La soledad y el aislamiento social pueden tener efectos negativos para nuestra salud.
Durante la pandemia de COVID-19, debemos recordar cuidarnos a nosotros mismos, a nuestras comunidades y al medio ambiente.
Juntos podemos mejorar nuestro bienestar a corto plazo y nuestra resiliencia frente a los riesgos a largo plazo.
Durante la pandemia de COVID-19, se ha pedido a muchas personas de todo el mundo que se queden en casa con sus familias, si las tienen, o solas si no las tienen. Mantener la distancia física con los demás y dejar de "el contacto no esencial" nos ayudará a frenar la propagación de la enfermedad. Sin embargo, a muchos nos resulta difícil el autoaislamiento. Es duro para los niños que prefieren ver a sus amigos en la escuela, o para los trabajadores que se desplazan no solo por un salario, sino también para conectar con personas afines. ¿Y qué pasa con nuestros mayores, que salen a comprar no solo alimentos, sino también para tener interacción social?
La mayor distancia física puede reducir nuestra sensación de conexión social y emocional, lo que conduce a una mayor soledad. Los estudios han demostrado que la soledad puede tener diversos efectos adversos para nuestra salud, como un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, depresión y demencia. Un análisis del panorama de la literatura científica realizado en 2015 mostró que el aislamiento social crónico aumenta el riesgo de mortalidad en un 29 %.
Mientras nuestros líderes nos piden que demostremos solidaridad manteniendo la distancia, ¿cómo nos mantenemos bien? La economía del cuidado podría ayudarnos a transformar nuestra experiencia del confinamiento, haciéndonos más resilientes frente a estas y otras perturbaciones a gran escala en el futuro. Estas son tres cosas que puede hacer.
Cuídese a sí mismo
El autocuidado significa simplemente tomar medidas para preservar o mejorar su salud mental, emocional y física. En el contexto de la pandemia de coronavirus, puede resultar fácil perder de vista la importancia del autocuidado. Sin embargo, en momentos de estrés y ansiedad elevados, nos volvemos más susceptibles al desequilibrio emocional, a la enfermedad y a las dolencias.
Existe una gran cantidad de blogs, libros y guías sobre el autocuidado, que ofrecen orientación en este amplio (y a veces confuso) ámbito. Las pautas básicas incluyen:
Observar qué le hace sentirse bien
Dedicar tiempo a esas actividades, y
Dar menor prioridad a las interacciones que agotan su energía emocional y física.
Cuide de su comunidad
Uno de los estudios más longevos del mundo, que lleva más de 80 años en marcha en Harvard, demuestra que integrarse en la comunidad nos ayuda a vivir más años. Como explica Robert Waldinger, profesor de Harvard: “Cuidar de su cuerpo es importante, pero atender a sus relaciones también es una forma de autocuidado.” Las relaciones cercanas, más que la clase social, el coeficiente intelectual o incluso los genes, son el factor predictivo más importante de la esperanza de vida y de la felicidad de una persona.
En un momento de separación social forzada, mantener el contacto con amigos cercanos y familiares cobra cada vez más importancia. Asimismo, también aumenta la necesidad de salir de nuestra zona de confort y conectar con vecinos con los que quizá no hayamos hablado, o con personas mayores que viven aisladas en las proximidades.
Por ejemplo, en el transcurso de tres días se han creado 35 grupos de Facebook en todo Canadá para promover ‘caremongering’ – actos cotidianos de amabilidad en pequeñas comunidades para quienes lo necesitan, a medida que el distanciamiento social se convierte en la norma. El hashtag #iso destaca las publicaciones de personas "en busca de" ayuda, y el hashtag #offer muestra a quienes están dispuestos a apoyar con una tarea o una conexión.
Chris Segrin, especialista en ciencias del comportamiento de la Universidad de Arizona argumenta que las redes sociales, los mensajes de texto y las videollamadas no son tan buenos como las interacciones cara a cara, pero son “definitivamente mejores que no tener ninguna interacción”. Basta con saber que se puede contar con alguien si es necesario para atenuar los efectos del aislamiento social, según experimentos conductuales realizados en laboratorio.
Las socializaciones virtuales, los cafés digitales y las cenas a distancia pueden ayudarnos a conservar nuestro sentido de conexión emocional. Y conectar por FaceTime a la abuela de al lado podría ayudarla a contactar con amigos a los que normalmente vería en persona.
Cuidar del medio ambiente
A medida que la economía se ha desacelerado, también lo han hecho las emisiones y la contaminación. Los cielos de China se han vuelto azules. Los gases nocivos de las aeronaves han desaparecido, ya que los aviones están en tierra. Los beneficios a corto plazo para el medio ambiente ya son visibles.

Sin embargo, la crisis de evolución lenta que presenta el cambio climático significa que nuestra sociedad se enfrentará a mayores riesgos en el futuro. Las sequías generalizadas, las inundaciones, la propagación de enfermedades a nuevas zonas geográficas a medida que aumentan las temperaturas y la amenaza de la subida del nivel del mar exigirán todas una respuesta colectiva para gestionarlas.
Una idea consiste en situar la energía limpia en el centro de los planes de estímulo, como Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE (Agencia Internacional de la Energía), explica. Las aerolíneas que soliciten ayuda a los gobiernos podrían estar sujetas a requisitos estrictos de reducción de emisiones, mientras que los paquetes de ayuda podrían orientarse a restablecer sistemas de transporte público eficientes en emisiones y a crear empleos verdes.
¿Y si las empresas agrícolas localizaran sus cadenas de suministro a medida que los países cierran sus fronteras? ¿Y si los minoristas rediseñaran los envases, cuyo abastecimiento les resulta cada vez más difícil por el cierre de tiendas a causa de la COVID-19? ¿Y si cada uno de nosotros saliera a plantar un árbol, le pusiera nombre y velara por su bienestar?
El coronavirus es un ejemplo de riesgo global que requiere una respuesta internacional coordinada. Es un caso de prueba para reconfigurar nuestros sistemas personales y económicos hacia aquellos que sitúan el cuidado en primer plano, tanto para nuestro bienestar a corto plazo como para nuestra resiliencia frente a riesgos similares en el futuro.

