4 formas en que la ciencia debería transformarse después de la COVID-19

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Siete meses después de los primeros casos notificados de COVID-19, la pandemia ha trastocado todos los aspectos de la vida y ha dejado a muchos confinados y desorganizados, obligados a encontrar nuevas formas de comunicarse, trabajar y cuidar de la familia y de las comunidades.

Este nivel de alteración mundial plantea desafíos muy importantes y, al mismo tiempo, tiene el potencial de abrir espacio para transformar el statu quo. Esta es una oportunidad para el ámbito científico, si sabemos aprovecharla, de garantizar que contemos con la ciencia necesaria para seguir innovando y responder a las necesidades del mundo actual de la COVID-19 y del futuro pospandémico.

En un momento en que «la necesidad es la madre de la invención», hemos visto que las iniciativas científicas han sido ágiles e inclusivas ante los desafíos de la pandemia de COVID-19. Esto demuestra que es posible adaptarse y ofrecer lo que los investigadores y el mundo necesitan de la ciencia en un futuro pos-COVID-19, si abordamos cuatro desafíos fundamentales:

1. Repensar cómo se financia la investigación

Las restricciones a la movilidad provocadas por la COVID-19 están revelando un posible agujero negro en las finanzas de las universidades y de los organismos activos que realizan investigaciones en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

Las universidades afrontan una importante caída en las matriculaciones de estudiantes en el año académico 2020-2021, ya que estos reconsideran o aplazan su ingreso, con estimaciones de una reducción de £2.47 mil millones en los ingresos por matrículas universitarias del Reino Unido, y pérdidas similares en Australia (AUD $4.6 mil millones) y Estados Unidos (posiblemente $23 mil millones).

Las matrículas suelen financiar las actividades de investigación STEM, por lo que los recursos destinados a realizar la investigación que el mundo necesita ahora y de cara al futuro podrían verse muy afectados si no replanteamos los modelos actuales de financiación de la investigación.

Flujo neto de efectivo procedente de actividades operativas (en millones de £) por institución en 2020-21, escenario de referencia frente al posterior a la pandemia, por institución y grupoImage: London Economics

Los sistemas de financiación de respuesta rápida que se han activado o establecido durante la pandemia para recibir y tramitar solicitudes de subvención para investigaciones relacionadas con la COVID-19 ilustran el posible impacto de ese replanteamiento. Mientras que la revisión de una solicitud de subvención típica tarda entre siete y nueve meses, las decisiones sobre estas subvenciones rápidas se toman en un plazo que va de 48 horas a unas pocas semanas. Después, los fondos se ingresan en las cuentas universitarias en cuestión de días, lo que permite a los investigadores y sus equipos movilizarse con mayor rapidez.

Si durante una crisis podemos identificar en cuestión de horas o semanas las solicitudes que merecen financiación, podemos hacer lo mismo en condiciones normales. Otra ventaja de acelerar el proceso de financiación de la investigación es que el equipo que presentó la solicitud suele estar ya reunido, constituido y listo para empezar. Actuar rápidamente sobre las propuestas de subvención permite aprovechar la energía, el entusiasmo y la determinación que suscita la idea propuesta y, al hacerlo, aumenta las probabilidades de obtener resultados innovadores y creativos.

2. Revisar qué investigaciones reciben financiación

Con un modelo de financiación sostenible, sigue siendo fundamental garantizar que la investigación financiada responda a las necesidades a corto plazo y también pueda anticiparse a las del futuro.

El apoyo a la investigación 'básica' fundamental debe ser una prioridad para posibilitar avances revolucionarios a medio y largo plazo. Al mismo tiempo, también debemos proteger la investigación aplicada que pueda responder a necesidades como la COVID-19 cuando surjan. Una forma de lograrlo es valorar y financiar de manera más equitativa ambas ramas de la ciencia.

En Estados Unidos, la investigación fundamental suele financiarse a través de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF), cuyo presupuesto es de $8 billones, mientras que la investigación biomédica y aplicada traslacional se financia a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), cuyo presupuesto es de $41 mil millones. Los NIH disponen de cinco veces más fondos que la NSF. ¿Qué mensaje transmite eso sobre el tipo de investigación que se valora y en el que deberían centrarse los investigadores y las instituciones? Equilibrar la asignación de fondos podría transformar el ámbito científico y dar lugar a descubrimientos transdisciplinarios más revolucionarios, como la tecnología de edición genética CRISPR-Cas9 que ha revolucionado la biología moderna.

La posibilidad de aplicar este modelo de financiación es decisiva para el ritmo, el alcance y el impacto del ámbito científico, como demuestra la carrera por encontrar una vacuna contra la COVID-19. Encontrar una vacuna requiere conocimientos fundamentales y aplicados. Por ejemplo, sin el trabajo fundamental de secuenciar y anotar las secuencias del genoma del virus SARS-CoV-2 para identificar mutaciones y dianas farmacológicas, crear una vacuna viable sería una tarea casi insuperable .

