El aumento de la energía renovable durante la pandemia no se debe únicamente a circunstancias excepcionales.
Pero es posible que la COVID-19 también haya acelerado el fin de la energía generada con combustibles fósiles en el sector eléctrico.
Ahora, los gobiernos y las empresas pueden garantizar que sigamos avanzando sobre la base de este nuevo paradigma energético.
La COVID-19 ha llevado la generación de energía a partir de combustibles fósiles al límite. Cuando se introdujeron las medidas de confinamiento, la demanda mundial de energía cayó de forma drástica, hasta niveles que no se veían desde hacía 70 años. La AIE ha estimado que la demanda total de energía se contrajo un 6 % y que las emisiones relacionadas con la energía disminuirán un 8 % en 2020. Se prevé que la demanda de petróleo caiga un 9 % y la de carbón, un 8 % este año, mientras que los precios del crudo están en mínimos históricos.
Las crisis energéticas anteriores permiten entender qué ocurre cuando se desploma el precio del petróleo y cómo repunta posteriormente el uso de combustibles fósiles. Pero esta crisis es diferente, porque está impulsada por la demanda. La magnitud de la caída de la demanda, la rapidez del cambio y su alcance han generado una transformación radical que parece ser más que un descenso temporal y pasajero de la demanda de combustibles fósiles, al menos en el sector eléctrico.
Al caer la demanda, las fuentes renovables (principalmente la eólica y la solar) aumentaron considerablemente su cuota en la electricidad, con un incremento que alcanzó niveles récord en muchos países. En menos de 10 semanas, Estados Unidos aumentó su consumo de energía renovable casi un 40 % e India, un 45 % (véase el gráfico). Italia, Alemania y España batieron récords de integración de energías renovables variables en la red.

Este aumento de la energía renovable no es circunstancial
Aunque la pandemia es un hecho circunstancial e inesperado, el resultado actual para el sector eléctrico no lo es. El aumento continuado de la energía renovable en la red es fruto de una combinación de políticas, normativas, incentivos e innovaciones anteriores, incorporados a los sectores eléctricos de muchos países con visión de futuro.
Estos son tres factores clave que explican el aumento de la energía renovable durante esta crisis:
1. Las políticas favorables han respaldado las energías renovables. En muchos países, la regulación del mercado da prioridad a las energías renovables. Se da prioridad a la fuente menos costosa para el primer suministro de energía a la red, lo que favorece las fuentes más baratas y limpias.
2. Innovación continua. La energía renovable se ha convertido en la fuente de energía más barata. IRENA informó recientemente que el costo de la energía solar había caído un 82 % en los últimos 10 años, mientras que BNEF afirma que la energía renovable es ahora la fuente de energía más barata en dos tercios del mundo.
3. Inversión preferente. La energía renovable se ha convertido en la opción preferida de los inversores para las nuevas centrales eléctricas. Durante casi dos décadas, la capacidad de energía renovable ha crecido de forma constante, y ahora el 72 % de toda la nueva capacidad de generación eléctrica corresponde a centrales renovables.
Durante la pandemia de COVID-19, los gobiernos impusieron medidas de confinamiento total que redujeron la demanda de electricidad a niveles históricos (del 15 % al 30 %) en muchos países (véase el gráfico siguiente) y generaron un exceso de capacidad eléctrica disponible. Al estallar la crisis, los operadores de la red buscaron la fuente de suministro más barata (y limpia) para equilibrar la menor demanda. Así, el debilitamiento de la demanda eléctrica aumentó la cuota de las energías renovables en el sistema y relegó al final de la fila a los combustibles de carbono, más contaminantes y costosos. Esto ocurrió incluso cuando los precios de los combustibles fósiles estaban en mínimos históricos, lo que convirtió al carbono en el gran perdedor de la pandemia.

En cuestión de meses, los combustibles fósiles destinados a la generación eléctrica llegaron a un punto de inflexión desfavorable, mientras que la combinación energética se desplazaba hacia las renovables en todas las principales regiones.
