América Latina ha sido duramente golpeada por la pandemia, pero la crisis también ha mostrado un camino a seguir para los sistemas de salud de la región.
Estas son tres áreas en las que debemos centrarnos para construir sistemas de salud preparados para el futuro.
La COVID-19 nos ha demostrado que, en lo que respecta a la resiliencia de los sistemas de salud, nunca es demasiado pronto para planificar. En América Latina, es urgente que analicemos las lecciones que nos está dejando la pandemia y que planifiquemos el futuro para construir sistemas de salud sostenibles, capaces de atender las necesidades de sus poblaciones sin comprometer la calidad de la atención en tiempos de crisis.
Tras más de 25 años trabajando en la industria farmacéutica, la mayor parte de ellos en América Latina, entiendo que los desafíos son complejos. Aunque se ha avanzado, la región tiene un historial de no priorizar la salud, lo que genera deficiencias que dificultan el acceso de los pacientes a una atención de calidad. Entre ellas se encuentran una gobernanza con visión a corto plazo, la fragmentación de los sistemas de salud, que conduce a un trabajo en compartimentos estancos, y la falta de inversión en innovación, que impide un diagnóstico y un tratamiento óptimos y genera elevados gastos de bolsillo (véase la figura siguiente).
El impacto de la pandemia ha demostrado que estos desafíos persisten y nos muestra que, para atender las necesidades del futuro, debemos avanzar en tres ámbitos clave: optimizar la infraestructura y la eficiencia de los sistemas de salud, invertir en innovación y tecnología, y pasar de un modelo centrado en la gestión de enfermedades a otro centrado en la promoción de la salud.
Un enfoque integral y multiactor
La respuesta a la COVID-19 nos ha demostrado que es posible contar con sistemas de salud más eficaces y eficientes cuando podemos apoyarnos en la colaboración multiactor y en políticas de salud pública integrales.
Cada vez más, los actores de distintos sectores e industrias reconocen que los desafíos sanitarios que afectan a América Latina no pueden ser resueltos por un único actor. Las soluciones innovadoras que generan un impacto significativo son posibles gracias a la colaboración entre los sectores público y privado. Cuando la COVID-19 se convirtió en una amenaza para la salud pública, las empresas farmacéuticas, el mundo académico, los profesionales de la salud, los gobiernos, las ONG y las startups unieron capacidades y conocimientos para acelerar el desarrollo de pruebas diagnósticas, tratamientos, candidatas a vacunas y otras iniciativas más allá del laboratorio. Cuando la rapidez de la respuesta era fundamental para salvar vidas, unir esfuerzos resultó crucial para ofrecer soluciones eficaces.
Al mismo tiempo, los sistemas de salud necesitaban políticas públicas que facilitaran el proceso regulatorio y una distribución acelerada de estas soluciones. En América Latina, las aprobaciones en tiempo récord de pruebas diagnósticas para la COVID-19 han permitido a los gobiernos comprender la propagación del virus y tomar decisiones oportunas e informadas sobre medidas como el distanciamiento social y las restricciones de viaje. Este es un ejemplo de lo que es posible y una oportunidad para repensar el enfoque de las políticas públicas.
La pandemia ha demostrado que la salud es una parte esencial del desarrollo social y económico y ha reforzado la necesidad de invertir más y mejor en salud. Se trata de una cuestión que afecta tanto al bienestar individual como a la prosperidad social. Hoy tenemos una razón clara para que distintas agencias gubernamentales —ministerios de Salud, Hacienda, Educación y otros— trabajen juntos, de modo que las políticas públicas puedan responder a las necesidades de la población de manera integral. Los jóvenes líderes políticos de hoy serán un motor clave de la sostenibilidad si adoptan este enfoque colaborativo con una visión a largo plazo.
El poder de la tecnología digital
Cuando pensamos en la innovación en salud, las posibilidades son infinitas. La pandemia nos ha demostrado que, al priorizar esfuerzos, debemos invertir en sistemas y tecnologías que respalden las soluciones de salud digital y la toma de decisiones basada en datos. Una de las herramientas esenciales para la digitalización de los sistemas de salud son las historias clínicas electrónicas (HCE); sin embargo, aunque se ha avanzado, las HCE todavía no están extendidas en América Latina.
Los países donde las HCE están más consolidadas se han beneficiado de una mayor interoperabilidad entre las instituciones de salud, lo que les permite compartir y acceder sin fisuras al historial clínico de un paciente. Esta comunicación entre sistemas favorece una atención de calidad y una gestión más eficaz de los pacientes. En el contexto de la COVID-19, las HCE han facilitado la telemedicina, lo que permite el seguimiento remoto de los casos, así como la continuidad de la atención a pacientes con otras afecciones. Aunque las HCE son un camino hacia un mayor acceso a los datos de salud, solo son una pieza del rompecabezas.
Los sistemas de salud necesitan soluciones digitales complementarias a lo largo de todo el espectro sanitario para convertir los datos en beneficios sostenibles para los pacientes. Ante una pandemia, el acceso a datos oportunos y precisos cobra una importancia exponencialmente mayor, ya que es esencial para una toma de decisiones eficaz y para acciones coordinadas. Uruguay y Costa Rica, por ejemplo, lograron adaptar rápidamente tecnologías digitales existentes para hacer el seguimiento y registrar los casos de COVID-19, evaluar los riesgos y tomar decisiones basadas en datos. Al mirar hacia la “nueva normalidad”, debemos seguir priorizando el uso de la evidencia del mundo real para comprender mejor el impacto y el potencial de las soluciones médicas e incorporarlas de forma eficaz a los sistemas de salud.
Un enfoque en la promoción de la salud
El éxito de las herramientas digitales y de cualquier otra solución a largo plazo depende de la transformación de los sistemas de salud mediante un modelo centrado en el paciente que priorice la promoción de la salud.
Hoy en día, los sistemas de salud se centran en la gestión de enfermedades y tienen dificultades para atender a los pacientes con enfermedades preexistentes al mismo tiempo que a los pacientes de COVID-19, mientras los servicios para las enfermedades no transmisibles sufren interrupciones significativas en América Latina. El enfoque de Salud en Todas las Políticas (HiAP, por sus siglas en inglés) es un ejemplo de cómo podemos priorizar la promoción de la salud haciendo que las implicaciones sanitarias formen parte de la toma de decisiones en todas las políticas, independientemente del sector.
No obstante, los sistemas de salud deben seguir preparándose para la gestión de enfermedades, especialmente en situaciones de emergencia. En los países de ingreso bajo y mediano, responder a las crisis puede resultar 36 veces más costoso que prepararse para los brotes. Además del golpe económico, la falta de preparación también afecta a la calidad de la atención, como estamos viendo con la limitada capacidad de respuesta al aumento de pacientes que buscan atención por COVID-19. Reforzar la infraestructura sanitaria con el equipamiento adecuado y profesionales capacitados contribuye a un sistema sostenible que puede responder de manera eficaz a las emergencias sanitarias y, al mismo tiempo, seguir atendiendo a las poblaciones de pacientes existentes.
Estamos ante un momento decisivo para los sistemas de salud, y las acciones que tomemos hoy determinarán los sistemas de salud que dejaremos a las generaciones futuras. La pandemia nos muestra el camino a seguir. Ahora debemos unirnos para tener éxito en este recorrido.


