Oportunidades para una economía circular tras la COVID-19

People work on non-functioning electrical items at a so-called 'Repair Cafe' in Berlin's Kreuzberg district September 30, 2013. One day a month volunteers meet-up and assist people in repairing their electronic items for free at the cafe in the German capital. REUTERS/Tobias Schwarz (GERMANY - Tags: SOCIETY) - BM2E99U1DHA01
The repair economy may be more practical than long supply chains delivering cheaper goods.Image: REUTERS/Tobias Schwarz
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  • La COVID-19 impone limitaciones al modelo económico actual.

  • Es probable que surja un nuevo modelo operativo para nuestras economías.

  • Las nuevas tendencias están en línea con los fundamentos de una economía circular.

La COVID-19 presenta varias similitudes con la crisis climática. Estamos limitados por la capacidad de un sistema, ya sea la capacidad de la naturaleza para regenerarse o la capacidad del sistema sanitario para tratar a los enfermos. Nos vemos obligados a buscar alternativas para hacer aquello que ya no es viable.

La COVID-19 se considera la primera crisis del Antropoceno en la que la actividad económica se ha opuesto directamente a la salud pública. Cuando nos vemos obligados a pensar en nuevas formas de hacer que las cosas funcionen, es probable que surjan nuevas tendencias en la manera en que producimos, distribuimos, adquirimos y consumimos bienes. Esas tendencias, influidas por nuestras nuevas limitaciones, parecen favorecer una economía circular: la única filosofía económica que puede satisfacer de forma sostenible las necesidades de las personas a largo plazo.

Una economía circular es un modelo económico alternativo en el que los productos y servicios se diseñan teniendo en cuenta su fin de vida. La producción favorece la regeneración y la reutilización, lo que permite que los materiales vuelvan a los ciclos de nutrientes industriales o biológicos. El consumo y los mercados se diseñan para optimizar el uso de los productos existentes, y se fomenta el acceso a los productos frente a su propiedad.

Entonces, ¿cómo será un mundo posterior a la pandemia con una economía circular?

1. Pagar por el servicio

El comportamiento de los consumidores ha sido drástico durante la pandemia. El acaparamiento y la compra por pánico e incluso el secuestro de bienes a nivel gubernamental. Lo que una persona considera esencial y cómo planea afrontar una crisis puede ser muy diferente para otra. Las personas pueden adoptar un enfoque de “coleccionista”, centrado en la propiedad de bienes, o un enfoque de “compartidor colectivo”, centrado en compartir el servicio de los bienes.

Los modelos de uso compartido desarrollados para intercambiar productos pueden no verse con buenos ojos en esta pandemia por motivos de higiene. Sin embargo, si se hubieran implantado los modelos de servicio de “pago por rendimiento” o “acceso frente a propiedad”, podrían haber sido una gran solución para ofrecer flexibilidad.

Ante una caída de los ingresos, los consumidores tendrán una carga menor por el pago de costes fijos, como los de poseer y operar una lavadora, por ejemplo. Tener la opción de pagar por un servicio en lugar de poseer un bien ofrece alternativas para gestionar el consumo, ya sea reduciendo el gasto o optando por la alternativa básica (en este caso, lavar a mano). Los sistemas de productos y servicios diseñados para evitar el contacto ofrecen una excelente flexibilidad para que los consumidores “aligeren la carga” en el nuevo mundo de incertidumbre.

Image: Fundación Ellen MacArthur

2. Autosuficiencia y consumo local

Mantener la seguridad alimentaria y el funcionamiento continuo de las cadenas de suministro es fundamental para cualquier economía durante una crisis. Aquellos países que dependen de las importaciones han seguido encontrando dificultades. La interrupción de las cadenas de suministro ha limitado la circulación de bienes hacia sus mercados de destino, provocando escasez, y se prevé que la pandemia lleve a 265 millones de personas al hambre en 2020.

Es difícil imaginar un futuro que funcione con restricciones a largo plazo sin fomentar alternativas de suministro locales y abrir los mercados locales. Esto es lo que promueve una economía circular: cadenas de suministro locales que permitan la circulación local de los flujos de nutrientes. Cuando los países flexibilicen los confinamientos, es probable que muchos intenten operar con una actividad restringida a través de las fronteras durante algún tiempo, lo que fomentará aún más que las actividades económicas sean más o menos autosuficientes.

3. Cadenas de suministro cortas y menor dependencia más allá de las fronteras

Desglobalización es una tendencia clara que observamos tras la COVID-19. Se prevé que el comercio mundial se contraiga entre un 13 % y un 32 % en 2020, lo que indica no solo los productos terminados, sino también los materiales y componentes utilizados en la producción industrial.

La dependencia de las cadenas de suministro internacionales podría empezar a considerarse más arriesgada que abastecerse de productos y componentes a nivel local. A medida que las fronteras se conviertan en barreras para el libre flujo de materiales, más vale pájaro en mano que ciento volando. Garantizar la seguridad del suministro de componentes para la producción no será fácil sin anticipar la acumulación de existencias o la escasez, por lo que las cadenas de producción locales podrían considerarse más favorablemente que antes. La economía de la reparación y las microindustrias locales también podrían valorarse por ofrecer un suministro fiable de productos al alcance de la mano, frente a una cadena de suministro larga que entrega un bien más barato.

4. Limitar el consumo en función de las limitaciones de capacidad y las prioridades

Nuestras necesidades de supervivencia, comunidad y participación, e incluso de entretenimiento, formaban antes un único paquete de estilo de vida. Si la disponibilidad de recursos es limitada, debemos facilitar la priorización de esas necesidades. Podemos esperar que el consumo se agrupe y clasifique, para que los gobiernos puedan responder con rapidez a las crisis en un mundo posterior a la pandemia. Es probable que la COVID-19 prepare a los gobiernos para disponer de una jerarquía de actividades que consideren cruciales para la supervivencia, la continuidad y todo lo demás.

La pandemia ha frenado en cierta medida el consumo masivo. Es demasiado pronto para afirmar si el mundo posterior a la pandemia volverá a la “normalidad” y recuperará los niveles de consumo anteriores. En cuanto a los servicios, algunos se perderán, mientras que otros servicios interconectados y dependientes, como los viajes y el ocio, podrían tardar más en recuperarse.

La transformación digital involuntaria es probable que lleve a las organizaciones a seguir fomentando el teletrabajo más que antes, incluso después de que se relajen las medidas de distanciamiento social. La cautela y el tiempo necesario para recuperar la confianza en la socialización también podrían desempeñar un papel. El equilibrio entre la productividad y el ahorro de costes que parece presentarse no sugiere una probable reversión de la tendencia.

Todavía no sabemos cuál será la “nueva normalidad”. Atravesar la pandemia cambiará nuestra forma de pensar y nuestra actitud ante el riesgo. Los estrategas de la economía circular deben superar la crisis con un nivel de pensamiento superior para remodelar la formulación de la nueva economía, de modo que sea más respetuosa y responsable con el medio ambiente que la anterior.

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