El COVID-19 aumenta el riesgo de trabajo infantil. Así podemos combatirlo

A farmer works in a cocoa farm in Bobia, Gagnoa, Ivory Coast, December 6, 2019. REUTERS/Thierry Gouegnon - RC2OTD948CC1
Sixty-percent of cocoa is grown in countries where child labour is still widespread.Image: REUTERS/Thierry Gouegnon
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¿Sabía que algunos de sus alimentos favoritos podrían producirse con trabajo infantil? Tomemos el chocolate, por ejemplo: el 60 % de su principal ingrediente, el cacao, se cultiva en Costa de Marfil y Ghana, países donde el trabajo infantil sigue siendo generalizado.

Debido a las repercusiones del COVID-19, el trabajo infantil en estos países y fuera de ellos podría aumentar. Cuando los niños no están en la escuela, es más probable que se dediquen a trabajos perjudiciales. Además, las restricciones impuestas por el virus podrían provocar alteraciones en la cadena de suministro del cacao, lo que causaría dificultades económicas a los productores rurales de cacao.

Un reciente informe de la Iniciativa Internacional del Cacao comparó más de 50 estudios que analizan cómo los cambios en los ingresos afectan al trabajo infantil. Constató que, cuando los ingresos de los hogares o las oportunidades de obtener ingresos disminuyen inesperadamente, el trabajo infantil tiende a aumentar. Un ejemplo de Costa de Marfil muestra que una caída del 10 % en los ingresos, debida a una bajada del precio del cacao, provocó un aumento del trabajo infantil de más del 5 %. Además, los productores de cacao, como cualquier otra persona, corren el riesgo de contagiarse, lo que afectaría su capacidad para trabajar. Por tanto, los hijos de padres enfermos o los niños con un solo progenitor vivo podrían verse obligados a encargarse de todo el trabajo agrícola para la supervivencia de su familia.

En los últimos 20 años se han logrado avances notables en la reducción del número de niños que trabajan en todo el mundo, y la meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que aspira a erradicar todas las formas de trabajo infantil para 2025, ha impulsado un nuevo impulso para este desafío apremiante.

Estimaciones mundiales del trabajo infantilImage: Organización Internacional del Trabajo

Y, sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo estima que la cifra asombrosa de 152 millones de niños en todo el mundo siguen trabajando hoy en día. La mayoría de ellos, alrededor del 71 %, trabaja en la agricultura, un trabajo que puede ser peligroso y agotador, con largas jornadas bajo el sol abrasador. El problema es especialmente grave en África, donde se encuentra casi la mitad de los niños trabajadores (72,1 millones), en su mayoría en la agricultura.

Esto puede y debe cambiar. Pero, aunque la prohibición del trabajo infantil suele considerarse la solución mágica, no es suficiente. Años de experiencia en los sectores del cacao, el café, el té y otros sectores agrícolas han demostrado que un enfoque punitivo del trabajo infantil no empodera a los agricultores ni a sus comunidades para resolver el problema real. Por el contrario, los agricultores pueden intentar ocultar el trabajo infantil a los auditores encargados de comprobar que cumplen las normas laborales. Esto dificulta aún más la detección del trabajo infantil y, por tanto, su erradicación. Al mismo tiempo, es imposible que los auditores supervisen todas las explotaciones todos los días del año, por lo que las auditorías pueden no detectar el trabajo infantil.

Entonces, ¿cómo debe abordarse el trabajo infantil? En primer lugar, es fundamental que todas las acciones se adapten a contextos específicos, que pueden ir desde pequeñas explotaciones familiares remotas que viven por debajo del umbral de pobreza hasta grandes plantaciones que emplean a trabajadores migrantes que pueden llevar a sus hijos para ayudar en la cosecha y ganar un dinero extra.

El trabajo infantil es un problema complejo con diferentes causas sociales, económicas y políticas. Entre estas causas pueden figurar la falta de acceso a la educación, la débil aplicación de las leyes laborales, la falta de empoderamiento de la mujer, la pobreza y la protección social insuficiente para las personas pobres. Además, una pandemia grave se ha sumado a la lista.

Estimaciones mundiales del trabajo infantilImage: Organización Internacional del Trabajo

Se estima que un productor típico de cacao en Costa de Marfil, por ejemplo, gana solo US$1.908 al año con el cacao y US$2.900 con el total de sus ingresos. Esta cifra está muy por debajo de unos ingresos dignos, definidos en US$5.448, necesarios para garantizar un nivel de vida decente. Los ingresos bajos pueden llevar a los agricultores a mantener a sus hijos fuera de la escuela para trabajar en la finca, ya que contratar mano de obra adicional durante las cosechas puede resultar demasiado caro.

