Las autoridades aprovechan redes y herramientas concebidas para responder a riesgos más conocidos, como el cambio climático, para hacer frente a la crisis de COVID-19.
La crisis está allanando el camino hacia ciudades más futuristas, resilientes ante futuras pandemias.
Las soluciones de transporte ecológico también han sido fundamentales en los planes de reconstrucción de muchas ciudades.
A principios de 2018, asolada por una grave sequía, Ciudad del Cabo movilizó a sus residentes y empresas para reducir drásticamente el consumo de agua y evitar que sus grifos se quedaran secos. Ahora, las lecciones de la crisis hídrica ayudan a la ciudad sudafricana a responder a la pandemia de coronavirus.
En comunidades con acceso limitado a internet se utilizan megáfonos para informar a los residentes de la necesidad de mantener la distancia social y una buena higiene, tal como se hizo durante la sequía para animar a la gente a ahorrar agua.
Los videos en las redes sociales de la ciudad rinden homenaje a los trabajadores de primera línea durante la crisis de COVID-19 y exhortan a colaborar para afrontarla; son mensajes similares a los que hace dos o tres años elogiaban los esfuerzos por ahorrar agua.
Y se han reactivado las redes creadas para involucrar a las empresas en un esfuerzo conjunto por usar el agua de manera eficiente para ayudarlas a continuar sus operaciones de forma segura mientras se contiene la COVID-19.
Gareth Morgan, director de resiliencia de Ciudad del Cabo, dijo que la ciudad, de unos 4,6 millones de habitantes, se estaba beneficiando de lo que llamó «memoria muscular de las crisis».
Muchos de los mismos planificadores que trabajaron en la respuesta a la sequía ahora se ocupan de la COVID-19 y utilizan herramientas similares, como elaborar un índice para determinar quiénes son más vulnerables y desarrollar un panel de indicadores para seguir la situación.
«No es raro que los miembros de nuestro equipo municipal digan habitualmente en las reuniones de planificación que aprendimos algo durante la sequía y que ahora debemos tenerlo presente», dijo Morgan a la Thomson Reuters Foundation en comentarios enviados por correo electrónico.
Aprovechar la experiencia de desastres anteriores para limitar las consecuencias del nuevo coronavirus no es algo exclusivo de Ciudad del Cabo. Además, las autoridades urbanas no se guardan para sí el conocimiento en tiempo real que están adquiriendo durante la crisis sanitaria actual.
En las últimas semanas se han puesto en marcha varias redes internacionales creadas para ayudar a las ciudades a afrontar mejor los desafíos actuales —desde el cambio climático hasta la pobreza urbana— y permitir que sus miembros respondan con rapidez y eficacia a la COVID-19.
Los expertos urbanos reconocen que, antes de este año, el riesgo de una pandemia mundial no encabezaba la lista de amenazas inminentes para la mayoría de las ciudades con las que habían trabajado.
«A menudo, nuestros planes y estrategias responden al impacto que tenemos más presente en la memoria, y eso es lo que nos impulsa», dijo Lauren Sorkin, directora ejecutiva interina de la Global Resilient Cities Network (GRCN).
Para muchas ciudades, se trataba del empeoramiento de los fenómenos meteorológicos extremos, como las tormentas y las olas de calor, o de la llegada de grandes cantidades de refugiados que huían de conflictos.
Sin embargo, algunas ciudades, como Surat, en India, que sufrió un brote de peste en 1994, han fortalecido sus sistemas de salud como parte de sus planes generales de resiliencia urbana, señaló Sorkin.
En Inglaterra, Greater Manchester, al desarrollar su propia estrategia, también ha considerado específicamente qué medidas serían necesarias para responder mejor a una pandemia de gripe, incluida la publicación de información para el público en su sitio web de preparación ante desastres.

Crisis múltiples
Quienes promueven la «resiliencia urbana» afirman que este enfoque integral —que ha ganado terreno en todo el mundo en los últimos años— puede mejorar la manera en que las ciudades afrontan todo tipo de impactos y tensiones.
Al tratar de desarrollar su resiliencia, las ciudades analizan sistemas complejos y cómo distintas partes de estos podrían verse afectadas por diversas amenazas.
