El coronavirus ha desencadenado una crisis de financiación para las ONG justo cuando más se las necesita.
La desaceleración económica hace probable que los presupuestos de ayuda futuros y las donaciones disminuyan.
Un fondo de liquidez podría ayudar a las ONG a cubrir los gastos generales a corto plazo.
Todos sabemos que esta pandemia no tiene precedentes en escala ni en necesidad. Casi todos los hogares, comunidades, organizaciones, sectores y naciones se tambalean por sus efectos en la salud, la economía y la sociedad. Nuestro mundo ha cambiado profundamente.
También sabemos que las poblaciones afectadas por conflictos y las atrapadas en situaciones de fragilidad y crisis prolongadas, como Yemen, Siria y la República Democrática del Congo, serán especialmente vulnerables al impacto de la pandemia: efectos sanitarios y económicos, por supuesto, pero también riesgos para el orden social y la cohesión.
La comunidad mundial de ONG humanitarias está preparada para responder a las necesidades extraordinarias que genera esta crisis. Las organizaciones, entre ellas Mercy Corps y muchas otras –especialmente las ONG locales, las más conectadas con las comunidades en las que trabajan– ya están ampliando nuestras respuestas y se preparan para hacer mucho más.
Somos muy conscientes de nuestra función y responsabilidad de seguir atendiendo las necesidades de los millones de personas que dependen de nosotros. La comunidad humanitaria tiene un papel fundamental que desempeñar, tanto respondiendo a las necesidades inmediatas como ayudando a la recuperación a medio y largo plazo. En 2008 y 2009 trabajaba en Etiopía y fui testigo de primera mano del profundo y devastador impacto de la crisis financiera mundial en la seguridad alimentaria y los medios de vida de allí, así como de la necesidad de sistemas de mercado a largo plazo y programas de recuperación económica.
Y, sin embargo, el sector internacional humanitario y de desarrollo se enfrenta ya de forma acelerada a una amenaza crítica por esta pandemia, debido a las limitaciones de financiación que nos obligan a reducir nuestro tamaño y despedir personal justo en el momento en que nuestro trabajo se ha vuelto vital.
Para que quede claro, esto no es un intento de recaudación de fondos de una sola ONG. Aunque muchas personas generosas ya contribuyen de diversas formas a esta respuesta mundial, y sin duda muchas más lo harán, lo que realmente necesitamos es, nada menos, un nuevo modelo de financiación humanitaria innovador.
Necesitamos con urgencia sus mejores ideas, sus redes y su capacidad para reunir a las personas y ayudarnos a innovar para superar esta crisis.
La realidad es que se ha producido una reducción inmediata y considerable de la liquidez de nuestras organizaciones. Nuestro modelo de negocio se basa en nuestra capacidad para pagar a los miembros del equipo de forma centralizada y en los programas nacionales de todo el mundo, para ejecutar un impacto medible y acordado previamente mediante programas que hemos diseñado y que nuestros financiadores han aceptado. No está estructurado de forma adecuada para anticiparse y adaptarse a un cambio de contexto a gran escala.
Con el contexto cambiante de la pandemia de COVID-19, nuestros programas deben reorientarse con rapidez para responder a necesidades distintas y adicionales, al tiempo que afrontamos restricciones de viaje, requisitos de confinamiento y preocupaciones sanitarias. Esto exige una enorme flexibilidad, ya que cambian los parámetros y las estructuras de costos de nuestro trabajo, sin que se conozca en absoluto la duración de estos cambios. Las implicaciones para el flujo de caja y la liquidez son críticas y urgentes, tanto para las organizaciones internacionales como para las locales de toda la comunidad de ONG.
Empezamos a ver cierta flexibilidad por parte de varios donantes institucionales para ayudarnos a gestionar esta situación, pero necesitamos con urgencia un enfoque para todo el sector que aborde los siguientes desafíos:
Una crisis aguda de liquidez.
Presión para reducir rápidamente la capacidad operativa antes de ampliar la respuesta.
Una carga de riesgo financiero y operativo que recae de forma desproporcionada sobre las ONG y otros socios ejecutores.
Una grave recesión económica que hace poco probable que las carencias en nuestra capacidad para cubrir costos se compensen con futuros presupuestos de ayuda y donaciones individuales.
