China, Corea del Sur y Taiwán son solo algunos de los lugares que utilizan el big data, la IA y otras tecnologías emergentes para gestionar los efectos y mitigar los riesgos de la COVID-19;
Jamaica y varios países del continente africano ofrecen buenos ejemplos de enfoques de liderazgo que han sido útiles en este momento de crisis;
En aquellas naciones donde aún no se dispone de tecnología de la Cuarta Revolución Industrial, un liderazgo sólido reviste una importancia primordial.
A medida que los casos de COVID-19 siguen aumentando en todo el mundo, la conectividad sin igual que define nuestra era actúa como una maldición y una bendición a la vez. Nuestros medios de vida interconectados permiten la rápida propagación tanto de la enfermedad como de la cura.
Debemos adoptar las herramientas del mañana para defender la seguridad de nuestro futuro, y un buen liderazgo es más necesario que nunca.
La Cuarta Revolución Industrial nos proporciona las herramientas que necesitamos para combatir esta amenaza mundial
Nuestra capacidad para crear un marco dinámico e interconectado de datos sanitarios nunca ha sido tan necesaria. Taiwán, que ha logrado sofocar con éxito su número de casos, ha adoptado un enfoque muy basado en los datos para combatir la COVID-19. Aprovechando el big data, han creado bases de datos con amplios recursos para rastrear y predecir el riesgo de contagio, que se utilizan junto con extensos protocolos de cribado en los aeropuertos. El rastreo móvil también se ha empleado para garantizar que las personas de alto riesgo permanezcan en cuarentena en sus domicilios, lo que ha permitido hacer cumplir eficazmente el distanciamiento social.
Herramientas similares, que implican la cartografía de posibles portadores, también se han utilizado en Singapur y Corea del Sur. Se invita a otros países a considerar seriamente su utilidad para aplanar la proverbial curva.
La inteligencia artificial (IA) también ha sido de gran utilidad para que los Estados gestionen su número de casos. A pesar de las preocupaciones en materia de privacidad, el análisis de datos personales, de viajes y clínicos permite una modelización predictiva precisa que puede informar las evaluaciones del riesgo de contagio y de mortalidad. Además, la IA puede ser una valiosa herramienta de triaje mediante chatbots virtuales, un recurso considerablemente importante en escenarios de alta demanda clínica.
Se han utilizado varios modelos de IA en China para aumentar las tasas de diagnóstico mediante la interpretación de resultados radiográficos en una fracción del tiempo requerido por la intervención humana, cubriendo así las lagunas derivadas de la falta de conocimientos clínicos especializados. China también ha aprovechado el poder de los robots y los drones, que han demostrado ser fundamentales para reducir el contacto interpersonal al facilitar la entrega de alimentos y medicamentos y la desinfección de los espacios públicos.
Estas herramientas del mañana han contribuido considerablemente a potenciar nuestros esfuerzos en esta respuesta mundial, pero una buena ejecución debe equilibrarse con una buena estrategia. Los países que no pueden aprovechar de inmediato las capacidades de la Cuarta Revolución Industrial deben recurrir a una acción rápida y estratégica.
Si no disponemos de las herramientas del mañana, debemos contar con el liderazgo de hoy
Tras habernos adentrado de forma repentina en aguas inexploradas, nuestra realidad actual exige un liderazgo responsable. La COVID-19 ha alterado de inmediato las formas en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos con nuestro entorno, y la capacidad de adaptarse, implicarse e inspirar durante una crisis es más importante que nunca.
El liderazgo durante la COVID-19 se ha manifestado a menudo en forma de acción rápida y decidida. Al igual que China, la República Checa implantó con rapidez el uso generalizado de mascarillas junto con los esfuerzos de confinamiento, lo que logró aplanar la curva con éxito. Jamaica, un punto en el mapa mundial, ha puesto en marcha medidas rápidas y estratégicas para contener el virus mediante la sensibilización temprana de la población y la búsqueda exhaustiva de la alfabetización sanitaria a gran escala. Además de medidas sociales estrictas y tempranas, se han procurado con rapidez recursos clínicos y se ha dado una gran prioridad a la detección temprana de casos mediante un nivel notable de previsión.
Varias otras islas del Caribe (en particular las Islas Caimán y San Vicente y las Granadinas) se han adelantado a la curva al prepararse para la COVID-19 antes de que la amenaza llegara a sus costas. Al igual que Jamaica, han sido rápidas en implementar toques de queda para mitigar la transmisión comunitaria y han comunicado de forma rápida, transparente y exhaustiva. Estas medidas han situado a Jamaica en el mapa mundial en la lucha contra la COVID, y el Director General de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha reconocido públicamente sus esfuerzos.
Varios países del continente africano han sido especialmente proactivos en la respuesta a la COVID-19. Senegal y Nigeria, con las cicatrices del brote de ébola grabadas en su memoria reciente, han respondido a la COVID de forma pronta y rápida, dando prioridad estratégica a las pruebas masivas. Sudáfrica ha adoptado las pruebas en automóvil como un medio inteligente para agilizar los esfuerzos de diagnóstico.
En Oceanía, Australia ha demostrado un alto nivel de proactividad al implementar protocolos de aislamiento estrictos que han tenido un éxito considerable en contener la propagación del virus. Estas medidas también fueron implementadas rápidamente por Singapur y Corea del Sur, que, aunque cuentan con altos niveles de capacidad tecnológica, son ejemplos de liderazgo durante una crisis que debe reconocerse.
Debemos hacer lo que podamos con lo que tenemos en esta lucha contra la COVID-19
La Cuarta Revolución Industrial ha dotado a la sociedad de herramientas muy potentes, y debemos aprovechar sus capacidades, siempre que sea posible, para ganar esta batalla. Sin embargo, no pueden sustituir a un liderazgo sólido. El liderazgo se ha convertido en una herramienta vital en los Estados que tienen infraestructuras tecnológicas sanitarias poco desarrolladas y se ven obligados a seguir las eminentes palabras de orientación de Theodore Roosevelt: “hacer lo que puedan, con lo que tienen”.
Cuando nuestros líderes simplemente no disponen del apoyo de la tecnología para combatir esta amenaza, deben tener el corazón, el cerebro, el músculo, los nervios y el alma: elementos del liderazgo descritos por el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab. Bien podrían ser nuestra salvación en esta lucha por la humanidad.