El objetivo es proteger a los residentes, los bienes, la infraestructura y la naturaleza, y salir fortalecidos de una crisis.
«La capacidad que necesitan los gobiernos y las administraciones es aquella que permite comprender cómo gestionar varias crisis que interactúan entre sí al mismo tiempo; ese es el siglo en el que vivimos», dijo Jeb Brugmann, socio fundador de Resilient Cities Catalyst, una consultora urbana sin fines de lucro.
En la práctica, esto podría consistir en plantar árboles en los patios escolares de París para ofrecer a los niños espacios verdes y menos contaminados, abiertos también a la población local para que pueda refrescarse durante las olas de calor.
También podría consistir en incorporar sistemas de energía solar independientes de la red eléctrica durante la reconstrucción de centros médicos dañados por huracanes en lugares como Puerto Rico, para reducir las emisiones que calientan el planeta y garantizar que los centros puedan funcionar durante los cortes de electricidad causados por desastres.
Sorkin, de la GRCN, dijo que, tras la pandemia de coronavirus, es probable que las estrategias de resiliencia urbana pongan más énfasis en reforzar los sistemas de salud y la salud pública.
Desde Nueva York hasta Madrid, Londres y Ciudad del Cabo, las ciudades han tenido dificultades para hacer frente al aumento de pacientes con COVID-19, lo que las ha obligado a instalar hospitales improvisados para pacientes de coronavirus en parques o centros de convenciones.
Una recuperación justa y ecológica
Por ahora, las ciudades comparten consejos prácticos en foros y seminarios web sobre temas que van desde la comunicación con los residentes hasta la adaptación del transporte público y la protección de los grupos de riesgo, como las personas mayores, dijo Sorkin.
Este mes, su red lanzó una plataforma para ayudar a las ciudades a planificar una recuperación resiliente tras la pandemia.
Otra gran coalición, C40 Cities, que normalmente apoya a las ciudades que trabajan para combatir el cambio climático, también ha convocado un grupo de trabajo de alcaldes para impulsar una recuperación económica sostenible y justa tras la crisis de COVID-19.
«Los daños causados por la COVID-19 no se han distribuido de manera equitativa», señalaron en una declaración de principios los líderes de más de 35 ciudades, encabezados por Milán, una de las más afectadas.
Pidieron que se «reconozca y remunere debidamente» a los trabajadores esenciales y que se adopten nuevas políticas para apoyar a quienes viven en asentamientos informales, además de impulsar medidas para combatir la crisis climática y crear nuevos empleos en industrias con bajas emisiones de carbono.
Algunas ciudades, desde Europa hasta América Latina, ya están aplicando medidas de recuperación tras la COVID-19 destinadas a controlar las emisiones de carbono y la contaminación atmosférica cuando comienzan las reaperturas, por ejemplo, cerrando calles al tráfico y añadiendo carriles para bicicletas.
David Miller, exalcalde de Toronto y director de diplomacia internacional de C40, instó a las ciudades y a los gobiernos nacionales a respaldar proyectos que aborden diversos problemas urbanos, como construir viviendas asequibles y ecológicas o ayudar a los residentes de bajos ingresos a instalar sistemas de energía solar en los tejados.
«Las ciudades pueden hacer muchas cosas para abordar la crisis ambiental y la crisis económica que se deriva de esta crisis sanitaria», dijo Miller a la Thomson Reuters Foundation.
Por ejemplo, Milán tendrá que rediseñar sus espacios públicos para reducir el tráfico y permitir el distanciamiento social, además de estudiar cómo garantizar que todo el mundo tenga acceso a internet, dada su importancia esencial para el teletrabajo y la comunicación durante el confinamiento, dijo Piero Pelizzaro, director de resiliencia de la ciudad.
La crisis del coronavirus ha demostrado que «si queremos cambiar, podemos cambiar» en poco tiempo, dijo en un evento en línea el mes pasado.
Pelizzaro señaló que Milán no incluyó las pandemias en su primera evaluación de resiliencia y añadió que esta y otras ciudades quizá deban incorporar escenarios extremos en la planificación urbana para estar mejor preparadas ante riesgos atípicos en el futuro.
«Creo que lo que estamos viviendo (ahora) era predecible, pero impensable», dijo.
