La COVID-19 demuestra que necesitamos una definición más amplia de la movilidad segura

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  • Debemos redefinir la «movilidad segura» para ir más allá de reducir los accidentes de tráfico e incluir factores como la bioseguridad y la seguridad pública, a fin de eliminar los riesgos para conductores y pasajeros.

  • Un futuro de la movilidad más seguro exige maximizar el uso de sistemas de conducción automatizada que apoyen, complementen y sustituyan a los conductores humanos cuando corresponda.


La seguridad es una parte intrínseca y esencial de cualquier servicio de movilidad exitoso, pero la COVID-19 nos ha obligado a reevaluar qué significa la seguridad. La crisis ha revelado tres áreas fundamentales en las que se puede fortalecer la movilidad. Abordar estos problemas supondrá ampliar la noción de movilidad segura para todas las personas en adelante.

Proteger a los conductores
Con menos personas al volante cada día como resultado de las medidas de distanciamiento físico, cabría esperar menos accidentes de tráfico. Por desgracia, como consecuencia de una caída del 40 % del tráfico, la velocidad excesiva ha aumentado drásticamente, y las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley encargadas de hacer cumplir la ley agencias de todo Estados Unidos y Europa señalan aumentos en el número de conductores que infringen la ley, mientras que algunas fuerzas policiales admiten que están relajando por completo la aplicación de las normas contra el exceso de velocidad para destinar sus esfuerzos a otras tareas.

Normalmente, la reducción de las millas recorridas por los vehículos (VMT, por sus siglas en inglés) se correspondería con una disminución del número de accidentes automovilísticos, pero parece que el aumento de la velocidad excesiva está provocando algunos preocupantes repuntes de los accidentes mortales y accidentes en los que se ven implicados usuarios vulnerables de la vía, y las tasas de mortalidad en carretera no están disminuyendo en consonancia con la reducción de las VMT.

Antes de las órdenes de confinamiento, los accidentes de tráfico ya causaban más de 1,3 millones de muertes y 50 millones de lesiones cada año, según la FIA. Cuando se producen muertes en otros tipos de transporte, como el ferroviario, la aviación o el marítimo, se trata de un hecho excepcional, una tragedia. Por desgracia, en el caso de las muertes en carretera, miles de fallecimientos cada día se consideran algo normal.

No tiene por qué ser así. Si avanzamos con mayor rapidez en las tecnologías de asistencia al conductor y los sistemas de conducción altamente automatizada, y demostramos que son más seguros en muchos aspectos que la situación actual, no solo estaremos reevaluando qué significa la seguridad, sino que estaremos ofreciendo una movilidad más segura. Además, la seguridad vial no debería limitarse a reducir las muertes causadas por vehículos. La seguridad debería abarcar el impacto ambiental de los vehículos y la creación de condiciones para un uso seguro del espacio público compartido.

¿Cuál es el futuro de la movilidad?

Conservar a los usuarios

La actual pandemia de COVID-19 nos está demostrando que nuestros servicios de movilidad —ya sean de transporte solicitado por aplicación, bicicletas de alquiler o transporte público— fallan rápidamente durante una crisis de salud pública por no estar preparados para una alteración tan brusca del sistema. Es perfectamente posible que, después de la COVID-19, las actitudes de los consumidores vuelvan a inclinarse hacia los automóviles privados y se alejen de soluciones de movilidad compartida más sostenibles. Mantener el uso de la movilidad compartida es esencial, no solo porque reduce el número de automóviles en circulación y, por tanto, evita accidentes, sino también porque, para muchas personas, el transporte público es la única opción para desplazarse al trabajo. El número de pasajeros y los ingresos deben recuperarse para que el sistema siga funcionando.


Para evitar este retroceso, debemos ampliar la definición de movilidad segura para que abarque la seguridad de los ocupantes y proteja la salud de la población en general. Lo ideal sería abordar las preocupaciones derivadas de la pandemia, como garantizar la bioseguridad de los pasajeros y establecer un acuerdo intersectorial para mantener limpios los vehículos, además del enfoque actual de la seguridad en la ingeniería y la fiabilidad.

Desplegar vehículos automatizados

La COVID-19 debería servir de llamada a la acción para los sistemas de conducción automatizada. Debemos plantearnos acelerar el despliegue de sistemas automatizados para resolver problemas concretos. Por ejemplo, ¿se podrían desplegar vehículos de reparto automatizados en zonas sometidas a confinamiento para entregar suministros esenciales y limitar así la exposición tanto de los conductores como de los residentes? ¿Se podrían utilizar vehículos autónomos para transportar materiales biológicos peligrosos, como muestras para pruebas, y limitar así la exposición de los conductores? ¿Podrían los sistemas de conducción altamente automatizada complementar los servicios de transporte público, manteniendo operativas las principales líneas de autobús y ampliando sus horarios para los trabajadores esenciales, al tiempo que se reduce la exposición de los conductores?

Estas consideraciones conllevan tensiones estratégicas. Si nos planteamos desplegar sistemas de conducción altamente automatizada para sustituir a los conductores de autobús, ¿lo hacemos para proteger la bioseguridad de los conductores o estamos reduciendo las oportunidades de empleo? Ambas cosas pueden ser ciertas, pero una de ellas puede ser difícil de defender en un momento en que millones de personas están perdiendo su empleo. Ahora mismo, es necesario mantener en funcionamiento el transporte público para que los trabajadores esenciales puedan llegar al trabajo. Esto no significa que se deba poner innecesariamente en peligro a los conductores de autobús.

Además, mientras los operadores de vehículos autónomos se preparan y estudian cómo reanudar las operaciones de desarrollo de estos vehículos, debemos considerar dónde y cómo desplegarlos para que sus beneficios se maximicen en aras del interés social, sin poner en riesgo la bioseguridad de nadie.

«Si queremos asegurarnos de que no se pierdan nuestros avances, es esencial adoptar un nuevo enfoque de la seguridad»

Tim Dawkins

Buscar respuestas

Para desarrollar soluciones viables, debemos abordar las preguntas aún sin respuesta y tener en cuenta las necesidades de la industria, los responsables de formular políticas y los usuarios. Por ejemplo, ¿tendremos que mantener durante años las medidas de distanciamiento físico en el transporte público? De ser así, ¿cómo podemos hacerlo y garantizar al mismo tiempo la viabilidad financiera de los distintos medios de transporte?

Además, ¿deberán ajustarse las normas de limpieza a códigos específicos y, de ser así, cómo haremos cumplir esos códigos? ¿Podemos aplicar tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial para ayudar a resolver algunos de estos problemas y mejorar la calidad de los servicios, a la vez que reducimos los costes? Por último, ¿qué papel deberían desempeñar los gobiernos al asociarse con empresas privadas para financiar soluciones?

Estas preguntas son solo un punto de partida, pero ilustran la creciente necesidad de colaboración intersectorial para determinar cómo podemos promover servicios de movilidad seguros y resilientes que protejan adecuadamente la salud pública. La pandemia de COVID-19 ya ha sacudido los cimientos del incipiente ecosistema de la nueva movilidad; si queremos asegurarnos de que no se pierdan los avances logrados hasta ahora, es esencial adoptar un nuevo enfoque de la seguridad.

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