Anabel González, del Peterson Institute for International Economics, sostiene que, durante la pandemia de coronavirus, deben aplicarse políticas comerciales para garantizar que las economías en desarrollo y emergentes tengan acceso a suministros médicos asequibles.
Instó a los países del G20 a adoptar medidas comerciales colectivas para combatir la COVID-19 y mantener en marcha las cadenas de suministro, sentando así las bases para la recuperación.
Para los países en desarrollo, especialmente los más pobres, el comercio —tanto las importaciones como las exportaciones— es una herramienta poderosa y rentable para mitigar los efectos potencialmente devastadores de la COVID-19. Por tanto, los países del G20 deberían aplicar rápidamente políticas comerciales que puedan proteger vidas en todo el mundo mejorando el acceso a suministros médicos asequibles. Deberían limitarse las políticas que pongan en riesgo ese acceso. La cooperación mundial es fundamental para hacer frente a este desafío.
El comercio también puede desempeñar un papel clave en la recuperación. Mientras la COVID-19 causa estragos en sectores de todo el mundo, los países del G20 deben mantener en funcionamiento las cadenas de suministro. También deberían empezar a sentar las bases de un marco revitalizado para el comercio mundial que ayude a reconstruir la economía mundial.
Adoptar medidas comerciales para apoyar los sistemas de salud y proteger vidas
Reducir los aranceles sobre productos farmacéuticos, dispositivos médicos y otros suministros médicos
Los aranceles sobre los productos farmacéuticos y los equipos médicos son relativamente bajos, pero los desinfectantes y otros productos de protección personal necesarios para combatir la pandemia siguen sujetos a aranceles elevados y barreras no arancelarias en muchos países. El jabón, primera línea de protección contra la COVID-19, está sujeto a un arancel medio mundial del 17 %, y 72 países aplican derechos de importación superiores al 15 %. Los aranceles sobre los productos de salud e higiene son una forma regresiva de tributación que grava a las personas enfermas.
Eliminar estas medidas proteccionistas también podría reducir el coste de insumos como los principios activos y otros productos químicos, e incentivar la inversión y la producción nacionales. Un punto de partida es la listaindicativa de suministros médicos esenciales contra la COVID-19 publicada por la Organización Mundial de Aduanas. Varios países ya han anunciado reducciones arancelarias en determinadas categorías de suministros médicos esenciales, aunque solo temporalmente. Los aranceles de EE. UU. sobre las importaciones procedentes de China ponen en riesgo el suministro de ventiladores y otros productos médicos.
Facilitar el comercio de productos y materiales relacionados con la salud
El movimiento transfronterizo de productos relacionados con la salud y de insumos importados para fabricar estos productos puede verse interrumpido por procedimientos aduaneros y fronterizos largos e ineficientes, así como por obstáculos logísticos que impiden el acceso oportuno a productos esenciales. Las vacunas, por ejemplo, requieren una manipulación cuidadosa y rápida desde el puerto o la fábrica hasta su destino. China y la Unión Europea han establecido «corredores verdes» para agilizar la inspección y el despacho de mercancías y evitar esos retrasos, una medida que otros países también podrían replicar. Sobre la base de una iniciativa de cinco países liderada por Singapur y Nueva Zelanda, el G20 también debería mantener abiertas las rutas de transporte aéreo y marítimo de mercancías. Para apoyar el comercio, los gobiernos también deberían mantener la financiación comercial y la liquidez, tal como ha solicitado el sector privado.
Ampliar el acceso a normas técnicas y acelerar los procedimientos de evaluación de la conformidad
Los equipos médicos suelen estar sujetos a normas estrictas de diseño, fabricación y comercialización para proteger la seguridad de los consumidores y la salud pública. Sin embargo, estas normas pueden limitar involuntariamente la producción y el acceso. Para superar este problema, la Unión Europea puso gratuitamente a disposición del público sus normas básicas para determinados equipos de protección personal y dispositivos médicos, eliminando la obligación de que las empresas compraran y utilizaran las normas europeas conforme a las reglas de propiedad intelectual. Esta medida permitirá a las fábricas adaptar rápidamente sus líneas de producción. La Comisión Europea ha recomendado procedimientos más rápidos de evaluación de la conformidad y vigilancia del mercado de estos productos. Otros países con capacidades limitadas para evaluar la conformidad deberían considerar el registro automático de los suministros que cumplan las normas de las economías avanzadas.
Permitir que los profesionales de la salud se desplacen a través de las fronteras
En febrero de 2020, dos enfermeras de Wuhan pidieron que trabajadores de la salud de todo el mundo acudieran a China. Más tarde, China envió a 300 médicos de cuidados intensivos a Italia. En Estados Unidos, Nueva Jersey ha autorizado el ejercicio temporal de médicos extranjeros con licencia y en regla en otro país. Se necesitan más desplazamientos de médicos, enfermeros y profesionales de la salud, sobre todo en los países más pobres. Pueden ayudar las medidas regulatorias flexibles, los visados especiales y los permisos de trabajo. Un marco internacional común que apoye el desplazamiento temporal de profesionales de la salud entre países, como propuso India, facilitaría la respuesta a la crisis.
