Faith Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), confía en nuestra capacidad como sociedad para avanzar hacia una energía más limpia.
Describe cinco tendencias clave, desde la reducción del coste de la energía solar hasta el papel cada vez más activo de las empresas, que deberían darnos motivos para ser optimistas.
Pero hay retos que superar, entre ellos abordar las emisiones de la infraestructura existente.
Este ha sido un año sombrío. Una pandemia mundial y una brutal crisis económica han causado un enorme daño en todo el mundo. Pero en un ámbito importante (la velocidad del cambio hacia una energía más limpia) veo cada vez más motivos para el optimismo.
No me refiero a la caída de las emisiones mundiales provocada por el descenso de los viajes, el comercio y otras actividades económicas. Me refiero a los avances en tecnología, políticas y estrategias empresariales que pueden contribuir a impulsar reducciones sostenidas de las emisiones en los próximos años, incluso cuando las economías vuelvan a crecer.
Cinco tendencias recientes e interrelacionadas tienen un gran potencial para evitar los peores efectos del cambio climático y garantizar que las personas de todo el mundo tengan acceso a las oportunidades energéticas y económicas que necesitan para disfrutar de vidas más saludables y prósperas.
Las tendencias clave
La energía solar lleva las renovables a nuevas cotas. El coste de la energía solar lleva años descendiendo de forma notable y en muchas economías se ha convertido ya en la opción más barata. China, Europa, India y Estados Unidos han impulsado el auge de la energía solar en los últimos años. Pero ahora los proyectos solares surgen con rapidez en numerosos países de todo el mundo, desde Vietnam hasta los Emiratos Árabes Unidos, y desde Egipto hasta Brasil. Mientras tanto, la eólica marina ha logrado avances tecnológicos y reducciones de costes que cambian las reglas del juego y le dan potencial para convertirse en una fuente clave de energía limpia en muchas partes del mundo.
La crisis actual significa que los tipos de interés seguirán bajos durante más tiempo. El principal obstáculo para muchos proyectos de energía limpia es conseguir la inversión inicial, ya que los «combustibles» en sí son gratuitos. La enorme relajación de la política monetaria por parte de los bancos centrales en respuesta a la pandemia significa que la eólica, la solar y los vehículos eléctricos deberían beneficiarse de tipos de interés ultrabajos durante un período prolongado en algunas regiones. Encontrar formas de que todos los países accedan a este capital más barato será fundamental.
Más gobiernos están apostando firmemente por la energía limpia. La Unión Europea ha copado titulares con su plan para llevar las emisiones netas de la región a cero en 2050. Pero muchos otros gobiernos de todo el mundo también están respondiendo a las preocupaciones de la ciudadanía elevando sus ambiciones. En la Cumbre sobre Transiciones Energéticas Limpias de la AIE celebrada en julio (la mayor reunión del año sobre energía y clima del mundo), 40 ministros de economías avanzadas y emergentes que representan el 80% del consumo energético mundial y de las emisiones de carbono destacaron sus planes para convertir las tecnologías de energía limpia en una parte importante de los esfuerzos de recuperación económica. Las economías emergentes y en desarrollo representan ahora la mayoría de la inversión en energía limpia, ya que buscan hacer frente no solo a los peligros del cambio climático, sino también al grave problema de la contaminación atmosférica.
Las empresas están dando un paso al frente. Sectores importantes del sector privado se han vuelto mucho más proactivos a la hora de reducir las emisiones. Varias grandes petroleras han anunciado planes para convertirse en empresas energéticas con menor emisión de carbono. Les queda una enorme cantidad de trabajo por hacer, pero con su gran solvencia financiera, sus competencias en gestión de proyectos y su experiencia en ingeniería, podrían impulsar de forma notable la eólica marina, el hidrógeno y la captura de carbono. Algunas de las gigantescas empresas tecnológicas del mundo también están intensificando sus esfuerzos, invirtiendo en energías renovables y en áreas como el almacenamiento de energía y las pilas de combustible.
La innovación está cobrando impulso. La mayoría de las grandes economías aumentaron sus presupuestos públicos para investigación y desarrollo en energía limpia en 2018 y 2019 a un ritmo mucho más rápido que su crecimiento económico. La inversión en nuevas empresas de energía limpia por parte de fondos de capital riesgo y de compañías alcanzó un máximo histórico en 2019. A pesar de la disrupción económica provocada por la Covid-19, estamos viendo esfuerzos serios por parte de gobiernos y empresas para impulsar las tecnologías de baterías y, por fin, materializar el enorme potencial del hidrógeno. Además, una amplia gama de tecnologías de vanguardia, incluidos los reactores nucleares avanzados y las aeronaves eléctricas, han logrado atraer financiación privada de capital riesgo. Estos avances responden no solo a la necesidad de hacer frente al cambio climático, sino también al deseo de estar a la vanguardia de las industrias del futuro.
Los grandes retos
Junto a estas tendencias positivas, hay que superar tres retos importantes.
Lograr que se sumen más países y empresas. Los ambiciosos compromisos y las acciones en materia de energía limpia adoptadas hasta ahora son un gran paso adelante, pero están lejos de ser suficientes. Hay que dedicar mayores esfuerzos a apoyar futuros energéticos limpios, justos e inclusivos para todas las regiones del mundo. Del mismo modo, amplias partes de la industria mundial aún no han convertido las transiciones hacia la energía limpia en una prioridad máxima. Por ejemplo, las petroleras que se han comprometido a reducir sus propias emisiones a cero netas producen menos del 10% de la producción mundial de petróleo.
Que nadie se quede atrás. La pandemia corre el riesgo de ampliar la brecha entre ricos y pobres. Cientos de millones de personas, principalmente en África, todavía carecen de acceso básico a la electricidad. La energía solar ofrece una oportunidad enorme para mejorar esta situación. Pero muchas economías africanas están ahora en dificultades financieras, y algunas se enfrentan a crisis de deuda en toda regla, como consecuencia de la recesión mundial.
Abordar las emisiones de la infraestructura existente. La atención se centra de forma abrumadora en construir nuevas centrales eléctricas, fábricas y redes de transporte con tecnologías de energía limpia. Pero si tampoco abordamos las emisiones de las enormes flotas de centrales de carbón ineficientes, acerías y fábricas de cemento del mundo (muchas de ellas construidas recientemente en economías emergentes), no tendremos ninguna posibilidad de alcanzar nuestros objetivos climáticos y energéticos.
Construir una gran coalición
Aprovechar plenamente las recientes tendencias alentadoras y superar estos retos dependerá de un mayor esfuerzo por parte de gobiernos, empresas, inversores y ciudadanos de todo el mundo. Necesitamos la coalición más amplia posible y no podemos permitirnos descartar ninguna tecnología de energía limpia.
Creo que esta gran coalición se está formando, lo que alimenta mi esperanza de que podamos dar un gran salto hacia los sistemas energéticos limpios y resilientes que necesitamos.
Como autoridad mundial en energía, con experiencia en todos los combustibles y tecnologías, la AIE trabaja con gobiernos de todo el mundo y con empresas de todo el sector energético. Con este creciente sentido de optimismo, lideraremos el camino para acelerar las transiciones hacia la energía limpia que pueden traer un futuro seguro y sostenible para todos.

