Aunque desde marzo los responsables de las políticas fiscales, monetarias y regulatorias han actuado con rapidez para preservar el funcionamiento de los mercados financieros y apoyar a los hogares y las empresas, los expertos advierten que se necesitan más medidas de política.
A medida que la crisis persiste y evoluciona, los responsables de las políticas deben mantenerse alerta para proteger directamente los medios de vida y preservar la estabilidad del sistema financiero, de modo que este pueda apoyar la recuperación.
En las últimas semanas ha vuelto cierta calma a los mercados financieros. Presumiblemente impulsada por el optimismo en torno a una recuperación económica —a medida que empiezan a levantarse las medidas de confinamiento en varios países y en algunos estados de EE. UU.—, la volatilidad cayó la semana pasada a su nivel más bajo desde febrero, mientras que los índices bursátiles han repuntado considerablemente, a pesar de las ventas de esta semana.
Sin embargo, a muchos les sorprenden estas mejoras en el sentimiento del mercado, habida cuenta de que las noticias y las expectativas económicas siguen siendo sombrías, pese a los importantes esfuerzos de los gobiernos por apoyar las economías.
Aunque desde marzo los responsables de las políticas fiscales, monetarias y regulatorias han actuado con rapidez para preservar el funcionamiento de los mercados financieros y apoyar a los hogares y las empresas, los expertos advierten que se necesitan más medidas de política para garantizar que los riesgos financieros no provoquen una mayor dislocación económica.
Desde mediados de marzo, la Plataforma para configurar el futuro de los sistemas financieros y monetarios del Foro Económico Mundial ha convocado virtualmente a una comunidad de partes interesadas del sistema financiero para debatir los efectos de la COVID-19.
Estas conversaciones han reunido a funcionarios del sector público y directivos del sector financiero para compartir perspectivas sobre los riesgos emergentes para la estabilidad financiera y las respuestas de política financiera y económica. Aunque las conversaciones no pretendían generar una lista exhaustiva de riesgos, surgieron varios temas y recomendaciones clave, publicados el mes pasado en un informe técnico.
¿Cuáles son los riesgos emergentes para la estabilidad financiera?
La mayoría de los participantes en estos debates coincidió en que los principales riesgos para la estabilidad financiera provienen de un posible deterioro del contexto macroeconómico. Aunque existe una enorme incertidumbre sobre la forma y el momento de la recuperación económica, parece cada vez más probable que la actividad económica permanezca considerablemente deprimida durante un período prolongado, como ocurre con la modesta recuperación de China.
Independientemente de la duración de la desaceleración, está claro que ciertos sectores han sufrido fuertes perturbaciones de la demanda, algunas de las cuales probablemente persistirán en el futuro previsible.
En las economías avanzadas y algunos mercados emergentes, los gobiernos concedieron rápidamente préstamos de emergencia (o, en algunos casos, subvenciones) a las empresas, en particular a las pequeñas y medianas empresas.
La mayoría de estos programas se diseñó para abordar una falta temporal de liquidez: empresas que, por lo demás, eran solventes se enfrentaban a una desaceleración sin precedentes de la actividad económica y necesitaban poder pagar los salarios y otros gastos inmediatos.
Sin embargo, a medida que persiste la crisis, los profesionales temen que podamos estar entrando en una fase en la que un número creciente de empresas se vuelva insolvente. Preocupan especialmente las pequeñas y microempresas, las empresas de los sectores más afectados y las que hasta ahora no han podido acceder a los programas gubernamentales, incluidas muchas empresas pequeñas y medianas.
Más allá del daño que supone el cierre de empresas o la venta de activos con pérdidas —lo que tendría efectos inmediatos sobre los ingresos y el empleo—, la insolvencia generalizada podría plantear graves amenazas para la estabilidad financiera.
Desde el inicio de esta crisis, los bancos han sido una fuente de fortaleza y estabilidad; han utilizado sus importantes reservas de capital y liquidez para ofrecer flexibilidad y crédito a las empresas y los hogares que lo necesitan.
