A medida que algunas partes del mundo salen de la pandemia, los investigadores se preguntan cuáles de nuestros nuevos hábitos llegaron para quedarse.
Uno de los mayores cambios previstos durante la pandemia fue un giro a largo plazo hacia el trabajo desde casa o híbrido.
Otros cambios de comportamiento incluyen las compras en línea y nuestra afición por viajar, anterior a la pandemia.
La Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente la COVID como pandemia el 11 de marzo de 2020. Ahora, dos años después, algunos ven la luz al final del túnel. En muchos países más prósperos, que se han beneficiado de varias rondas de vacunación, lo peor de la pandemia ya pasó.
Hemos llegado hasta aquí aprendiendo muchos «nuevos» comportamientos relacionados con la salud, como llevar mascarilla y desinfectarnos las manos. Muchos también hemos desarrollado diversos hábitos sociales para reducir la propagación del virus, como trabajar desde casa, comprar en línea, viajar dentro del país y socializar menos.
Pero, a medida que algunas partes del mundo salen de la pandemia, ¿estos nuevos hábitos han llegado para quedarse, o de verdad cuesta cambiar los viejos hábitos? Esto es lo que nos dicen los datos.
Trabajo
Uno de los mayores cambios previstos durante la pandemia fue un giro a largo plazo hacia el trabajo desde casa o híbrido. Sin embargo, ya hay indicios de que esta transición quizá no sea tan evidente ni tan completa como se esperaba.
En el Reino Unido, la proporción de personas que trabajaban desde casa al menos parte del tiempo aumentó del 27 % en 2019 al 37 % en 2020, antes de caer al 30 % en enero de 2022. De forma similar, en Estados Unidos la proporción de personas que trabajaban desde casa disminuyó del 35 % en mayo de 2020 al 11 % en diciembre de 2021.
Una de las principales razones por las que la gente vuelve a la oficina son las expectativas de los empleadores. A muchas empresas les preocupa que un trabajo desde casa más permanente pueda afectar la creación de equipos, la creatividad y la productividad de los empleados.
Sin embargo, entre los empleados hay más interés por el trabajo híbrido y flexible. Una reciente encuesta multinacional reveló que, mientras que antes de la pandemia alrededor de un tercio de los trabajadores había trabajado desde casa al menos parte del tiempo, aproximadamente la mitad dijo que quería hacerlo en el futuro.
Compras
La pandemia no creó el hábito de comprar en línea, pero hizo que más personas lo adoptaran. ¿Nos hizo darnos cuenta de que ya no necesitamos tiendas físicas?
Al parecer, no. Las compras en tiendas físicas ya han empezado a recuperarse. Los recientes datos sobre los desplazamientos de las personas, recopilados de forma anónima a partir de dispositivos móviles, muestran que en muchos países, antes de que llegara ómicron, los desplazamientos a comercios y lugares de ocio ya habían vuelto a los niveles anteriores a la pandemia y que ya empiezan a repuntar de nuevo tras ómicron.
El aumento de las ventas en línea tampoco ha sido tan drástico ni sostenido como muchos habían previsto. En el Reino Unido, las ventas en línea representaban el 20 % de las ventas minoristas totales antes de la pandemia. En febrero de 2021 habían subido al 36 %, antes de descender de forma constante hasta el 25 % en febrero de 2022.
Viajes
Un hábito que podría tardar más en recuperarse es nuestra afición por los viajes internacionales, anterior a la pandemia. En todo el mundo, este sector ha sufrido un duro golpe y sigue atravesando dificultades. La Organización de Aviación Civil Internacional de la ONU prevé que en 2022 los viajes internacionales seguirán siendo casi la mitad de los de 2019.
Una encuesta británica realizada en septiembre pasado reveló que, aunque el 80 % de las personas planeaba pasar las vacaciones en el Reino Unido durante el año siguiente, solo alrededor del 40 % se planteaba viajar al extranjero. En comparación, en los 12 meses hasta julio de 2019, el 64 % de los británicos viajó al extranjero de vacaciones, según una entidad del sector turístico.
La reticencia de la gente a viajar se ha debido en gran medida a la preocupación por el virus y a la confusión sobre las normas de viaje. A medida que disminuya la preocupación y se levanten las restricciones, podríamos ver un «pequeño auge» de los viajes de vacaciones.
Socialización
Al principio de la pandemia, algunos comentaristas —entre ellos, el principal asesor médico de Estados Unidos, el Dr. Anthony Fauci— sugirieron que quizá nunca volveríamos a darnos la mano. Junto con mi colega, la Dra. Kimberly Dienes, sostuve que era fundamental recuperar estos rituales, pues tienen varios beneficios sociales, psicológicos e incluso biológicos.
¿Han llegado para quedarse los hábitos de distanciamiento social, como reunirse con menos personas y tener menos contacto físico con quienes vemos? Para la mayoría, no. Los datos muestran que solo un tercio de las personas en el Reino Unido sigue manteniendo regularmente la distancia social, la proporción más baja desde el inicio de la pandemia.
Pero, en realidad, solo el tiempo dirá hasta qué punto la pandemia habrá cambiado nuestros hábitos. Sin embargo, las predicciones más audaces —que la pandemia cambiaría por completo e irreversiblemente nuestra forma de trabajar, comprar, viajar y socializar— ahora parecen prematuras y exageradas. La pandemia nos ha enseñado que podemos trabajar, aprender, comprar y socializar de distintas maneras, pero la pregunta ahora es si todavía queremos hacerlo.
Los seres humanos tenemos necesidades básicas, como la autonomía, sentirnos vinculados a otras personas y sentir que somos eficaces y competentes en lo que hacemos. Uno de los retos del trabajo desde casa, por ejemplo, es que satisface una necesidad al darnos más autonomía y, al mismo tiempo, nos priva de otra al hacernos sentir menos conectados. Ampliar los acuerdos de trabajo híbrido y flexible, con el apoyo adecuado y centrados en la igualdad, quizá sea una forma prometedora de satisfacer ambas necesidades.
Algunas personas habrán adquirido una sensación de competencia, o al menos de familiaridad, con las nuevas formas de hacer las cosas durante la pandemia y quizá quieran seguir utilizándolas. En algunos ámbitos —como los viajes al extranjero—, puede que nuestra competencia y confianza en los viejos hábitos tarden más en volver. Sin embargo, muchas personas parecen estar retomando rápidamente las viejas costumbres y reaprendiendo a sentirse competentes en actividades que ya realizaban antes.
El grado en que retomemos nuestras viejas costumbres también podría depender de nuestros rasgos de personalidad, que han demostrado influir en nuestro cumplimiento de las nuevas pautas de comportamiento. Por ejemplo, quienes por naturaleza están más abiertos a nuevas experiencias o son más extrovertidos podrían tener más ganas de viajar al extranjero o socializar en grupos más numerosos.
Por último, la pandemia quizá nos haya recordado cuánto valoramos las interacciones cotidianas con otras personas, en tiendas, restaurantes y otros lugares. Es posible que la gente quiera volver a las costumbres conocidas que las hacen posibles, como recoger algo en una tienda de camino a casa desde el trabajo. Sobre todo, la pandemia nos ha enseñado que necesitamos conectar con los demás y que la comunicación en línea tiene límites a la hora de sustituir las interacciones reales, cara a cara.