Reducir la capacidad ahora sería catastrófico para la capacidad de las ONG de responder tanto a las necesidades inmediatas como a las de largo plazo que veremos aumentar en todo el mundo como consecuencia de esta pandemia.
Muchos de nuestros donantes institucionales pagan a posteriori y, a menudo, solo después de largas demoras y auditorías. Esto difiere del sector empresarial con ánimo de lucro, que, ante un aumento importante y previsto de pedidos, puede exigir un pago considerable por adelantado o recaudar financiación para afrontar el aumento. Hasta la fecha, el mercado privado no ha ofrecido el tipo de servicios de financiación a corto plazo para las ONG que las empresas utilizan para financiar aumentos de capacidad. No contamos con subvenciones condicionales ni mecanismos de financiación anticipada que puedan activarse cuando se cumplan condiciones predefinidas. Con pocas excepciones, los donantes no han logrado establecer estas condiciones para sus beneficiarios y, en cambio, esperan que las organizaciones puedan disponer de efectivo para anticipar el aumento de capacidad necesario para responder a una crisis.
Para ayudarnos a abordar estos desafíos, necesitamos nuevas ideas y soluciones innovadoras. Nunca hemos necesitado tanto la colaboración intersectorial, aprovechando nuestras respectivas áreas de experiencia y capacidades en el sector privado, los gobiernos y la sociedad civil. La Plataforma de Acción frente a la COVID-19 del Foro nos ofrece esta oportunidad de colaboración, así como una movilización rápida, el intercambio de ideas innovadoras y la identificación de soluciones creativas.
Entre las posibles soluciones podrían figurar las siguientes:
Un mecanismo de financiación anticipada para poner a disposición a gran escala la financiación recaudada por adelantado, con el fin de atender las necesidades inmediatas y adaptarse a medida que cambian esas necesidades y contextos. Ya conocemos muchas de las soluciones clave que debemos poner en marcha lo antes posible: desde educar a la población sobre cómo frenar la propagación de la enfermedad, hasta recursos para hospitales, distribuciones de efectivo a quienes lo necesitan, el mantenimiento de la cadena de suministro de alimentos, etcétera.
Establecer un vehículo de inversión para la respuesta a la COVID-19; por ejemplo, un modelo de financiación basado en resultados que apoye económicamente a los hogares y las comunidades mientras practican el distanciamiento social, vinculado a una reducción medible a medio plazo de las consecuencias económicas de la pandemia.
Durante años se ha hablado mucho de crear un Fondo de Liquidez para las ONG. Hoy, más que nunca, existe la necesidad y la oportunidad de crear dicho fondo, que las ONG podrían utilizar para cubrir los gastos generales a corto plazo y devolverlo con el tiempo, potencialmente, una vez que empiece a llegar la financiación para la respuesta.
Desarrollar un mecanismo de marco de riesgo que cubra los mayores riesgos a los que están expuestas las ONG. Necesitamos encontrar un modelo que permita un enfoque de reparto de riesgos mucho mayor, de modo que las ONG no carguen solas con la totalidad del riesgo financiero, pero que también sea aceptable para los donantes. Muchas empresas minoristas prevén pérdidas por robo y destrucción de entre el 1 y el 3 %. Crean procesos y procedimientos para mantenerse dentro de ese umbral de riesgo aceptable predeterminado. La tolerancia cero de los donantes ante el riesgo de pérdida no se ajusta a la realidad y es un marco poco útil para orientar las decisiones, en especial para las organizaciones humanitarias que trabajan en los entornos más volátiles y de mayor riesgo, incluso cuando se aplican los controles más estrictos. ¿Cuál es un nivel de riesgo aceptable para las operaciones que salvan vidas en los entornos más inseguros y de mayor riesgo del mundo, donde las necesidades humanitarias son extensas? ¿Podemos ponernos de acuerdo sobre cuál podría ser y gestionarlo todos colectivamente dentro de un umbral acordado?
La comunidad humanitaria mundial debe estar en primera línea de la respuesta a las necesidades humanitarias que crecen rápidamente en todo el planeta: salvando vidas y mucho más, a lo largo de esta pandemia y más allá. Y, como en toda crisis, hay una oportunidad. Una oportunidad para diseñar y desarrollar nuevas soluciones de financiación, que podrían ayudar a encontrar formas nuevas y mejores de afrontar juntos los desafíos mundiales. Nunca ha sido tan necesario como ahora.


