Debe adoptarse un enfoque de múltiples políticas que tenga en cuenta la salud pública, la resiliencia económica, el cambio climático y el riesgo demográfico.
Es fundamental una respuesta coordinada de la comunidad mundial.
El apoyo tecnológico es esencial en la lucha contra el virus.
Es necesario establecer un nuevo tipo de contrato social entre las personas y la sociedad.
La pandemia mundial de coronavirus se está convirtiendo en uno de los desafíos más difíciles para la humanidad de los últimos tiempos: la COVID-19 ha infectado a más de dos millones de personas en todo el mundo, ha cerrado fronteras y ha ralentizado la actividad económica. Las importantes fluctuaciones de los mercados financieros ponen de relieve el alcance de la perturbación y la incertidumbre.
En las últimas semanas, los investigadores han intentado ofrecer orientación sobre políticas en estas circunstancias, que cambian con rapidez. Este comentario se centra en la necesidad de colaboración, condición esencial para la recuperación mundial, y expone algunas preguntas y desafíos clave que los responsables de formular políticas y sus respectivas comunidades deben tener en cuenta de cara al futuro.
La COVID-19 surgió en un momento en que el mundo había experimentado cambios significativos debido a los avances tecnológicos, la globalización y los cambios demográficos. Como resultado, gestionar el esfuerzo coordinado necesario para combatir la COVID-19 es especialmente difícil. Varios aspectos de este desafío requieren un enfoque de múltiples políticas, coordinación mundial, apoyo tecnológico y un nuevo tipo de contrato social entre las personas y la sociedad.
Respuesta con múltiples políticas
Si bien las medidas inmediatas de salud pública para combatir el virus son la forma más eficaz de salvar vidas y evitar que la rápida transmisión desborde el sistema de salud pública, estas medidas contra la crisis deben complementarse con políticas fiscales y monetarias para aplanar la «curva de recesión económica», prestando especial atención a las economías más vulnerables y aplicando medidas de apoyo mutuo sin paralizar la economía mundial.
La respuesta con múltiples políticas debe diseñarse teniendo en cuenta el desafío del cambio climático, la evolución de las tendencias demográficas de nuestras sociedades y las herramientas que tenemos ahora a nuestra disposición gracias a los rápidos avances tecnológicos.
Para combatir esta pandemia, se han puesto en marcha planes de estímulo a gran escala. Sin embargo, deberíamos replantearnos el impulso de volver directamente a la trayectoria de crecimiento anterior. Tras la crisis financiera de 2008, las industrias de combustibles fósiles recibieron una parte significativa de los fondos de rescate. Conviene considerar alternativas ecológicas en el plan de recuperación económica posterior al virus. En comparación con hace 12 años, hoy abundan las opciones de inversión ecológica en sectores como las energías renovables, la transmisión de datos de alta velocidad, los cargadores para vehículos eléctricos y la infraestructura de fibra óptica, entre otros.
La COVID-19 también nos recordó una fuente de presión menos visible: el riesgo demográfico. La población mundial está envejeciendo. La COVID-19 afecta de manera desproporcionada a las personas mayores, lo que nos recuerda que debemos prepararnos mejor para proteger a nuestros ciudadanos más vulnerables e innovar para atenderlos mejor, teniendo en cuenta los efectos desproporcionados en las personas mayores, cuyos fondos de jubilación pueden ser escasos. También es un llamado a optimizar los sistemas de pensiones desde la perspectiva de la sostenibilidad.
Coordinación mundial
Es fundamental una respuesta coordinada de la comunidad mundial. La pandemia de gripe de 1918, conocida como la gripe española , causó 100 millones de muertes, y se estima que la peste negra causó aún más. Ambas ocurrieron cuando el mundo estaba más fragmentado y el intercambio de información era limitado. La epidemia del virus del Ébola de 2014-2015, un ejemplo más reciente, se contuvo gracias a una respuesta conjunta eficaz de la comunidad internacional. El desafío singular que plantea la COVID-19, como enfermedad respiratoria altamente contagiosa, pone de relieve la urgencia de una colaboración eficaz de este tipo en el ámbito de la salud pública, pero también en el comercio y la actividad comercial, ya que afecta directamente a la distribución de recursos.
La perturbación de la economía mundial provocada por la pandemia se produjo en un momento interesante. Tras un período de rápida globalización, el mundo apenas había comenzado a renegociar las condiciones comerciales y a experimentar, hasta cierto punto, un retroceso de la integración mundial.
Muchos habían lamentado el efecto de «tazón de fideos» por reducir los beneficios económicos del comercio como consecuencia de la creciente complejidad de los acuerdos comerciales. Las recientes perturbaciones de las cadenas de suministro y la logística mundiales mostraron que quizá era peor tener un tazón sin «fideos». Por tanto, esta crisis ofrece la oportunidad de volver a examinar los marcos de la globalización y aplicar mejoras con una gobernanza adecuada.
Los canales de comunicación eficaces son fundamentales para que los esfuerzos multilaterales se lleven a cabo con éxito. En el momento crítico de una pandemia mundial, es más provechoso aprender mutuamente que permitir que las diferencias o las ideas preconcebidas obstaculicen resultados productivos.
Apoyo tecnológico
Las tecnologías han afectado a todos los sectores industriales y ahora se están utilizando como herramientas poderosas para combatir la COVID-19. La inteligencia artificial, por ejemplo, ha experimentado un auge y ha desempeñado un papel fundamental en esta lucha contra el virus.

En los últimos años, las empresas con operaciones en China han desarrollado capacidades en el ámbito de la salud. Gracias a la posibilidad de aprender rápidamente a partir de los datos relacionados con el virus, los algoritmos han ahorrado tiempo y trabajo humano al secuenciar el genoma del Sars-CoV-2, diseñar pruebas de laboratorio, analizar tomografías computarizadas y desarrollar nuevas vacunas. Más allá del ámbito de la salud, las mejoras en el software y los mercados en línea han permitido que una parte de la población siga trabajando, reciba educación y obtenga artículos de primera necesidad en situaciones en las que antes no era posible.
Las personas y la sociedad
En tiempos de crisis, se acentúa la tensión entre el interés individual y el colectivo. Cuando los recursos escasean, las personas suelen recurrir a los gobiernos para recibir ayuda coordinada de rescate. Sin embargo, este esfuerzo también plantea un dilema moral, ya que las personas conservan la capacidad de elegir cómo comportarse dentro de los límites de la ley. Sus acciones también se guían por un análisis de costos y beneficios de sus propios intereses, junto con los intereses de la sociedad en su conjunto y, a veces, dando prioridad a los primeros.
Por ello, es importante que las personas, las empresas y los gobiernos establezcan un marco que delimite las responsabilidades y, al mismo tiempo, preserve los valores que sustentan los cimientos de cada comunidad. Es necesario reajustar los incentivos para acumular reservas en los períodos de bonanza y así disponer de un colchón eficaz y un mecanismo de respuesta ante las recesiones.
La palabra china para «crisis» encierra un doble significado: riesgo y oportunidad. A medida que el mundo se une, la comunidad mundial encontrará formas constructivas de colaboración y un camino colectivo hacia el futuro.
