La tuberculosis (TB) es la enfermedad infecciosa más mortífera.
Más de 600.000 personas desarrollaron TB farmacorresistente en 2016.
La gripe infecta hasta a 5 millones de personas al año.
Alrededor del 94 % de las muertes por malaria se producen en el África subsahariana.
Con la mitad del planeta bajo confinamiento debido a la COVID-19, es justo decir que las enfermedades infecciosas acaparan la atención mundial.
La COVID-19, causada por un coronavirus descubierto recientemente, puede provocar una enfermedad respiratoria. En apenas unos meses, ha infectado a más de 1,5 millones de personas. Más de 89.000 han muerto. Y aunque hay medidas que podemos tomar para ayudar a frenar su propagación, actualmente no hay vacuna ni tratamiento disponibles.
Pero, aunque el coronavirus ocupa los titulares con razón, hay muchas otras enfermedades infecciosas que circulan entre nosotros.
Estas enfermedades son causadas por organismos patógenos, como bacterias, virus, parásitos y hongos. A veces, su propagación da lugar a pandemias que arrasan poblaciones, como la peste bubónica del siglo XIV, que mató a unos 50 millones de personas en Europa, o la gripe española de 1918, que infectó a una cuarta parte de la población mundial. peste bubónica, que mató a unos 50 millones de personas en Europa, o la de 1918: la gripe española, que infectó a una cuarta parte de la población mundial.
Mientras continúa la carrera por encontrar una vacuna contra la COVID-19, la medicina moderna y los sofisticados sistemas sanitarios actuales contribuyen en gran medida a protegernos de muchos de estos organismos. Aun así, seguimos expuestos a las enfermedades que pueden causar. Estas son algunas de las más mortíferas.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial ante el brote de coronavirus?
1. Tuberculosis
Alrededor de 10 millones de personas enfermaron de tuberculosis (TB) en 2018, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Alrededor de 1,5 millones murieron. Y, aunque es curable y prevenible, sigue siendo la principal causa de muerte por un solo agente infeccioso. También se encuentra entre las 10 principales causas de muerte en todo el mundo.
La TB está causada por bacterias que se transmiten de persona a persona por el aire al toser o estornudar. Puede tratarse con antibióticos, pero cuando estos medicamentos no se utilizan correctamente o se gestionan mal, puede aparecer TB multirresistente y ultrarresistenteLas cepas de este tipo requieren tratamientos prolongados y costosos, y la OMS afirma que la TB multirresistente es una crisis de salud pública: en 2016, casi 500.000 personas en todo el mundo la desarrollaron.
2. Sarampión
El sarampión es una enfermedad grave y muy contagiosa, causada por un virus y transmitida mediante la tos, los estornudos y el contacto cercano. Puede sobrevivir dos horas en el aire y es tan contagioso que hasta el 90 % de las personas que rodean a alguien infectado contraerán la enfermedad si no son inmunes. Se administra una vacuna segura y eficaz a un gran número de niños del mundo antes de que cumplan un año: al 86 % en 2018.
Pero en los países en desarrollo, especialmente en África y Asia, sigue siendo mortal: causó 140.000 muertes en 2018. Más del 95 % de esas muertes se producen en países con bajos ingresos per cápita y una infraestructura sanitaria deficiente. Los brotes son especialmente devastadores en lugares que han sufrido conflictos o desastres naturales: apenas el 59 % de los niños haitianos menores de un año recibió la vacunación sistemática un año después del terremoto de 2010, lo que debilitó la inmunidad colectiva.
3. Malaria
La historia ha demostrado que la malaria puede controlarse eficazmente. Era prevalente en Europa occidental y Estados Unidos, pero fue erradicada a mediados de la década de 1930 y en 1951, respectivamente. Sin embargo, en 2018 se estimaron 228 millones de casos en todo el mundo y 405.000 muertes; la mayoría (el 94 %) se produjo en la región de África de la OMS, y los niños menores de 5 años constituyeron el grupo más vulnerable.
Las muertes por malaria, sin embargo, se han reducido a la mitad desde 2000, según la Fundación Bill y Melinda Gates. Pero una especie de mosquito, el anofelino, está desarrollando resistencia a los insecticidas, mientras que el parásito que transmite el mosquito también empieza a resistir medicamentos clave. El control de vectores (mosquiteros tratados con insecticida y fumigación residual en interiores) es una defensa esencial de primera línea, pero, a medida que se ralentiza la reducción de la mortalidad, ahora es fundamental encontrar formas nuevas e innovadoras de erradicar la enfermedad, por ejemplo, utilizando datos epidemiológicos para planificar y analizar.
4. Gripe
Cada año, con la llegada del invierno, también aumenta la incidencia de la gripe. Para la mayoría de las personas, el resultado son unos días desagradables en cama. Pero para quienes pertenecen a grupos de alto riesgo —como las embarazadas, las personas mayores o quienes padecen enfermedades crónicas— puede ser mortal.
La OMS estima queentre 3 y 5 millones de personas contraen gripe grave cada año en todo el mundo y que hasta 650.000 personas mueren. Durante los períodos de máxima incidencia, esto puede someter a los sistemas sanitarios a una presión enorme (el personal sanitario corre un riesgo mayor de contraer la enfermedad) y también tiene efectos económicos, ya que las escuelas y los lugares de trabajo deben afrontar las ausencias de alumnos y empleados.
5. Enfermedades diarreicas
El cólera y la disentería pueden sonar como causas de muerte propias del siglo XIX, pero, por desgracia, la realidad es muy distinta. Las enfermedades diarreicas causan la muerte de alrededor de 525.000 niños menores de 5 años cada año; de hecho, son la segunda causa principal de muerte entre los niños pequeños, después de las infecciones respiratorias agudas.
Suelen deberse a una infección del tracto intestinal —bacteriana, vírica o parasitaria— y a menudo están relacionadas con una higiene deficiente (se transmiten de persona a persona) o con alimentos o agua contaminados, factores que afectan especialmente a las regiones más pobres del mundo. Según la OMS, 780 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a agua potable y 2.500 millones no cuentan con un saneamiento adecuado.