Compartir conocimientos mediante la cibersalud y otras interacciones digitales
En Estados Unidos, las autoridades han tomado medidas para facilitar la telemedicina con el fin de evaluar a pacientes de alto riesgo, comunicarse y hacer seguimiento de la COVID-19, y gestionar los sistemas de atención sanitaria. La comunidad mundial de la salud está recurriendo a tecnologías digitales, datos e interacciones transfronterizas de cibersalud para compartir pruebas y experiencias. Unas normas comunes que respalden el comercio transfronterizo de servicios digitales, en particular para ofrecer un entorno de confianza para los intercambios digitales en el sector de la salud, podrían facilitar el intercambio rápido de conocimientos y la gestión de casos.
Garantizar que los regímenes de propiedad intelectual no obstaculicen el acceso a nuevas tecnologías y medicamentos
Empresas de todo el mundo se apresuran a desarrollar métodos de diagnóstico, vacunas y antivirales para prevenir y tratar la COVID-19, mientras los gobiernos trabajan para acelerar las aprobaciones. Las nuevas tecnologías —como las piezas de respiradores impresas en 3D desarrolladas por ingenieros italianos— pueden hacer frente a la escasez. Sin embargo, la protección que ofrecen los regímenes de propiedad intelectual debe equilibrarse con la importancia mundial de la pandemia. Habrá que resolver nuevas cuestiones. La acción colectiva podría aportar mayor certidumbre para salvaguardar el acceso de todos.
Evitar medidas comerciales que pongan en riesgo vidas y países
Al 4 de abril de 2020, 69 gobiernos, entre ellos India y la Unión Europea, habían prohibido o limitado las exportaciones de mascarillas, equipos de protección personal, medicamentos y otros productos médicos. Estas prácticas perjudican tanto a los importadores como a los exportadores, ya que elevan los precios, desincentivan la inversión y provocan represalias. Algunos países también han restringido las exportaciones de determinados productos alimentarios. En el pasado, medidas similares han agravado la inseguridad alimentaria y elevado los precios.
Los países más pobres del mundo son extremadamente vulnerables a esas políticas proteccionistas. Diez países exportadores representan casi tres cuartas partes de las exportaciones mundiales de productos médicos y cerca de dos tercios de las exportaciones mundiales de equipos de protección. Los tres principales países exportadores de productos médicos esenciales para combatir la pandemia abastecen entre el 65 y el 80 % de las importaciones mundiales totales de esos productos (véase la figura). Cualquier restricción a las exportaciones puede dejar a la mayor parte del mundo sin acceso a suministros vitales, con consecuencias catastróficas.
Muchas empresas están utilizando cadenas de suministro mundiales para aumentar la producción de algunos productos médicos, pero los gobiernos podrían ofrecer subsidios o fomentar acuerdos entre empresas a lo largo de la cadena de suministro para estimular la producción. Las organizaciones internacionales, como el Banco Mundial, también pueden facilitar el acceso a los suministros para los países pobres. Los gobiernos deberían abstenerse de adoptar políticas de «comprar nacional» porque son contraproducentes e impiden que las empresas accedan a los abundantes suministros extranjeros.
Adoptar medidas comerciales colectivas para combatir la COVID-19, mantener en marcha las cadenas de suministro y sentar las bases para la recuperación
Una respuesta colectiva del G20, con mecanismos periódicos de seguimiento, es fundamental para evitar políticas comerciales atractivas desde el punto de vista político, pero contraproducentes. Si la cooperación mundial resulta imposible, los países dispuestos a colaborar deberían dar un paso al frente. La Organización Mundial del Comercio (OMC), debilitada en los últimos tiempos, ofrece un foro para que los países acuerden abstenerse de imponer prohibiciones a las exportaciones. También puede facilitar un acuerdo para eliminar los aranceles y las barreras no arancelarias sobre productos relacionados con la salud, ampliando el alcance y la participación de la iniciativa de la OMC sobre el comercio de productos farmacéuticos. La OMC también podría impulsar avances en las otras medidas mencionadas, entre ellas un marco común para el desplazamiento transfronterizo de profesionales de la salud y un entendimiento colectivo de que el Acuerdo de la OMC sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio no limita las medidas que pueden adoptar los gobiernos para garantizar un acceso asequible a nuevas vacunas y medicamentos.
La economía mundial posterior a la COVID-19 necesitará más cooperación comercial mundial, no menos. Harán falta normas comerciales mundiales para impulsar la inversión y el comercio. La reforma de la OMC es más urgente que nunca para actualizar las normas de acuerdo con los cambios drásticos provocados por la pandemia de COVID-19. Los países del G20 han permitido que se desmorone la colaboración internacional en materia comercial. Ahora tienen la oportunidad de aprovechar la crisis para sembrar las bases de una renovada cooperación comercial mundial.

