Los sistemas de energía distribuida generan y almacenan energía en el lugar donde se utilizará o cerca de él.
Son flexibles y escalables, lo que hace que el sistema eléctrico sea más resiliente ante las crisis.
La digitalización es vital para descentralizar el sistema energético.
Los sistemas de energía distribuida pueden inspirar nuevas formas de pensar sobre la colaboración.
En todo el mundo, se está ampliando rápidamente la capacidad sanitaria para atender a los pacientes infectados. Se están construyendo hospitales de emergencia enteros, como el Centro del condado de Westchester, centro de atención alternativo en White Plains, Nueva York, en cuestión de días y semanas. Contar con un suministro eléctrico fiable es un requisito indispensable para estos proyectos. Las tecnologías energéticas modernas ofrecen las mejores posibilidades de éxito. Los enfoques descentralizados actuales son rápidos, flexibles y escalables.
1. Los enfoques distribuidos pueden mejorar la preparación ante las crisis
Los sistemas de energía distribuida (SED), en los que la energía se genera y almacena en el lugar donde se consumirá o cerca de él, están mejorando la eficiencia y la transparencia, y haciendo más robustas las infraestructuras energéticas.
Los SED que pueden desplegarse rápidamente también pueden ser una parte eficaz de nuestra respuesta a otros tipos de crisis. Pueden ayudar a restablecer con rapidez el suministro eléctrico tras huracanes, inundaciones u otros desastres naturales. También pueden contribuir a que los servicios y las empresas sigan funcionando durante los cortes de suministro imprevistos.
En 2017, Blue Lake Rancheria, una reserva indígena estadounidense centenaria del norte de California, puso en marcha su microrred comunitaria de bajas emisiones de carbono. La enorme perturbación provocada por la crisis de la COVID-19 ha puesto de relieve cuánto dependen de la electricidad las sociedades modernas, y el sistema de microrred SED de Blue Lake Rancheria ha demostrado ser invaluable, por segunda vez. Cuando el año pasado los cortes de electricidad por motivos de seguridad pública dejaron a oscuras a la comunidad circundante durante los incendios forestales, los sistemas de Blue Lake Rancheria seguían funcionando gracias a su propio suministro eléctrico conectado a una microrred.
Además, los cuellos de botella en las cadenas de suministro causados por los cierres relacionados con el coronavirus han puesto de relieve la necesidad de reducir las dependencias mediante la diversificación. Para satisfacer nuestras necesidades energéticas, las soluciones descentralizadas y controlables de generación y almacenamiento de energía de los SED pueden proporcionar a los usuarios finales resiliencia local o incluso plena independencia de la red, a menudo con ventajas económicas. Los operadores de redes también pueden beneficiarse, porque los SED pueden gestionar la demanda para reducir los picos de carga cuando la infraestructura se acerca a sus límites de capacidad. Así, las soluciones distribuidas pueden hacer más robusto nuestro suministro eléctrico, especialmente si aprovechamos los datos que generan.
2. Es hora de aprovechar los beneficios de la digitalización en el sector energético
El coronavirus está acelerando la transformación digital de la sociedad y la economía, y debemos aprovechar la oportunidad que esto ofrece. Las videoconferencias están superando las distancias geográficas. Nuestra vida social se ha trasladado a internet. Los autores realizan lecturas públicas en línea, se retransmiten conciertos y los escolares hacen sus clases por internet.
La digitalización del trabajo también avanza. Empresas como Siemens dependen en gran medida de la tecnología digital para mantenerse en contacto con sus clientes, no solo mediante videollamadas, sino también utilizando plataformas digitales para prestar servicios a distancia que mantienen las empresas en funcionamiento. Podríamos decir que la crisis está permitiendo que las tecnologías maduren y ocupen el lugar que les corresponde en el mundo. Por fin estamos utilizando capacidades que llevamos mucho tiempo teniendo a nuestra disposición. Están surgiendo nuevas prácticas.
Pero ¿están mejorando estos avances en digitalización el suministro eléctrico? Desde luego, el sector energético no parte de cero en este ámbito. Lleva años sometido a una presión constante a raíz de dos revoluciones entrelazadas: la revolución digital y la revolución de los sistemas energéticos. Una sería impensable sin la otra.
