Al igual que las tripulaciones de la obra maestra de Hokusai, quienes están en primera línea frente a la COVID-19 luchan hoy contra olas gigantescas.
Pero, al igual que los marineros pueden divisar el monte Fuji, lo hacen porque tienen un fuerte sentido de propósito.
Su ejemplo es, por tanto, una lección de liderazgo para todos.
Hay una pintura colgada junto a mi escritorio. La conservo allí porque, cuando me enfrento a un desafío, me inspira. Hoy la miro y pienso que quizá la he conservado durante todos estos años precisamente para ayudarme en este momento.
Se trata de La gran ola de Kanagawa, de Katsushika Hokusai. No puedo imaginar una mejor representación de nuestra crisis actual.
En este momento estamos enfrentándonos a olas embravecidas. Cada día surgen más desafíos. Para los empleados de primera línea en la atención sanitaria y los cuidados a personas mayores, en particular, se trata de una batalla agotadora e implacable.
Así es como entendí originalmente la Gran Ola cuando la vi por primera vez siendo adolescente. Las olas gigantescas, la amenaza inminente y las personas atrapadas en el caos reflejaban cómo me sentía en ese momento de mi vida adolescente.
Pero, como he llegado a creer con el tiempo, no es eso de lo que trata la imagen. Así como he llegado a creer que la crisis actual revela algo más que la mera naturaleza violenta de un virus.
En la imagen de Hokusai, el monte Fuji se alza en la distancia. Mi padre, aficionado al arte, acabó señalándomelo. La montaña es sólida y estable, el destino de las tripulaciones en apuros. No luchan contra las olas en vano. Tienen un propósito.
En las últimas semanas, todos hemos escuchado historias de una profunda valentía y compromiso por parte de los empleados de primera línea. En Sodexo contamos con 87.000 empleados que trabajan en hospitales y centros de cuidados para personas mayores de todo el mundo. Me maravilla la forma en que afrontan sus retos diarios con cuidado y abnegación.
Son empleados que apoyan a los equipos médicos prestando servicios esenciales para mantener limpios los hospitales. Alimentan y reconfortan a las personas mayores. Mantienen los edificios seguros y el aire saludable. Rara vez están en el centro de atención, pero sin duda son esenciales. Entonces, ¿por qué lo hacen?
Cuando escucho con atención sus historias y lo que los impulsa, percibo el mismo leitmotiv. Sienten la responsabilidad de cuidar a los demás. Saben que su trabajo es una pieza crucial del esfuerzo mayor por salvar vidas, consolar a quienes sufren y ayudar a los más vulnerables. Sienten un profundo propósito.
Al igual que Hokusai antes que ellos, están ofreciendo una lección magistral de liderazgo.
Me están enseñando a mí, y quizá a otros líderes, cuánto importa el propósito en nuestro trabajo.
Los desafíos actuales son inmensos y únicos. Gracias a los heroicos esfuerzos de todos los equipos de primera línea, desde los médicos y las enfermeras hasta los equipos de limpieza, los chefs y otros profesionales, superaremos esta pandemia.
Pero hay otras tormentas que se acumulan en el horizonte. Siempre las habrá. Como líder, intento escuchar a los miembros de mi equipo de hoy para entender cómo gestionar las olas de mañana. Esto es lo que escucho: para reunir la fuerza necesaria para combatir las olas, las tripulaciones deben saber que existe un destino. No puede tratarse solo de ola tras ola. Tiene que haber un propósito.
Los líderes tendemos a pensar que es nuestra responsabilidad definir el propósito de nuestro equipo. A veces puede que sea cierto. La situación actual me ha convencido de que, en ocasiones, necesitamos la humildad de aceptar que nuestros equipos también pueden ver el destino antes que nosotros.
Lo importante no es quién lo encontró primero, sino cómo podemos articularlo y abrazarlo, y cómo podemos apoyarnos mutuamente para hacerlo realidad.
Nunca volveré a mirar La gran ola sin pensar en nuestros equipos durante esta pandemia. En ella veo su valor y su espíritu. Recuerdo cómo superaron cada una de las circunstancias porque sabían que cada una nos acerca a salvar una vida o a consolar a una persona. Y siempre me llenará de gratitud ver a nuestros empleados seguir adelante con tanto valor porque sabían qué podía haber al otro lado de cada ola.