3. Reimaginar los modelos de publicación científica

Como durante una pandemia cada día cuenta, los datos científicos son más sensibles al paso del tiempo que nunca. Investigadores, periodistas, líderes empresariales y políticos han recurrido a manuscritos autoeditados de prepublicaciones para identificar nuevos datos importantes.

Las prepublicaciones, aunque no son publicaciones revisadas por pares, tienen la ventaja de ofrecer resultados en tiempo real con mayor rapidez que los métodos tradicionales de revisión por pares, cuyos resultados pueden quedar desactualizados cuando aparecen en revistas académicas, meses o incluso años después de recopilarse los datos. Sin embargo, también presentan desafíos importantes, como muestran los errores detectados en el análisis y la posterior revisión tanto de prepublicaciones como de artículos revisados por pares sobre la reutilización del fármaco antipalúdico hidroxicloroquina.

El control de calidad es una característica indispensable de la publicación científica. Aunque buscar refutar hipótesis e identificar fallos al evaluarlas son pilares del progreso científico, es importante no introducir más incertidumbre u opacidad de la necesaria eludiendo el sistema de revisión.

Las revistas con revisión por pares han acelerado la publicación de estudios sobre el coronavirus. Un análisis de 14 revistas (principalmente de virología) observó que el tiempo de publicación había bajado de 117 a 60 días. Image: Foro Económico Mundial

Se ha elogiado a la comunidad editorial por ofrecer acceso gratuito y abierto a investigaciones relacionadas con la COVID-19 y revisadas por pares que normalmente estarían tras un muro de pago. Al imaginar el futuro pospandémico, deberíamos preguntarnos: ¿pueden y deben todas las investigaciones ser de acceso abierto para que cualquiera pueda consultarlas? Si queremos acelerar la forma de hacer ciencia y que sus hallazgos sean verdaderamente transparentes, hay argumentos convincentes para adoptar modelos de acceso abierto que sean sostenibles tanto para los equipos de investigación como para las editoriales

La COVID-19 ha impulsado el alcance y la accesibilidad de servidores de prepublicaciones como bioRxiv y medRxiv. Este nuevo acceso a las publicaciones científicas tendrá repercusiones en el mundo pospandémico, pues surgirán nuevos públicos que demandarán ciencia de acceso abierto.

4. Reconsiderar cómo comunicamos la ciencia

Hay motivos reales para el optimismo en la forma en que la COVID-19 ha propiciado una integración mucho más visible de la ciencia, la sociedad y, en algunos casos las políticas que los gobiernos de todo el mundo han adoptado para frenar la propagación del virus dentro de sus fronteras.

Los resultados de una encuesta rápida de la OCDE a más de 1.100 científicos, responsables de políticas y miembros del público en 80 países muestran que la gente cree que, tras la crisis de la COVID-19, los conocimientos médicos y científicos estarán más integrados en el asesoramiento sobre políticas. Image: OCDE

Es necesario nutrir estos prometedores avances. De cara al futuro, debemos tener presente que lo que se entiende por ciencia y para qué se utiliza puede depender de algo tan sencillo como la forma en que se comunica. Si queremos incorporar la mejor ciencia a la toma de decisiones basada en evidencia en el gobierno, las políticas, la industria, las empresas y entre el público en general, la comunidad científica debe formar de manera constante a los investigadores para que comuniquen excelentemente su trabajo y la contribución que este hace a la sociedad.

Existen programas y oportunidades para que los científicos participen más ampliamente fuera del ámbito académico, pero siempre se puede hacer más. Además de los enfoques de base, es necesario que las instituciones respalden la formación en comunicación científica desde el nivel universitario y creen oportunidades para que los científicos, tanto al inicio como en etapas avanzadas de su carrera, adquieran cierta experiencia comunicando su trabajo a distintos públicos. Es probable que una formación específica y estructurada rinda enormes frutos al mejorar las competencias de la futura comunidad científica.

Sin embargo, incluso la mejor comunicación científica solo es eficaz cuando el mundo está dispuesto a escuchar lo que dicen los científicos. Si uno de los legados de la COVID-19 es que la ciencia forme parte orgánica de la toma de decisiones —en lugar de ser solo una herramienta que ofrece una solución cuando surge un desafío concreto—, habremos avanzado enormemente para garantizar que la actividad científica conduzca a los mejores resultados para el bien público.

A los científicos nos enseñan a pensar en las fuerzas disruptivas como aquellas que pueden producir cambios sísmicos. La pandemia de COVID-19 es precisamente una fuerza de ese tipo para la ciencia. Durante la COVID-19 y después de ella, deberíamos esperar crear innovaciones que cambien los paradigmas del ámbito científico. Cualquier cosa menos sería una oportunidad perdida para la ciencia y la sociedad.

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