La pandemia de COVID-19 está planteando interrogantes sobre los riesgos en las cadenas de suministro.
Las interrupciones pasadas ofrecen lecciones para la crisis actual.
Entre las soluciones se encuentran el intercambio de datos, las redes de confianza y la aportación de múltiples partes interesadas a la legislación.
Los gobiernos luchan por determinar la respuesta comercial adecuada a la pandemia de COVID-19 en medio de una creciente turbulencia económica. Las primeras respuestas muestran las dificultades y el riesgo de equivocarse. Una respuesta comprensible, consistente en confinar todo para frenar la propagación de la enfermedad y controlar el equipamiento, también limita la circulación de los trabajadores esenciales e impide que las cadenas de suministro críticas funcionen con eficacia
Más de 50 países hanrestringido la exportación de determinados suministros médicos a mediados de marzo, y en todo el mundo se han establecido barreras a los viajes, que en muchos casos incluso bloquean la circulación entre regiones subnacionales. Las medidas aplicadas más allá de las fronteras, como el cierre de hoteles, hacen que los trabajadores de las cadenas de suministro —desde científicos investigadores hasta ingenieros y pilotos de carga— vean limitada su capacidad para operar con eficacia.
Las empresas piden a los gobiernos que apliquen las políticas de respuesta a la pandemia de forma inteligente y flexible, para evitar la paralización del sistema de suministro de bienes médicos en el momento en que más se necesitan. A corto plazo, las empresas también necesitan flexibilidad para adaptar la producción y fabricar bienes críticos; financiación de la cadena de suministro que permita a los proveedores seguir trabajando; y adaptabilidad jurídica para afrontar problemas prácticos, como la aceptación de firmas digitales que reduzcan el contacto humano. Los bienes críticos no deberían permanecer días esperando el despacho aduanero.
A largo plazo, es evidente la necesidad de visibilidad sobre los datos de la cadena de suministro y de capacidad para prestar servicios digitalmente a través de las fronteras, ya sea para la telemedicina o la educación. Las decisiones comerciales que se tomen ahora ayudarán a determinar si en el futuro disponemos de fuentes de suministro diversas, rentables y accesibles.

Una sacudida para el sistema
Más allá de la necesidad inmediata de suministros, se están planteando interrogantes sobre el riesgo inherente a las estructuras actuales de las cadenas de suministro. En las últimas décadas, las cadenas de suministro se han globalizado, especializado y vuelto más esbeltas o just-in-time. Son más eficientes y menos arriesgadas en determinados ámbitos, pero potencialmente más expuestas a una ruptura de la cooperación.
Durante este periodo, los gestores de las cadenas de suministro han afrontado numerosas sacudidas, de las que a menudo han salido un poco más sabios y con una cadena de suministro más sólida. El gran terremoto y tsunami del este de Japón, las inundaciones en Tailandia, el volcán Eyjafjallajökull, el auge de la piratería marítima y el brote de verduras contaminadas con E. coli: todos estos hechos sacudieron las cadenas de suministro en regiones enteras.
Una encuesta del Foro Económico Mundial de 2012 a profesionales de las cadenas de suministro clasificó las interrupciones con más probabilidades de provocar efectos significativos y sistémicos en las redes de cadenas de suministro. La lista incluía pandemias, desastres naturales, fenómenos meteorológicos extremos, conflictos, choques de demanda, fallos de las TIC y restricciones a la exportación e importación. Salvo los desastres naturales y el clima, el resto de factores pueden influirse, si no controlarse por completo. Por ello, resulta sumamente desalentador, desde las perspectivas humana y económica, constatar la creciente lista de restricciones a la exportación de suministros médicos.

Sin embargo, los desencadenantes de las interrupciones de las cadenas de suministro son difíciles de prever y, en ocasiones, no son ni controlables ni influenciables. La solidez de las redes es fundamental para garantizar que la demanda pueda satisfacerse con la oferta incluso en tiempos extraordinarios. La COVID-19 y las respuestas asociadas están provocando una conmoción extraordinaria tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda en la economía mundial, al paralizar la producción y reducir el consumo, incluso cuando la demanda de materiales sanitarios se dispara.
Tanto los gobiernos como las empresas han respondido a las dificultades pasadas con esfuerzos por mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro. Un elemento fundamental en este sentido es la información. De hecho, la misma encuesta reveló que cuatro de las cinco principales vulnerabilidades globales de las cadenas de suministro están relacionadas con la visibilidad a lo largo de las extensas redes de suministro.

Los planificadores de las cadenas de suministro han avanzado notablemente en la reducción de la fragilidad, sobre todo al aumentar la información y alinear mejor el riesgo con la responsabilidad. Los gestores de riesgos, al reflexionar sobre las interrupciones anteriores, destacaron cinco estrategias prioritarias para seguir mejorando: cuantificación del riesgo, planificación de escenarios, intercambio de datos, redes de confianza y aportación de múltiples partes interesadas a la legislación.

Mientras los gobiernos, los profesionales sanitarios y los responsables de logística responden a la crisis actual, conviene recordar estas cinco recomendaciones derivadas de las sacudidas pasadas en las cadenas de suministro.
Mejorar la compatibilidad internacional e interinstitucional de las normas y los programas de resiliencia.
Garantizar que los riesgos de la cadena de suministro y del transporte se evalúen como parte de los procesos de adquisición, gestión y gobernanza.
Desarrollar redes de confianza, integradas por proveedores, clientes, competidores y funcionarios gubernamentales, centradas en la gestión de riesgos.
Mejorar la visibilidad de los riesgos de la red mediante el intercambio de información y el desarrollo de herramientas estandarizadas de evaluación y cuantificación de riesgos.
Mejorar la comunicación de riesgos antes y después de las interrupciones, para crear un debate más equilibrado entre los sectores público y privado.
La economía mundial y el comercio internacional atraviesan actualmente una conmoción enorme, con fuertes caídas de la demanda en muchos ámbitos y picos en otros. Se está produciendo una reducción drástica de la inversión extranjera. Como la oferta y la demanda de equipamiento médico están más desajustadas en los países en desarrollo, estos serán los que sufran con mayor dureza las interrupciones de las cadenas de suministro. Debemos evitar agravar esta situación mediante restricciones al comercio o a la inversión. En el corto plazo, la respuesta a la crisis requiere comunicación y flexibilidad.
No es demasiado pronto para pensar detenidamente en la reactivación de las economías y en la reconstrucción de un sistema comercial resiliente y receptivo, capaz de afrontar la próxima interrupción, sea cual sea. La desvinculación y la relocalización, aunque superficialmente tentadoras, son propuestas excesivamente simplistas. En cambio, demostrar que, como naciones, nos preocupamos por quienes están más allá de nuestras fronteras reforzará nuestra respuesta actual y garantizará cadenas de suministro resilientes para el mañana.

