La pandemia solo puede contenerse si todas las poblaciones tienen el mismo acceso a las vacunas, lo que evitará que el virus sufra mutaciones.
Los gobiernos también deben desplegar rápidamente las vacunas y, al mismo tiempo, seguir aplicando medidas de salud pública, como el uso de mascarillas.
La tasa de infección debe supervisarse de cerca en cada país para que los gobiernos puedan determinar el alcance de las restricciones.
La vacunación debe tratarse como un asunto global; de lo contrario, nadie estará realmente a salvo.
En los países en los que no está vacunada una proporción significativa de la población, existe un gran riesgo de propagación comunitaria sostenida de la COVID-19 durante un periodo prolongado.
Cuanto más tiempo se mantenga la propagación comunitaria sostenida, más probable es que el virus sufra mutaciones. Esto significa que podría convertirse en un caldo de cultivo para que el nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, muta hacia variantes más agresivas. Las variantes mutadas de la población no vacunada podrán infectar incluso a las personas de la población vacunada.
Las vacunas podrían no funcionar contra las variantes mutadas debido a los cambios que se producen en el código genético del virus. Una vacuna pretende generar una respuesta inmunitaria mediante anticuerpos diseñados para reconocer la estructura proteica del virus, que ha sido alterada. Es como si un enemigo cambiara su uniforme militar y resultara menos reconocible para el ejército contrario.
También pueden eludir la inmunidad generada por una infección previa por razones similares: la inmunidad estaba diseñada para la estructura de aquel virus original. El virus alterado no sería fácilmente reconocible por los anticuerpos de la infección previa. Por tanto, las cepas mutadas podrían infectar a quienes ya están vacunados, provocando reinfecciones.
Esto significa que todo el mundo seguiría siendo vulnerable. Incluso quienes viven en zonas donde la población ya está vacunada no estarían totalmente protegidos contra el virus si este mutara en otro lugar. Dada la interconexión de los países y las regiones del mundo, ninguna población vive en un aislamiento total. Ninguna población en particular está a salvo a menos que todas las poblaciones lo estén.
Este coronavirus es fácilmente transmisible de persona a persona a través del aire. Cualquier variante nueva y posiblemente más letal del virus SARS-CoV-2 podría ser más contagiosa y propagarse fácilmente por todo el mundo, al igual que el virus original.
Todo el mundo solo estará a salvo después de garantizar que todas las poblaciones estén adecuadamente vacunadas. Parece poco probable que la pandemia pueda contenerse por completo con las medidas de prevención existentes o que pronto se extinga. Esto ocurre cuando las infecciones se ralentizan porque una proporción significativa de la población ha desarrollado una «inmunidad de grupo», ya sea por una infección previa o por la vacunación, o cuando el desplazamiento de las personas que alimentan la epidemia se detiene por completo. El virus no puede transmitirse entonces con rapidez, de una persona o un segmento de la población a otro, de forma similar a como un incendio forestal o de matorral se extingue cuando la mayoría de las plantas ya están carbonizadas o cuando no hay más viento que impulse el fuego y, por tanto, no puede seguir propagándose.
¿Cómo pueden los gobiernos mitigar estos riesgos?
No será realista que los países que han vacunado a su población cierren sus fronteras a los países que no lo han hecho. A menos que los países vacunados cierren por completo sus fronteras con el resto del mundo, siempre habrá algún tipo de interacción entre sus ciudadanos y los ciudadanos de países no vacunados.
Para protegerse del virus, los gobiernos deben desplegar rápidamente las vacunas. Las vacunas constituyen las medidas de prevención más eficaces y controlables para contener cualquier infección vírica, en particular una tan altamente transmisible como el SARS-CoV-2. Además, no existe ninguna posibilidad real de un tratamiento antiviral o una cura, ya que, en la actualidad, no hay en desarrollo fármacos antivirales que hayan mostrado algún indicio de eficacia contra la COVID-19.
Mientras los distintos países esperan para acceder a las vacunas y vacunar a su población, las demás medidas de salud pública que son conocidas por ralentizar o mitigar la propagación de la COVID-19 deben seguir aplicándose. Esto limitará la propagación intracomunitaria e intercomunitaria del virus, reduciendo la tasa de reproducción y de mutaciones. También minimizará las hospitalizaciones y las muertes por COVID-19.
Estas medidas incluyen el uso de mascarillas, el lavado de manos y la distancia social.
Cuando haya indicios de un aumento inminente de las tasas de infección, las autoridades deben actuar con rapidez para aplicar una medida de «freno de emergencia» que evite el repunte. Entre ellas se incluyen los confinamientos y las cuarentenas masivas aplicados de forma geográficamente focalizada.
Supervisar la tasa de infección y el alcance de la propagación del virus mediante pruebas de laboratorio para detectar el virus, así como pruebas genómicas para detectar mutaciones, es clave para orientar a las autoridades sobre las medidas que deben adoptar. Por ello, es necesario ampliar la capacidad de realización de pruebas, incluidas las que detectan el virus, como las pruebas PCR y de antígenos, y las pruebas serológicas (de anticuerpos), que identifican a quienes han tenido la infección previamente y han desarrollado cierta inmunidad.
Disponer de estos datos permitirá elaborar mapas de serovigilancia (pruebas de anticuerpos) y realizar un seguimiento. La serovigilancia también puede orientar la priorización de la distribución de vacunas.
Esto demuestra la importancia de utilizar la ciencia en los enfoques para combatir la pandemia. Además, los gobiernos deben trabajar juntos, como una única comunidad mundial, para que la solución funcione para todos.
¿Qué enfoque deberían adoptar los gobiernos en sus esfuerzos por contener la pandemia?
Los gobiernos deben trabajar juntos para ampliar la producción y el suministro mundial de la vacuna en el menor tiempo posible. Es fundamental que la mayor parte posible de la población mundial pueda acceder a la vacuna cuanto antes. Esto requiere eliminar el «nacionalismo de las vacunas» y el acaparamiento.
También es necesario aumentar la financiación y el apoyo a las instalaciones de producción existentes de vacunas, y establecer nuevas instalaciones de producción de vacunas, también en países desfavorecidos y en vías de desarrollo. Esto se lograría mediante transferencias de tecnología, con el intercambio de la propiedad intelectual y de capacidad técnica para las vacunas que ya han demostrado ser eficaces.
La solución radica en un enfoque global concertado que garantice la seguridad de todo el mundo. Nadie estará totalmente a salvo de una pandemia a menos que todo el mundo esté colectivamente a salvo.
