincorporarse de inmediato al trabajo, al tiempo que construimos economías más justas, inclusivas y resilientes.
En este contexto, los Shapers canadienses han redactado una carta abierta al Gobierno de Canadá en la que instan a acelerar las inversiones en formación y desarrollo de competencias de los jóvenes como parte fundamental de la estrategia de recuperación del país frente a la COVID-19. Esta iniciativa Reskill2Recover expone los motivos de esta inversión y los articula en tres recomendaciones:
Invertir en competencias esenciales y preparadas para el futuro para los jóvenes que se incorporan al mercado laboral y para las personas cuyo trabajo está en transición;
Invertir en competencias específicas de cada sector y en formación técnica para abordar los problemas más apremiantes de nuestra sociedad, en particular el cambio climático;
Invertir de inmediato en programas de creación de empleo.
Dado que la pandemia de COVID-19 tendrá repercusiones duraderas en los jóvenes, estas acciones a nivel estatal o nacional pueden ayudar a dar voz a los jóvenes de forma inclusiva. Los jóvenes son fundamentales para los esfuerzos de recuperación económica. Es primordial presionar a nuestras instituciones nacionales para que ofrezcan nuevas oportunidades a quienes han quedado excluidos del mercado laboral y aborden desafíos sistémicos a largo plazo, como el cambio climático y la desigualdad, como parte esencial del Gran Reinicio.