Es importante señalar que no todas las tareas que realizan los niños en las explotaciones agrícolas se consideran trabajo infantil. Al contrario, el trabajo puede ser positivo para un niño. Según su edad, los niños pueden realizar trabajos remunerados habituales o ligeros, o trabajar en la explotación familiar, siempre que no sea peligroso y no interfiera con la escuela. Esto puede ser una parte importante del aprendizaje del negocio familiar y ayudar a garantizar el futuro de las próximas generaciones de productores de cacao.

En lugar de que las empresas y las organizaciones de certificación rompan de inmediato la relación con un agricultor cuando se detecta un caso de trabajo infantil, la sensibilización y el apoyo pueden aumentar la probabilidad de que el niño vuelva a la escuela y ayude a su familia con tareas adecuadas a su edad por las tardes y los fines de semana. Imponer sanciones sin abordar la causa raíz puede ser destructivo para las familias y comunidades agrícolas. No contribuye en nada a sacar a los agricultores de la pobreza ni a erradicar el trabajo infantil.

Por eso, la Rainforest Alliance, una organización que trabaja para mejorar los medios de vida de los agricultores y proteger el medio ambiente, es una de las varias organizaciones que están adoptando un nuevo enfoque para afrontar el desafío mundial del trabajo infantil. El enfoque «evaluar y abordar» se centra en atacar las causas profundas del trabajo infantil; además, está en consonancia con los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos y las Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales.

El enfoque de evaluar y abordar incentiva a los agricultores a combatir la causa raíz del trabajo infantil en lugar de intentar ocultarlo. Las explotaciones deberán crear un comité interno encargado de prevenir el trabajo infantil, así como el trabajo forzoso, la discriminación y la violencia y el acoso en el lugar de trabajo. Las explotaciones trabajarán de forma proactiva en la prevención del trabajo infantil, investigando las causas locales del trabajo infantil y abordando dichas causas; sensibilizando sobre los trabajos que los niños pueden y no pueden realizar; y supervisando, identificando y subsanando los casos. Las explotaciones podrán compartir información sobre los avances que realizan para prevenir y responder al trabajo infantil con sus socios de la cadena de suministro y solicitarles más apoyo para abordar el problema.

El trabajo infantil seguirá sin tolerarse en las explotaciones certificadas, pero un caso identificado no conllevará la retirada inmediata de la certificación. En su lugar, las explotaciones deberán apartar al niño del trabajo infantil y apoyar a la familia para evitar la explotación continuada del menor. Este apoyo puede ir desde ayudar a una familia a obtener las partidas de nacimiento de sus hijos para poder matricularlos en la escuela, hasta solicitar un mejor acceso a los centros escolares y mejorar la calidad de la enseñanza, o apoyar a un agricultor para aumentar los ingresos del hogar.

Evidentemente, una sola organización no puede resolver por sí sola un desafío de esta complejidad y magnitud. Su solución requiere una colaboración a largo plazo entre distintos actores.

Los gobiernos deben garantizar que las leyes sobre trabajo infantil se ajusten a los convenios laborales internacionales y que se apliquen mediante inspecciones periódicas. Asimismo, deben facilitar el acceso a una educación gratuita y de calidad para los niños y a una atención sanitaria digna para todos. Apoyar a las familias vulnerables mediante protección social y ayudas a la renta también es esencial.

Image: Marcus Schaefer

Muchas de las grandes empresas de chocolate han estado en primera línea en la lucha contra el trabajo infantil mediante sistemas de seguimiento y reparación. Otras han avanzado de forma notable en la identificación de sus proveedores hasta el nivel de explotación, lo cual es un primer paso fundamental. También es esencial que las empresas colaboren con las ONG y los gobiernos en programas que aborden algunas de las causas profundas del trabajo infantil. Por último, pero no menos importante, pagar mejores precios para ayudar a los productores de cacao a alcanzar unos ingresos dignos también debería formar parte de la solución.

Las organizaciones de certificación y otras ONG que trabajan para crear cadenas de suministro de cacao más sostenibles deben seguir desempeñando su papel, impulsando cambios normativos y apoyando a las familias y comunidades para prevenir y resolver el trabajo infantil.

Por último, los consumidores deben hacer su parte exigiendo a las marcas que paguen a los agricultores un precio más justo por el cacao y que apoyen a las comunidades cacaoteras para que practiquen una agricultura más sostenible.

El trabajo infantil —no solo en la industria del cacao, sino también en el café, la avellana y otras cadenas de suministro mundiales— exige nuestra atención urgente. Todos debemos hacer nuestra parte para mejorar los medios de vida de los agricultores y las comunidades agrícolas de todo el mundo, de manera que se proteja a los niños y se les permita acceder a las oportunidades que merecen.

Abordar las repercusiones inmediatas y la propagación del COVID-19 en África Occidental es fundamental, pero recordemos que debemos mirar más allá y ayudar a crear sistemas más resilientes para un cambio duradero.

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