Montañas de alimentos, como huevos, leche y cebollas, se desperdician.
El cierre de restaurantes, cafés y comedores ha provocado una caída de la demanda.
Los alimentos sobrantes se pudren y generan metano, un potente gas de efecto invernadero.
La ONU advierte de que los niveles de metano podrían aumentar bruscamente durante la crisis y inmediatamente después.
El exceso de oferta de alimentos también ha provocado el desplome de los precios de los alimentos.
Los excedentes de alimentos que se pudren como consecuencia del coronavirus no solo son un desperdicio, sino que también es probable que dañen el medio ambiente.
Montañas de productos, como huevos, leche y cebollas, se desperdician mientras la pandemia de COVID-19 cierra restaurantes, restringe el transporte, limita lo que los trabajadores pueden hacer y altera las cadenas de suministro. Y a medida que esos alimentos se descomponen, liberan metano, un potente gas de efecto invernadero.
Se han tirado leche fresca y huevos, y algunos cultivos maduros han sido vueltos a arar en los campos, según informes del Wall Street Journal y del New York Times. Aunque la demanda de los consumidores de algunos productos de supermercado ha aumentado como consecuencia de los confinamientos, es poco probable que compense las fuertes caídas en otros sectores, como los restaurantes y los comedores escolares y laborales.
El metano en aumento
No solo es un trágico desperdicio de alimentos en un momento en que muchos pasan hambre, sino que también es un riesgo ambiental y podría contribuir al calentamiento global. El gas de vertedero – aproximadamente la mitad metano y la mitad dióxido de carbono (CO2) – es un subproducto natural de la descomposición de la materia orgánica.
El metano es un potente gas de efecto invernadero, de 28 a 36 veces más eficaz que el CO2 para atrapar el calor en la atmósfera durante un periodo de 100 años, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.
“Muchos productores orientados a la exportación producen volúmenes demasiado grandes para que la producción pueda absorberse en los mercados locales, por lo que los niveles de residuos orgánicos han aumentado considerablemente,” afirma Robert Hamwey, funcionario de Asuntos Económicos de la agencia de la ONU UNCTAD. “Como estos residuos se dejan descomponer, se prevé que los niveles de emisiones de metano, un gas de efecto invernadero, procedentes de productos en descomposición aumenten bruscamente durante la crisis y en los meses inmediatamente posteriores a ella.”
Desperdiciar alimentos ya era un problema antes de la crisis. Solo en Estados Unidos, se gastan 218 000 millones de dólares en cultivar, procesar, transportar y eliminar alimentos que nunca se consumen, según estimaciones de ReFED, una coalición de líderes empresariales, sin ánimo de lucro y gubernamentales comprometidos con la reducción del desperdicio alimentario. Esto equivale a alrededor del 1,3 % del PIB.
Desde que la pandemia se apoderó del mundo, los agricultores están tirando 14 millones de litros de leche cada día debido a la interrupción de las rutas de suministro, según estimaciones de Dairy Farmers of America. Un procesador de pollos se vio obligado a destruir 750 000 huevos sin eclosionar a la semana, según el New York Times, que también citó a un agricultor de cebollas que dejó que la mayor parte de su cosecha se descompusiera porque no podía distribuirla ni almacenarla.
Desplome de los precios de los alimentos
El exceso también ha provocado el desplome de los precios. El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO (FFPI, por sus siglas en inglés) promedió 162,5 puntos en mayo de 2020, un descenso de 3,1 puntos respecto a abril y el promedio mensual más bajo desde diciembre de 2018. El índice ha caído durante cuatro meses consecutivos, y el último descenso refleja la caída de los valores de todos los productos alimentarios básicos –lácteos, carne, cereales, hortalizas– a excepción del azúcar, que subió por primera vez en tres meses.
Todo ello mientras la pandemia agrava otras tendencias alimentarias mundiales.
“Este año, unos 49 millones de personas más podrían caer en la pobreza extrema debido a la crisis de la COVID-19”, afirmó António Guterres, secretario general de la ONU. “El número de personas con inseguridad alimentaria o nutricional aguda aumentará rápidamente. Incluso en países con alimentos abundantes, observamos riesgos de interrupciones en la cadena de suministro de alimentos.”
El Foro Económico Mundial ha puesto en marcha su iniciativa Great Reset, que exhorta con urgencia a las partes interesadas a nivel mundial a cooperar para gestionar las consecuencias de la crisis de la COVID-19. Insta a los responsables políticos a situar el medio ambiente en el centro de los planes de reconstrucción tras la salida de la pandemia.


