Cómo impulsar la resiliencia mundial ante la COVID-19

A sign thanking key workers is seen, as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, in Herne Hill, London, Britain March 30, 2020. REUTERS/Hannah McKay - RC26UF93M9AU
A sign thanking key workers is seen as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, in London, March 30, 2020.Image: REUTERS/Hannah McKay
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  • Ningún país puede prevenir por sí solo un riesgo global como la COVID-19.

  • Los gobiernos y las empresas pueden afrontar estos desafíos mejorando su resiliencia.

  • Los líderes deben aplicar el pensamiento sistémico para responder a la COVID-19 y prepararse para riesgos futuros.

Más de 180 países y territorios han confirmado un caso de coronavirus, y el número de casos en todo el mundo ha alcanzado más de 870.000. Como un frente de tormenta masivo, la crisis amenaza no solo con desbordar los sistemas sanitarios, sino también con chocar de forma impredecible con los servicios de cuidado infantil, la educación, el empleo y el transporte.

La cuestión para los líderes nacionales es si sus países podrán sortear esta crisis sin precedentes mientras atraviesa las fronteras. Abordarla exige aceptar dos axiomas fundamentales. En primer lugar, los riesgos globales, como las pandemias, se manifiestan tanto a nivel nacional como local. En segundo lugar, ningún país puede, por sí solo, evitar que se produzcan estos episodios ni mitigar su impacto.

Por desgracia, muchos líderes parecen no entender estas reglas. Lo que en gran medida sí comparten es que se necesitan medidas económicas sin precedentes para hacer frente a un choque simultáneo de demanda y oferta de esta magnitud y duración. Mientras la ciudadanía espera a que estas medidas se implementen, cada comunidad está siendo puesta a prueba.

Los gobiernos y las empresas pueden afrontar estos desafíos aprendiendo sobre su resiliencia y fortaleciéndola, un término asociado históricamente con la prueba de resistencia de materiales o estructuras en ingeniería. Tras la Gran Recesión posterior a 2008, la resiliencia surgió como un concepto central para abordar los riesgos financieros globales. Por ejemplo, en la edición de 2013 del Informe sobre Riesgos Globales, la resiliencia se definía como la capacidad de “recuperarse más rápido tras una presión, soportar presiones mayores y verse menos alterado por una determinada cantidad de presión”.

El informe también destacaba que, “[los riesgos globales pueden manifestarse en muchos países al mismo tiempo, pueden extenderse a través de países que comparten fronteras, tienen fundamentos similares o dependen de los mismos sistemas críticos”. El FEM propuso un marco novedoso para evaluar la resiliencia financiera. Mediante indicadores cualitativos y cuantitativos, la herramienta de diagnóstico funcionaba como una radiografía que los responsables de decisiones nacionales podían utilizar para revelar debilidades en la preparación ante riesgos globales que no eran evidentes con los métodos tradicionales de evaluación de riesgos.

Una lección crucial para los líderes (especialmente a nivel local) es que la resiliencia es lo más importante cuando se trata de riesgos difíciles de predecir o, debido a la escasez de conocimiento, de gestionar eficazmente. La lección más importante es evitar analizar estos riesgos de forma aislada. En su lugar, los líderes deben adoptar una mentalidad de pensamiento sistémico, basada en un proceso multinivel para determinarlos.

Los líderes deben ahora pensar en su país como un sistema compuesto por sistemas más pequeños y que forma parte de sistemas más grandes que afectan a su resiliencia. Los riesgos globales pueden tener efectos profundos en la capacidad de los políticos para gobernar, en las relaciones entre empresas y gobiernos, en la eficiencia del gasto público y la aplicación de reformas, en la confianza pública, en las medidas anticorrupción y en la prestación de servicios para mejorar el desempeño empresarial.

Mapa de interconexiones de los riesgos globales 2020Image: Encuesta sobre la percepción de riesgos globales 2019-2020 del Foro Económico Mundial

A diferencia de predecir las tensiones que sufre un edificio ante un huracán, predecir las relacionadas con la COVID-19 es una tarea sisífica. Sistemas como la atención sanitaria o la educación son demasiado complejos para que los cálculos matemáticos determinen el riesgo y sus consecuencias. Pero el pensamiento sistémico puede sentar las bases para evaluar la resiliencia considerando la robustez, la redundancia, la capacidad de improvisación, la respuesta y la recuperación de un sistema y de un país.

Conviene dar algunas definiciones. “Robustez” significa diseñar salvaguardas y cortafuegos en las redes críticas de una nación y hacer que las cadenas de mando para la toma de decisiones sean modulares para responder a circunstancias cambiantes. “Redundancia” implica disponer de capacidad excedente y sistemas de respaldo para que la funcionalidad esencial de las infraestructuras e instituciones críticas pueda mantenerse durante las perturbaciones. “Capacidad de improvisación” es la habilidad para adaptarse de forma flexible a las crisis, de modo que las industrias y las comunidades puedan generar confianza y descubrir soluciones para resolver desafíos imprevistos. “Respuesta” se refiere a la capacidad de movilizarse con rapidez frente a las crisis, con métodos sólidos para recopilar información relevante de todos los sectores de la sociedad y comunicarla a otros. “Recuperación” es la capacidad de recobrar un grado de normalidad tras una crisis o un suceso.

Es imperativo que los líderes aumenten la resiliencia. Para ello, los gobiernos deben garantizar la confianza pública a fin de actuar de forma eficaz y eficiente, y el sector privado debe trabajar con los gobiernos para asegurar la preparación y la respuesta locales. Otra forma de aumentar la resiliencia es que la sociedad civil actúe como vigilante frente a la corrupción, el despilfarro y la falta de transparencia. La Plataforma de Acción COVID, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, está movilizando a las partes interesadas para proteger vidas y medios de subsistencia y reforzar estos esfuerzos en todo el mundo.

En los países del mundo que ya se enfrentan a graves brotes de COVID-19, la solidaridad, la compasión y la colaboración que estamos presenciando son una prueba del poder de la resiliencia local. Para los países o comunidades que hasta ahora no han sido golpeados con fuerza, los líderes deben actuar ahora.

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