Cómo podría ayudarnos la COVID-19 a ganar la lucha contra el cambio climático

A man wearing a protective mask observes the Arpoador beach during the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in Rio de Janeiro, Brazil, March 29, 2020. REUTERS/Ricardo Moraes TPX IMAGES OF THE DAY - RC2WTF97YZ6V
A man wearing a protective mask observes the Arpoador beach during the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in Rio de Janeiro, Brazil, March 29, 2020.Image: REUTERS/Ricardo Moraes
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  • A medida que el mundo se recupera de la COVID-19, no debemos permitir que las soluciones a corto plazo nos impidan abordar riesgos a más largo plazo, como el cambio climático.

  • La respuesta a la pandemia ilustra cinco medidas que podemos tomar para abordar la crisis mundial del cambio climático.

  • Entre ellas figuran dar prioridad a las personas, escuchar perspectivas de todo el mundo y confiar en los expertos.

La pandemia de COVID-19 ha suscitado una respuesta mundial sin precedentes. Desde los gobiernos y las empresas que asumen nuevas funciones para responder a la crisis hasta la reorganización completa de nuestra forma de trabajar, viajar y socializar, hemos presenciado cambios transformadores que hace apenas unas semanas parecían imposibles. El coste humano de la pandemia es aterrador, pero la respuesta se ha caracterizado en gran medida por el cuidado, la compasión y la conexión, así como por un ritmo de cambio sin precedentes.

Lo que ocurra en los próximos meses podría tomar uno de dos rumbos.

Existe el riesgo de que, cuando amaine la crisis inmediata y se aclaren sus consecuencias económicas, abandonemos nuestras aspiraciones a largo plazo en busca de soluciones fáciles a corto plazo, muchas de las cuales tendrían consecuencias ambientales adversas. Entre ellas figuran el retroceso en las normas ambientales, el estímulo de la economía mediante subsidios a industrias que dependen en gran medida de los combustibles fósiles y el empeño en fabricar más cosas, en lugar de aprovecharlas mejor.

Pero existe otra posibilidad. Mientras todavía estamos conmocionados por el impacto de lo que ocurre a nuestro alrededor y nos adaptamos a nuestra nueva realidad, podríamos aprovechar este momento como una oportunidad única para reconstruir la sociedad y la economía tal como las queremos. Dado que los científicos advierten que nos quedan 10 años para evitar las peores consecuencias del cambio climático, esta podría ser una oportunidad para resolver la crisis climática antes de que sea demasiado tarde.

Varios cambios provocados por la emergencia de la COVID-19 sientan las bases de la transformación necesaria. Estas son cinco medidas que deberíamos tomar.

Repensar los riesgos

Hace años que conocemos el riesgo de una pandemia mundial: basta con recordar la declaración de Bill Gates durante una charla TED de 2015: «Si algo mata a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, lo más probable es que sea un virus muy infeccioso… Deberíamos preocuparnos. Pero, de hecho, podemos crear un sistema de respuesta realmente eficaz». Sin embargo, tuvo que desencadenarse una catástrofe para impulsar a gobiernos, empresas y particulares a actuar a la escala necesaria.

El cambio climático también supone una gran amenaza para la vida humana y exige urgentemente una respuesta integral. Un estudio publicado en la revista médica The Lancet prevé que para 2050 el cambio climático habrá causado 500.000 muertes de adultos.

Image: El Atlas

Si la pandemia nos enseña a reconocer nuestra vulnerabilidad ante impactos de gran alcance, como las pandemias y los desastres relacionados con el clima, estaremos mucho mejor preparados para afrontarlos.

Escuchar las perspectivas de todo el mundo

La naturaleza verdaderamente mundial de la crisis de la COVID-19 nos obliga a reconocer que estamos todos juntos en esto. Por ejemplo, la ayuda que China envió a Italia representa algo más que cambios en el panorama geopolítico: también demuestra que se está superando la percepción de los demás como «otros» y que se reconoce que los acontecimientos en una parte del mundo pueden afectarnos a todos.

Aún no se sabe si la COVID-19 llevará al mundo a optar por la vía del aislamiento nacional o la solidaridad mundial, pero comprender cada vez más que estamos conectados por naturaleza con personas de geografías y circunstancias muy distintas puede impulsar una acción climática firme.

Dar prioridad absoluta a las personas

La respuesta a la COVID-19 ha colocado de golpe en el centro de la agenda —tanto de particulares como de empresas y gobiernos— la difícil situación de los pacientes, el personal médico y otros grupos vulnerables. Muchas personas están reorganizando sus vidas para practicar el distanciamiento social, ayudar a las personas mayores con sus tareas y hacer voluntariado en centros de salud y bancos de alimentos, lo que demuestra la fuerza que podemos movilizar cuando nos une una causa común.

Las empresas están redirigiendo sus líneas de producción para suministrar productos médicos y de higiene, ofrecen acceso gratuito a sus plataformas en línea y apoyan a sus empleados de diversas maneras, por ejemplo, aumentándoles el sueldo, lo que pone de manifiesto su capacidad de adaptación para responder a necesidades urgentes. Y los gobiernos están comprometiendo billones para ayudar a las personas afectadas por el coronavirus, en lo que parece una «carrera hacia arriba» para ofrecer a sus ciudadanos el apoyo más integral posible.

Todo esto demuestra que es posible responder a gran escala a una crisis mundial. Debemos aprovechar esta ola de compasión e iniciativa para proteger a las personas vulnerables en todos los contextos, incluidas aquellas más expuestas a los efectos del cambio climático.

Image: Informe de Riesgos Globales 2020 del Foro Económico Mundial

Confiar en los expertos

A medida que hemos tomado conciencia de la magnitud de la pandemia, el valor del conocimiento se ha vuelto cada vez más evidente. Los consejos de los epidemiólogos se han hecho virales (todos hemos visto el meme de «aplanar la curva») y se ha ensalzado a los médicos como héroes. Esto podría marcar un punto de inflexión en la tendencia hacia la pérdida de autoridad de los expertos.

También debemos escuchar a los científicos del clima y a los asesores en políticas públicas para ganar la lucha contra el cambio climático. Confiar más en expertos de todo tipo nos lleva en la dirección correcta.

Impulsar un cambio cultural

Muchos aspectos de la respuesta a la COVID-19 se parecen a los cambios que necesitamos como parte de una respuesta integral al cambio climático. Lo interesante es que muchos de los cambios necesarios solo requieren un cambio cultural. Por ejemplo, ni el auge del ciclismo ni la ampliación de las ciclovías en Bogotá mientras la ciudadanía evita el transporte público, ni el experimento de trabajar desde casa durante la pandemia de coronavirus, han requerido nuevas tecnologías; en cambio, se han basado en nuevas ideas.

Está claro que contamos con muchas de las herramientas necesarias para avanzar significativamente en la lucha contra el cambio climático; ahora necesitamos la voluntad política para aplicarlas.

Aún hay mucha incertidumbre sobre cómo será el mundo cuando salgamos de la pandemia de COVID-19, pero los cambios fundamentales que estamos presenciando en la sociedad bien podrían ofrecernos una última oportunidad para evitar una catástrofe climática.

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