La importancia de la educación climática en un mundo con COVID-19

The author and local volunteers collected more than 5 tons of waste from a local river
The author and local volunteers collected more than 5 tons of waste from a local riverImage: Sin Planeta B
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  • El papel que desempeñan las familias latinoamericanas en la educación de sus hijos está bien documentado.

  • Pero nuevas investigaciones sugieren que los niños desempeñan un papel importante al alentar a sus padres a adoptar conductas más sostenibles.

  • Un programa nacional de educación sobre el cambio climático en las escuelas tendría beneficios ambientales mucho más amplios.

Las nuevas generaciones de niños y adolescentes actúan cada vez más para asegurar su bienestar futuro frente a las implicaciones y los efectos del cambio climático. Por tanto, son actores clave que deben tenerse en cuenta al elaborar políticas que impulsen los cambios de comportamiento necesarios para combatir el cambio climático.

Se ha prestado mucha atención a la importancia y la participación de las familias latinoamericanas en la educación de sus hijos. Un informe de la UNESCO de 2005 señala que los padres de América Latina participan plenamente en la educación y el desarrollo de sus hijos. Gracias a su mayor participación, pueden ejercer su poder y autoridad durante más tiempo que las familias de otros continentes.

El informe también menciona que las primeras personas que educan a los niños son sus madres y padres, y que la educación que reciben en la escuela es una extensión de lo que aprenden en casa. La organización que dirijo, Sin Planeta B (No Planet B), ha estado evaluando hasta qué punto educar a los niños sobre el cambio climático en México puede contribuir a crear un futuro más sostenible al influir en el comportamiento de sus padres.

Estudios anteriores han demostrado cómo los niños pueden transmitir y traducir los conocimientos que adquieren en la escuela cuando vuelven a casa, lo que permite a sus familias mejorar sus actitudes y decisiones respecto a la alimentación y las actividades saludables. Del mismo modo, los niños utilizan ahora sus conocimientos y su capacidad de acción para influir en sus familias en México y favorecer decisiones mejores y más sostenibles frente al cambio climático. ­­­

Nuestra investigación

Mediante observaciones, entrevistas y cuestionarios, hemos estado averiguando hasta qué punto los hogares adoptan conductas sostenibles; entre los resultados, los niños suelen mencionar en casa si les enseñan o no a cuidar el medioambiente.

La mayoría de estos niños nos han contado cómo enseñan a sus padres a ser consumidores más responsables y a cuidar el medioambiente. Por ejemplo, cuentan cómo transmiten información sobre el consumo de energía de algunos aparatos electrónicos cuando están en modo de espera, o sobre la importancia de consumir productos locales debido a su menor huella ecológica. Mientras tanto, los padres nos cuentan que sus hijos los invitaron o casi los obligaron a participar en actividades ambientales, como la reforestación y la limpieza de ríos.

También hemos descubierto que la mejor edad para educar a los niños sobre el cambio climático es entre los 8,5 y los 11 años, aproximadamente; según nuestra experiencia, es cuando los niños son más proactivos y realmente quieren aprender sobre este tema.

Entonces, ¿cómo podría un programa nacional de educación sobre el cambio climático promover conductas respetuosas con el medioambiente entre todos los ciudadanos?

Se ha observado que en las escuelas y localidades situadas en lugares con oportunidades educativas limitadas y un nivel socioeconómico más bajo, la cultura ecologista puede ser inexistente, y que los ingresos y la educación pueden desempeñar un papel importante a la hora de determinar las conductas sostenibles.

Nuestra investigación, por ejemplo, ha demostrado que los niños y adolescentes de familias con un nivel educativo avanzado y mayores ingresos muestran más conciencia ambiental y disposición a aprender sobre el cambio climático que los niños y adolescentes de familias con menor nivel educativo e ingresos más bajos.

Los resultados de nuestras entrevistas y actividades con niños refuerzan el argumento de que existe una correlación entre el nivel educativo y el estilo de vida, así como entre la conciencia y la educación sobre el cambio climático y los temas ambientales.

Hemos aprendido que una de las principales razones es que las personas con menor nivel educativo y menores ingresos están más preocupadas por conseguir alimentos y acceder a servicios básicos como la atención sanitaria, la vivienda y la educación; las preocupaciones ambientales quedan relegadas a una prioridad menor.

Sobre todo, parece pertinente recordar que, dadas las condiciones ambientales actuales del mundo, es necesario ampliar la educación sobre el cambio climático para encontrar mejores estrategias que nos ayuden a mitigar el cambio climático y adaptarnos a él. Aunque la educación sobre el cambio climático apenas está en sus inicios, ofrece perspectivas prometedoras, como indican los estudios relacionados sobre la capacidad de acción de los niños a través de la educación. Por ahora, las pruebas existentes son anecdóticas; será necesario mejorar el seguimiento y la evaluación para recopilar más datos cuantitativos.

Empoderar a los niños como agentes de la educación sobre el cambio climático aprovechará la participación de las familias. Los niños actuarán para ayudar a sus padres a promover cambios en su comportamiento.

Hemos visto cómo las temperaturas han aumentado en los últimos años; los últimos cinco han sido los más calurosos jamás registrados. Pero las medidas temporales adoptadas para hacer frente a esta pandemia no parecen constituir una respuesta duradera al desafío del cambio climático. ¿Por qué? Porque la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la contaminación atmosférica que hemos observado recientemente es solo una respuesta inmediata a la pausa de nuestro modelo de economía lineal. El daño que estamos causando al planeta debido a las emisiones de gases de efecto invernadero continuará.

Aun así, hemos sido testigos de lo que ocurre cuando le damos un respiro al planeta. Entonces, ¿por qué no hacerlo de forma permanente? ¿Por qué no ser más considerados con la Tierra, cambiar nuestros hábitos y aprender a coexistir con el mundo natural?

La COVID-19 nos ha enseñado el impacto de una pandemia, pero aún nos espera otro gran desafío: el cambio climático. Debemos empezar ahora a cambiar nuestro comportamiento. Debemos empezar a educarnos sobre el cambio climático y el medioambiente. Así tendremos más recursos para aplicar buenas estrategias de mitigación y adaptación.

Al enseñar a una generación de niños y adolescentes, también se influirá en otra generación para que adopte conductas ambientales sostenibles. La puesta en marcha de un programa nacional de educación sobre el cambio climático servirá para promover conductas respetuosas con el medioambiente entre todos los ciudadanos.

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