Algunos 99 % de los niños del mundo viven con restricciones a la movilidad debido a la COVID-19.
El 60 % vive en países bajo confinamiento total o parcial por el coronavirus
1.500 millones de niños están fuera de la escuela.
Los niños prosperan cuando están seguros y protegidos, cuando los vínculos familiares y comunitarios son estables y enriquecedores, y cuando se satisfacen sus necesidades básicas.
La pandemia de coronavirus y las medidas sin precedentes para contener su propagación están alterando casi todos los aspectos de la vida de los niños: su salud, desarrollo, aprendizaje y comportamiento, la seguridad económica de sus familias y su protección frente a la violencia y los abusos.
Y su salud mental.
Hoy, el 99 % de los niños del mundo vive bajo algún tipo de restricción de la movilidad relacionada con la pandemia; el 60 % vive en países bajo confinamiento total o parcial y 1.500 millones de niños están fuera de la escuela. Esto es especialmente trágico para los niños más pobres, que dependen de los programas de alimentación escolar para recibir su única comida diaria regular.
Los niños más pequeños corren un gran riesgo, ya que los altos niveles de estrés y aislamiento pueden afectar al desarrollo cerebral, a veces con consecuencias irreparables a largo plazo.
Muchos niños y jóvenes también afrontan separaciones familiares, cuidan de familiares enfermos e incluso sufren la muerte de seres queridos.
Las niñas se ven especialmente afectadas: las medidas de contención han provocado un aumento de la violencia de género, los embarazos infantiles e incluso los matrimonios infantiles. Todo ello mientras asumen una mayor responsabilidad en las tareas domésticas y el cuidado de sus familiares.
Es posible que los niños y las familias migrantes y desplazados no reciban información vital en un idioma que entiendan, lo que alimenta la ansiedad.
Quienes ya viven desastres humanitarios, como los conflictos, corren un riesgo aún mayor: no solo por la COVID-19, sino también porque los sistemas se derrumban a su alrededor y se destruye toda sensación de normalidad y seguridad.
Y, a medida que el mundo entra en lo que parece ser una recesión profunda y prolongada, se pierden empleos y las familias pierden valiosas fuentes de ingresos, la sensación de seguridad, protección y normalidad de los niños se verá puesta a prueba como nunca antes.
En las primeras etapas de la pandemia, UNICEF se unió a nuestras organizaciones asociadas para encuestar a 1.700 niños, padres, docentes y cuidadores de 104 países sobre cómo afectaba la pandemia a sus vidas, en particular a su salud mental y bienestar psicosocial.
Los niños nos dijeron que les preocupaba quedar aislados de sus familiares y amigos, contagiarse e incluso morir a causa del virus.
Los padres nos dijeron que no sabían cómo abordar los temores de sus hijos ni cómo explicar medidas de contención extremas, como el distanciamiento social.
A partir de la encuesta, UNICEF se unió a varias organizaciones asociadas para crear Mi héroe eres tú: un libro de cuentos para niños que les ayuda a comprender mejor la COVID-19 y cómo pueden protegerse.
Pero la encuesta también nos recordó que, como comunidad mundial, tenemos la responsabilidad de velar por la salud y el bienestar de los niños —incluidos su salud mental y bienestar psicosocial— y de apoyar a los padres y cuidadores para que, a su vez, apoyen a los niños y jóvenes.
Debemos actuar ahora para reunir y movilizar recursos públicos y privados que apoyen la salud mental y el bienestar psicosocial de los niños y jóvenes más vulnerables del mundo en este momento extraordinario.
Estas son tres formas en que podemos proteger colectivamente a los niños, adolescentes y cuidadores del impacto psicológico potencialmente devastador de esta pandemia.
1. Inversiones públicas y privadas inmediatas en servicios y programas de salud mental y apoyo psicosocial para niños y jóvenes durante toda su infancia, especialmente en entornos con recursos limitados.
2. Políticas, programas y servicios comunitarios adaptados a las necesidades específicas de los niños y jóvenes durante pandemias como la COVID-19. UNICEF trabaja ahora con sus asociados para adaptar sus programas e integrar el apoyo a la salud mental y psicosocial de diversas maneras: desde el aprendizaje a distancia para los niños que no pueden ir a la escuela y el apoyo a la salud mental de los trabajadores de primera línea, hasta el contacto proactivo con niños que muestran signos de afecciones preexistentes de salud mental y el uso de la tecnología para llegar directamente a quienes necesitan apoyo y asesoramiento. Con oficinas en 192 países y en contextos diversos, UNICEF está preparado para apoyar a los gobiernos y las autoridades mientras diseñan y ponen en práctica estas medidas.
3. Incluir las necesidades de los niños y jóvenes en cualquier debate o aplicación de confinamientos o medidas de contención. En todo nuestro trabajo, debemos movilizar directamente a los niños y adolescentes, escuchar sus necesidades y diseñar programas y servicios en torno a ellas. Como nos dicen los jóvenes: «Nada sobre nosotros sin nosotros».
Lo que está en juego no podría ser más importante. Si no se abordan de manera adecuada y apropiada, las consecuencias para la salud mental de toda una generación de niños y jóvenes podrían superar con creces el impacto inmediato de la pandemia de COVID-19 en la salud y la economía, y dejar tras de sí consecuencias sociales y económicas a largo plazo.
Hacemos un llamamiento a los gobiernos, las empresas, los donantes y los líderes para que nos ayuden urgentemente aportando sus recursos, creatividad, innovación y compromiso a esta iniciativa, mientras reconstruimos mejor, damos forma a un mundo más saludable y seguro para cada niño y joven, y apoyamos su salud mental y bienestar en cada etapa del camino.
Para obtener más información, póngase en contacto con la Dra. Zeinab Hijazi, especialista en salud mental y apoyo psicosocial, zhijazi@unicef.org.
