Millones de pacientes informan por su cuenta de sus síntomas de COVID-19 en aplicaciones de seguimiento.
Estas aplicaciones documentan la propagación geográfica de los brotes.
Los datos informan a los gobiernos y les permiten tomar decisiones políticas.
Mientras los científicos se apresuran a encontrar tratamientos contra el coronavirus, ¿podrían las contribuciones de ciudadanos comunes ayudar a superar la crisis?
Aún hay muchas cosas que desconocemos sobre la COVID-19, tras casi 2 millones de casos confirmados en todo el mundo y 127.000 muertes.
Persisten las incertidumbres sobre cómo muta el nuevo coronavirus, qué síntomas provoca la COVID-19 y si algún medicamento existente podría ayudar a aliviar la enfermedad.
A falta de pruebas estandarizadas a escala mundial para detectar el virus, las aplicaciones impulsadas por ciudadanos están proporcionando información valiosa a los investigadores.
El poder de la autodeclaración
En el Reino Unido y Estados Unidos, una aplicación llamada COVID Symptom Tracker ha animado a millones de personas a informar a diario por su cuenta sobre su estado de salud, lo que permite a los investigadores vigilar las zonas de alto riesgo, la velocidad de propagación del virus en cada zona y quiénes corren mayor riesgo de sufrir una enfermedad grave.
La aplicación permite a los científicos documentar los síntomas más frecuentes y crear mapas de calor que muestran dónde se concentran los casos.
Como explicó a The Conversation Tim Spector, profesor de epidemiología genética en King's College London y responsable de investigación de COVID Symptom Trackeren The Conversation: «Los políticos y los responsables sanitarios se encuentran en la poco envidiable posición de tener que tomar decisiones imposibles sobre la mejor manera de abordar esta situación cambiante. Sin embargo, les falta lo que más les ayudaría: datos. Esperar a tener datos sobre las personas que ingresan en unidades de cuidados intensivos y, a veces, lamentablemente, mueren es como estar en una guerra esperando a que caigan las bombas sin contar con un radar».
Los datos de COVID Symptom Tracker se están compartiendo a diario con responsables sanitarios, investigadores y responsables de políticas públicas para ayudarles a decidir cómo asignar los recursos y evaluar la eficacia de medidas como el distanciamiento social.
Alcance mundial
En Australia y Nueva Zelanda, plataformas de vigilancia de la gripe como FluTracking han ampliado su alcance para seguir los brotes de coronavirus en esos dos países. Patients Like Me, una plataforma de datos con sede en Estados Unidos y alcance mundial, está documentando los tratamientos que prueban los pacientes para tratar diversos síntomas del coronavirus, con el fin de ayudarles a manejar su enfermedad.
Estas aplicaciones no son la única forma en que la inteligencia artificial (IA) está ayudando a abordar la crisis. En el Reino Unido, el Servicio Nacional de Salud trabaja con grandes empresas tecnológicas, como Microsoft, Amazon y Palantir, así como con Faculty, especialistas en IA con sede en Londres, en un proyecto que utilizará datos de fuentes públicas para cartografiar los brotes de COVID-19 en tiempo real. Estos datos ayudarán a determinar dónde se necesitan más profesionales sanitarios, equipos y camas. El Gobierno del Reino Unido ha prometido anonimizar todos los datos para proteger la privacidad de los pacientes.
En un momento de ansiedad y especulación, el rigor científico será, en última instancia, lo que guíe tanto la respuesta de los gobiernos a la crisis del coronavirus como el desarrollo de vacunas y tratamientos. Sin embargo, la información personal compartida por el público tiene un papel fundamental en desentrañar los misterios de este virus devastador.


