Hay pruebas de que, durante la pandemia, las familias están volviendo a los roles de género tradicionales en cuanto a la división del trabajo doméstico.
Mientras que las madres redujeron sus horas de trabajo alrededor de un 5 %, o dos horas semanales, las horas de trabajo de los padres se mantuvieron en gran medida estables, según la investigación.
“Nuestros hallazgos indican que las madres están soportando el peso de la pandemia y pueden enfrentarse a penalizaciones laborales a largo plazo como consecuencia”, afirma Caitlyn Collins, profesora adjunta de sociología en la Universidad de Washington en St. Louis y coautora del estudio.
Entre marzo y abril, las horas de trabajo de las madres se redujeron entre cuatro y cinco veces más que las de los padres, según el estudio publicado en Gender, Work and Organization.
Mientras que las madres redujeron sus horas de trabajo alrededor de un 5 %, o dos horas semanales, las horas de trabajo de los padres se mantuvieron en gran medida estables. El impacto fue mayor entre las madres de hijos en edad de educación primaria o de hijos más pequeños, para quienes las exigencias de cuidado y de educación en casa son más intensas.
Brecha de género en la pandemia
Collins y sus coautores —Liana Christin Landivar, del Centro de Investigación de Población de Maryland; Leah Ruppanner, de la Universidad de Melbourne; y William Scarborough, de la Universidad de Texas del Norte— utilizaron datos de la Encuesta de Población Actual de Estados Unidos para evaluar cómo las parejas heterosexuales casadas con hijos y con doble ingreso ajustaron su trabajo durante la pandemia, de febrero a abril. La encuesta mensual de estadísticas laborales incluye información de aproximadamente 60 000 hogares de todo Estados Unidos.
También examinaron un subconjunto de hogares en los que tanto las madres como los padres trabajan en ocupaciones compatibles con el teletrabajo. Comprobaron que, en todos los modelos, las horas de trabajo previstas de los padres no bajaban de 40 horas semanales, lo que indica que, aunque la pandemia tuvo un gran coste para todos los ámbitos de la sociedad, la mayoría de los padres de hogares heterosexuales de doble ingreso siguieron cumpliendo una semana laboral completa.
“Incluso en los hogares en los que ambos progenitores pueden trabajar desde casa y están directamente expuestos a las exigencias de cuidado y tareas domésticas, las madres reducen su jornada para asumir estas responsabilidades en mayor medida que los padres. En definitiva, nuestros análisis revelan que la desigualdad de género en las horas de trabajo de los progenitores ha empeorado durante la pandemia”, afirma Collins.
La causa de esta desigualdad no está clara. Collins afirma que es posible que, en épocas de crisis, las familias vuelvan a roles de género más tradicionales en la división del trabajo en el hogar. O bien, podría ser que el estrés financiero y la necesidad de proteger a los principales perceptores de ingresos, que suelen ser los padres, hayan llevado a las madres a asumir una mayor parte del trabajo doméstico no remunerado.
¿Abandonar la población activa?
Lo que sí tienen claro los investigadores es que esta desigualdad puede tener efectos nefastos a largo plazo en las carreras profesionales de las mujeres.
“Reducir la jornada laboral forma parte de una espiral descendente que a menudo lleva a abandonar la población activa, especialmente en los casos en que los empleadores son inflexibles con los horarios o penalizan a los empleados que no pueden cumplir las expectativas laborales ante las crecientes exigencias de cuidado”, escriben Collins y sus coautores.
“También nos preocupa que muchos empleadores busquen formas de ahorrar dinero y que ello se haga a costa de las madres que ya han debilitado su vínculo con el mercado laboral”, escriben.
Otra posible consecuencia en el lugar de trabajo: los futuros ascensos y aumentos salariales basados en el mérito podrían beneficiar de forma desproporcionada a los hombres cuyo compromiso laboral se mantuvo alto durante la pandemia.
No se espera que la situación mejore a corto plazo a medida que los estados reabran y se reanude el trabajo presencial. Al principio, el teletrabajo puede haber evitado que algunas madres perdieran más empleo cuando se cerraron las escuelas y guarderías, afirma Collins. Sin embargo, con los campamentos de verano cerrados, las guarderías funcionando con capacidad limitada y la incertidumbre sobre el próximo curso escolar, los hogares de doble ingreso se enfrentarán a decisiones difíciles para conciliar el trabajo remunerado y la vida familiar.
“La flexibilidad es clave en este momento”, afirma Collins. “Al flexibilizar las exigencias laborales y permitir la flexibilidad siempre que sea posible en los próximos meses, los empleadores pueden evitar pérdidas a largo plazo en la participación de las mujeres en la población activa. Y debe animarse a los padres a dedicar más horas al cuidado de sus hijos, aunque ello suponga sacrificar horas de trabajo remunerado.”