Sin embargo, el aumento de las insolvencias provocaría pérdidas crediticias que podrían amenazar la capacidad de los bancos para conceder nuevos créditos. Si fueran suficientemente graves, esas pérdidas podrían desembocar en una crisis centrada en los bancos como la de 2008, lo que obstaculizaría aún más la recuperación económica.
Evolución de la renta variable bancaria: como era de esperar, las acciones bancarias han tenido un rendimiento inferior al de los índices generales, a medida que aumentan las amenazas para su rentabilidad:
Herramientas para aplanar la curva de mortalidad
1. Asistencia adicional de liquidez para empresas bien capitalizadas
Aunque la asistencia adicional de liquidez por parte de bancos o gobiernos puede ser valiosa para algunas empresas mejor capitalizadas, muchos profesionales de los sectores público y privado temen que hacerlo solo «patee el problema para más adelante» en el caso de las empresas que ya tienen niveles de deuda insostenibles.
2. Reestructuración con capital privado conforme a las disposiciones sobre quiebras
Algunas jurisdicciones cuentan con códigos de quiebra eficaces que permiten mantener las operaciones mientras se reduce el tamaño de las empresas y se reestructura la deuda, pero muchas no.
Cuando sea necesario, los responsables de las políticas deberían estudiar cómo ajustar las leyes de quiebra —de forma permanente o temporal— para que las empresas puedan llevar a cabo reestructuraciones ordenadas con capital privado. En cualquier caso, está claro que muchas empresas insolventes seguirían enfrentándose a la liquidación —y a pérdidas importantes para todos los acreedores— sin apoyo de capital adicional.
3. Diseñar herramientas eficaces para que el gobierno adquiera participaciones en empresas privadas
En muchos casos, puede que finalmente sea necesario que los gobiernos adquieran participaciones en empresas privadas para mantenerlas en funcionamiento y preservar el empleo. Los gobiernos tienen distintos niveles de experiencia en la adquisición de participaciones en empresas; algunos cuentan con marcos de política e instituciones establecidos para hacerlo, mientras que en algunos países existe aversión al control gubernamental de las empresas.
Varios países —entre ellos el Reino Unido, Alemania y Polonia— han actuado con rapidez para introducir programas de participación accionaria del gobierno, a menudo recurriendo a infraestructuras existentes, como los bancos públicos de desarrollo. Otros están considerando activamente hacerlo.
Es probable que los distintos países sigan diseñando programas en función de factores propios, y que, dentro de cada país, los programas destinados a empresas de distintos tamaños y sectores utilicen estructuras de capital e infraestructuras programáticas diferentes. Entre las herramientas figuran los instrumentos de crédito híbridos (como los bonos convertibles), los derechos de suscripción, los derechos de los participantes, las inversiones indirectas a través de empresas de capital riesgo o de capital privado y otras opciones.
Independientemente de que los gobiernos utilicen instituciones existentes o creen marcos completamente nuevos, los responsables de las políticas deben desarrollar opciones adecuadas a la naturaleza de esta crisis, que distribuyan de forma óptima las ganancias y las pérdidas entre los sectores público y privado, garanticen la equidad y la transparencia en la asignación de fondos y preserven el empleo y la estabilidad financiera. Los gobiernos deberían seguir colaborando con las instituciones financieras y con inversores públicos y privados que cuenten con la experiencia pertinente para desarrollar estos programas.
Solo un sistema financiero estable puede apoyar la recuperación
Una fuerte contracción del crédito, desencadenada por pérdidas crediticias a raíz de una ola de insolvencias, es solo uno de los varios riesgos importantes que preocupan a los profesionales del sector. A medida que la crisis persiste y evoluciona, los responsables de las políticas deben mantenerse alerta para proteger directamente los medios de vida y preservar la estabilidad del sistema financiero, de modo que este pueda apoyar la recuperación.
