Los datos muestran que la pandemia perjudica a los más vulnerables de la sociedad.
La continuidad empresarial dependerá del fortalecimiento de las comunidades en las que opera.
La pandemia ha impulsado alianzas que priorizan el impacto sobre las consideraciones empresariales competitivas.
Mientras los gobiernos de todo el mundo intentan gestionar las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la pandemia de COVID-19, el sector privado está dividido en cuanto a su papel al salir de la crisis. En una reciente encuesta a consejeros delegados de empresas de la lista Fortune 500, el 28% considera que la confianza en el capitalismo aumentará como consecuencia de la respuesta empresarial a la COVID-19, mientras que el 24% no está de acuerdo.
La investigación de APCO Worldwide sobre las percepciones de los consumidores durante la pandemia muestra que el 74% de las personas “no ven a ninguna empresa ni líder corporativo que destaque”. Dado el nuevo entorno operativo y el ritmo acelerado de cambio que recorre nuestra sociedad, ¿cuál es el papel de las empresas a la hora de ayudar a Build Forward después de la COVID-19?
Esta cuestión debe examinarse en el contexto del creciente número de desafíos en los ecosistemas en los que operan las empresas. Más allá de las alarmantes cifras de desempleo, existen tendencias más preocupantes en las que la pandemia perjudica a los más vulnerables: trabajadores por horas con una movilidad profesional más limitada; estudiantes que acaban de graduarse, ya bautizados como una “generación perdida”, que se enfrentan a la recesión económica más severa desde la Segunda Guerra Mundial; y mujeres, que verán revertirse la tendencia hacia el cierre de la brecha de género en el lugar de trabajo.
Un reciente estudio de la UCL de Londres reveló que las mujeres con hijos tienen un 47% más de probabilidades que los hombres con hijos de haber perdido o dejado sus empleos de forma permanente desde febrero. Tienen un 14% más de probabilidades de haber sido puestas en suspensión temporal de empleo. Las trabajadoras de la economía informal y de las pymes de los mercados emergentes sufrirán el golpe más duro, según la ONUDI. En un momento en que el mundo traslada todo a internet, casi 32 millones de personas en Estados Unidos, una de las economías más avanzadas del mundo, no pueden utilizar eficazmente un ordenador.
Aunque estamos viviendo la mayor caída de emisiones de CO2 desde comienzos de siglo, muchos temen que esto se revierta rápidamente, ya que el activismo y la movilización en favor del clima han pasado a un segundo plano durante la pandemia, y la reapertura en todo el mundo se centrará en aumentar rápidamente la producción y el rendimiento.
Los líderes del sector que actúan de forma proactiva para atender las necesidades de todas sus partes interesadas están registrando una recuperación financiera más rápida que sus homólogos del sector. Un informe de BlackRock muestra que las empresas con calificaciones ESG altas han sido más resilientes durante la reciente caída del mercado. Sin embargo, el impulso para actuar debe ir más allá de las consideraciones de resultados. Hace aproximadamente una década, el consejero delegado de PwC afirmó célebremente afirmó que “las empresas no pueden tener éxito en un mundo fracasado”. Poco después del brote del coronavirus, el consejero delegado de Mastercard se unió a la Fundación Gates y al Wellcome Trust para invertir 125 millones de dólares en el Therapeutic Accelerator. Al ser preguntado en la plataforma COVID-Action del FEM sobre su razonamiento para respaldar esta iniciativa, Ajay Banga afirmó que la misión de Mastercard era conectar y potenciar una economía digital e inclusiva que beneficie a todos… pero que no puede haber inclusión sin una economía en funcionamiento. Ese mismo marzo, Jamie Dimon instó a las empresas a “pensar, actuar e invertir en el bien común”.
Los desafíos a los que nos enfrentamos hoy trascienden las industrias y las fronteras nacionales. Hoy, las empresas tienen un papel único que desempeñar, no en reconstruir, sino en construir hacia adelante una sociedad más resiliente, capaz de resistir futuras catástrofes. Hay algunas formas en que las empresas pueden contribuir a una recuperación más inteligente:
1. Evalúe las fortalezas de su organización y apóyese en ellas
Las empresas pueden tener un impacto desproporcionado: a través de los productos que fabrican, la infraestructura mundial, las cadenas de suministro y su alcance, su base de empleados y clientes, y su know-how comparativo del sector. Al inicio de la COVID, Unilever anunció su alianza con el Departamento para el Desarrollo Internacional del Gobierno del Reino Unido (DFID) para llegar a mil millones de personas en todo el mundo, suministrando 20 millones de productos de higiene en el mundo en desarrollo, incluidas zonas con poco o ningún saneamiento, aprovechando su alcance mundial y sus cadenas de suministro.
Accenture y Service Now utilizaron sus plataformas tecnológicas y su alcance para lanzar People + Work Connect, una plataforma innovadora que facilita el empleo continuado, ayuda a las personas a volver al trabajo durante la pandemia y moviliza a competidores directos como ADM y Cargill, Nordstrom y Walmart. La Iniciativa de Reforma de la Justicia Penal de Microsoft, junto con el Urban Institute, Emerson College y los departamentos penitenciarios estatales, se centra en un enfoque basado en datos para comprender las deficiencias del sistema de justicia penal de Estados Unidos.
2. Sea ambicioso y creativo al definir dónde puede tener el impacto más amplio
Los problemas, desde el clima hasta la desigualdad o el desempleo, se ven agravados por esta crisis, y la continuidad empresarial dependerá del fortalecimiento de las comunidades en las que opera. MIT Solve, un mercado de innovación social, reúne de forma habitual a emprendedores tecnológicos y a una red de líderes públicos, privados y filantrópicos en torno a retos globales. Uno de los cuatro retos de este año está explícitamente dedicado a nuevos empleos y al emprendimiento inclusivo. PayPal centra sus esfuerzos en la salud financiera y la igualdad de sus empleados, definiendo ingreso disponible neto y fijando un listón más alto para los salarios y las prestaciones.
Un grupo de empresas tecnológicas buscó abordar la difícil situación de sus empleados durante la pandemia lanzando Invest In Parents, una iniciativa centrada en ayudar a los padres trabajadores, en particular a las madres trabajadoras, a participar, permanecer y prosperar en el mercado laboral. Intel, Google, Iberdrola y Nestlé reiteraron recientemente sus compromisos en materia de energía verde y acción climática.
3. Impulse nuevas alianzas multiplicadoras
La COVID-19 ha demostrado no solo una rápida movilización en todos los sectores, sino también una nueva ola de alianzas multiplicadoras que priorizan el impacto sobre las consideraciones empresariales competitivas y crean sinergias innovadoras. Desde Takeda uniendo fuerzas con sus competidores para desarrollar soluciones de plasma para el tratamiento de la COVID-19, hasta Ventec Life Systems y GM fabricando ventiladores de cuidados intensivos: este tipo de alianzas debe convertirse en la nueva norma y será un acelerador del impacto.
Este es un momento decisivo de nuestro tiempo. Las empresas tendrán un papel fundamental y una responsabilidad en la recuperación y en la construcción de un mundo más verde, justo e inteligente. Es momento de construir hacia adelante.