La interacción entre el desarrollo tecnológico, las normativas y las condiciones del mercado durante la COVID-19 ha acelerado el cambio de paradigma en el sector eléctrico. Sin embargo, aún está por verse el efecto a largo plazo de la crisis, ya que la flexibilización de las medidas de confinamiento ha ido acompañada de una recuperación de la demanda.
Batir récords sin cortes de suministro en el sector eléctrico
Estas son algunas conclusiones iniciales sobre los efectos de los confinamientos en la demanda de energía:
1. La economía del teletrabajo ha desplazado los picos de demanda. Al quedarse en casa millones de personas, los cambios en las rutinas modificaron la intensidad de los períodos de máxima demanda. Una curva de demanda máxima más plana significa que se necesitó menos respaldo y almacenamiento no renovables.
2. Varios países registraron nuevos récords de generación de energía limpia. Según la EIA, el consumo de energía renovable en Estados Unidos superó al del carbón por primera vez en 130 años, mientras que el Reino Unido registró en abril un récord de generación solar. Otros países europeos, como España e Italia, también batieron récords.
3. Es posible acelerar el ritmo de la transición. La sustitución radical de los combustibles fósiles por fuentes limpias se produjo en menos de tres meses y sin comprometer la seguridad del suministro.
4. Una mayor cuota de energías renovables puede plantear desafíos. Al igual que en los períodos de máxima demanda eléctrica, una caída drástica de la demanda, sumada a una proporción mayor e inesperada de energías renovables variables, puede poner a prueba el funcionamiento de la red. El estado de la red y de su infraestructura es importante, pues una red más flexible, eficiente e inteligente permite conectar más centrales y reducir los cuellos de botella.
Como señala el Índice de Transición Energética 2020 del Foro Económico Mundial, no todos los países están preparados para integrar una mayor proporción de energías renovables variables. Los países en desarrollo ocupan puestos muy bajos en la clasificación.
Los gobiernos y las empresas pueden impulsar una recuperación más ecológica tras la COVID-19
Mientras las empresas, la industria y los hogares se centran en reanudar sus actividades, el confinamiento ofrece una oportunidad real al sector energético. Deja numerosas enseñanzas sobre políticas de energía limpia, cambios en los patrones de demanda y conocimientos prácticos para lograr una red más ecológica sin comprometer la seguridad del suministro. También abre nuevas oportunidades de inversión e innovación.
Sin embargo, según BNEF, la gran mayoría de las ayudas gubernamentales concedidas hasta ahora por la COVID-19 respaldará a industrias con altas emisiones de carbono: unos 509.000 millones de dólares sin exigir mejoras. Un ejemplo es el rescate de 123.000 millones de dólares a las aerolíneas sin condiciones vinculadas a la reducción de emisiones de carbono.
Las empresas y los inversores pueden contribuir a impulsar la inversión limpia, promoviendo cadenas de suministro con bajas emisiones de carbono y aprovechando las oportunidades de los mercados de energía limpia. Este mes, el Imperial College informó de que las acciones de empresas de energía renovable ofrecen a los inversores no solo una rentabilidad total superior a la de las empresas de combustibles fósiles, sino también una menor volatilidad anualizada.
A medida que los gobiernos comiencen a elaborar nuevas normativas y a apoyar a las empresas en el mundo pos-COVID-19, deberán centrarse en lo siguiente:
1. Evaluar las enseñanzas del confinamiento y promover condiciones favorables para mantener y gestionar eficazmente una mayor cuota de energías renovables.
2. Reorientar la inversión y aumentar la innovación para mejorar las baterías, el almacenamiento, los mercados digitales, la cadena de bloques y las redes inteligentes.
Conclusión
La COVID-19 ha acelerado de forma decisiva la transición hacia la energía limpia en el sector eléctrico.
Durante la pandemia, los gobiernos, las empresas y los hogares han «mantenido las luces encendidas», pero con energía más barata y limpia. Impulsar la inversión, condicionar las ayudas por la COVID-19 a una recuperación ecológica y aprovechar las oportunidades de innovación e infraestructura en tecnologías digitales y de bajas emisiones de carbono probablemente evitará que se aplane la curva de la energía limpia.