La transformación digital ha sido una de las principales causas del creciente apetito energético mundial. Los expertos prevén que, ya en 2025, la digitalización podría generar más gases de efecto invernadero que el tráfico por carretera. Sin embargo, para el sector energético, la digitalización es indispensable para hacer frente a la creciente complejidad.


La integración de tecnologías distribuidas y de energías renovables intermitentes está haciendo que nuestros sistemas energéticos sean cada vez más complejos. No obstante, los enlaces digitales que conectan los distintos componentes del sistema proporcionan datos valiosos. Analizar esta información permite mejorar la gestión de la carga y detectar desviaciones con suficiente antelación para prevenir posibles fallos antes de que se produzcan.
La digitalización mejora la eficiencia y la transparencia, al tiempo que hace que las infraestructuras sean más robustas y fiables; por ejemplo, mediante el uso de redes inteligentes para conectar sistemas distintos, como edificios y redes eléctricas. Antes eran meros consumidores de energía aislados; hoy, los edificios inteligentes son ámbitos de aplicación idóneos para los sistemas de energía distribuida. Estas instalaciones conectadas se están convirtiendo en participantes activos de la red eléctrica al suministrar energía y datos.

Las conexiones digitales entre las redes eléctricas y los edificios pueden liberar un enorme potencial. Los edificios representan alrededor del 40% del consumo energético mundial, pero un edificio promedio sigue desperdiciando hasta el 50% de la energía que consume. En este ámbito, podríamos ahorrar mucho dinero y, al mismo tiempo, proteger el medio ambiente.
Equipar un edificio con sistemas digitalizados, conectados e inteligentes puede reducir su huella ecológica hasta en un 80%. Un edificio inteligente ahorra energía y puede ayudarnos a combatir el cambio climático, otra crisis que figura en nuestra agenda.
3. Todos podemos cooperar para cerrar la brecha entre la ciencia climática y las realidades económicas
La crisis del coronavirus y la crisis climática presentan interesantes paralelismos estructurales: necesitamos aplanar tanto la curva de contagios como la de temperaturas. Ambas crisis son mundiales y combatirlas requiere cooperación internacional. Ambas nos obligan a actuar con previsión. Y ambas nos llevarán inevitablemente a examinar de forma crítica cómo afrontamos antiguas certezas de la vida, como la globalización.
Ahora debemos centrarnos en unir fuerzas en todo el mundo para hacer frente a la pandemia. Pero llegará el momento de la reconstrucción. Y con él, la oportunidad de desarrollar un nuevo modelo mundial de prosperidad y protección del clima. Hay señales alentadoras de que puede lograrse.
Por ejemplo, los gobiernos nacionales han seguido de forma coordinada las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para contener la pandemia. La cooperación internacional es más importante que nunca, especialmente en el ámbito médico. Y los científicos han pasado de repente al centro del debate público. La gente busca y sigue sus consejos.
Los investigadores y sus advertencias también desempeñan un papel clave en el debate climático. Sin embargo, hasta ahora la brecha entre los hallazgos de los expertos y su aplicación práctica ha sido demasiado amplia. Ahora tenemos la oportunidad de reducirla. Debemos gestionar de manera sensata la recuperación económica posterior a la pandemia para garantizar que la prosperidad y la protección del clima no sean incompatibles.
Gracias a sus beneficios ambientales y económicos, los sistemas de energía distribuida pueden ayudar a cerrar esta brecha en el ámbito estratégicamente importante de la política energética, por ejemplo, mediante una mejor integración de los recursos renovables. Para garantizar su éxito, se necesitará una cooperación intensiva en muchos ámbitos, como la normalización, la financiación y las políticas gubernamentales.
Paradójicamente, las tecnologías descentralizadas son muy útiles para reforzar la cohesión del sistema. Los sistemas de energía distribuida pueden inspirar nuevas formas de pensar sobre cómo aprender a colaborar de maneras distintas. Así que sigamos una de las lecciones más importantes de la crisis del coronavirus: estamos juntos en esto y solo podremos afrontar los desafíos del futuro si trabajamos juntos.

