La pandemia de COVID-19 ha dejado al descubierto fallas sistémicas y una desigualdad drástica.
La sociedad civil desempeña un papel fundamental en la recuperación mundial de la pandemia y de la economía.
Tras la crisis, la sociedad civil puede actuar como defensora, vigilante y autoridad de confianza.
A medida que los países empiezan a levantar las medidas de confinamiento por la pandemia de COVID-19, cada vez se oyen más voces que piden «no volver a la normalidad». La pandemia ha dejado al descubierto fallas sistémicas y ha puesto de relieve la drástica desigualdad de nuestro sistema neoliberal global.
Por ejemplo, una minoría privilegiada de la población mundial ha podido trabajar desde casa, mientras que la mayoría de los trabajadores ha arriesgado su propia salud y la de sus familias para llevar comida a la mesa. El virus ha revelado el valor esencial de los puestosen los sectores de la salud y la producción de alimentos, pese a estar mal remunerados. Estos efectos socioeconómicos afectan aún más a las mujeres,que constituyen la mayoría de la fuerza laboral esencial y tienen más probabilidades de realizar trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Las comunidades indígenas y rurales que carecen de agua corriente para lavarse las manos de forma regular y cuidadosa también se ven afectadas de manera desproporcionada. Además, las poblaciones más marginadas y pobres son las más golpeadas, no solo por el virus, sino también por la crisis económica mundial.
La flagrante desigualdad y la amenaza de una brecha de riqueza aún mayor alimentan el deseo de una transformación socioeconómica global: un nuevo contrato social. Ahora tenemos la oportunidad de construirlo.
Este llamamiento a un cambio sistémico llega desde todos los rincones del mundo,desde la ciudadanía y los grupos de defensa de causas hasta algunas de las mayores empresas del mundo. Pero, para que el cambio sea eficaz, deben participar todos los sectores de la sociedad, especialmente la sociedad civil.
¿Qué es la sociedad civil?
A menudo denominada «tercer sector», la sociedad civil es un término que se usa con frecuencia, pero que rara vez se comprende del todo.
El Banco Mundial define la sociedad civil como «la amplia variedad de organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro que tienen presencia en la vida pública y expresan los intereses y valores de sus miembros y de otras personas, basándose en consideraciones éticas, culturales, políticas, científicas, religiosas o filantrópicas». Esto incluye ONG grandes y pequeñas, como Amnistía Internacional; sindicatos, como la CSI; grupos indígenas, como AFPAT; comunidades religiosas y organizaciones multiconfesionales, como Religiones por la Paz; y activistas y movimientos sociales que se movilizan en torno a una causa concreta.
La sociedad civil es una parte interesada esencial del ecosistema global y de los Estados democráticos, y debe ser un componente central de la recuperación internacional tras el coronavirus. He aquí por qué.
1. Representación
Por mucho que a las celebridades les guste decir «estamos todos juntos en esto», no todos vivimos la COVID-19 de la misma manera. (La desigualdad social vuelve a hacerse presente.)
Mientras que las personas más privilegiadas han podido aislarse sin preocuparse por sus ingresos futuros, muchísimas personas han sufrido dificultades y se han visto obligadas a aislarse en espacios reducidos y en condiciones difíciles, si es que podían aislarse. Las organizaciones de la sociedad civil prestan ayuda importante; por ejemplo, durante el confinamiento de las familias, se han disparado las llamadas a las líneas de atención a víctimas de violencia doméstica. En todo el mundo, otras organizaciones defienden a las personas que carecen de agua corriente o de acceso a internet, así como a las minorías y a las personas pobres.
2. Vigilancia
La sociedad civil actúa como vigilante de la democracia. Esta función es crucial durante una pandemia, cuando los gobiernos adoptan poderes de emergencia para combatirla con eficacia. Los confinamientos y las restricciones en todo el país pueden justificarse por la gravedad de la COVID-19, pero deben ser proporcionales y tener una duración limitada. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado violaciones de los derechos humanos cometidas bajo el pretexto de proteger al país. Access Now y Transparencia Internacional señalan las restricciones impuestas a los medios de comunicación y a los periodistas y piden que se protejan los derechos digitales en los sistemas gubernamentales de rastreo.
La sociedad civil también observa el levantamiento del confinamiento y la implementación de medidas de estímulo económico. ONG medioambientales como Greenpeace hacen seguimiento de los rescates públicos a las industrias contaminantes.
La experiencia de la sociedad civil en el escrutinio de las acciones de los gobiernos y del sector privado, y en la exigencia de mayor transparencia y rendición de cuentas, es necesaria para construir un futuro pospandémico más justo y respetuoso de los derechos.
3. Comunicación y confianza
Desde el comienzo de la pandemia hasta el levantamiento del confinamiento, la comunicación eficaz y la confianza en el gobierno han sido fundamentales para que la ciudadanía cumpla las órdenes de emergencia nacionales, como llevar mascarilla y quedarse en casa. En Irán, la falta de confianza en el gobierno llevó a la ciudadanía a ignorar sus recomendaciones, lo que socavó la eficacia de sus medidas.
Como demostró la pandemia de H1N1 de 2009, cuando se politizan las emergencias de salud pública y la comunicación gubernamental es contradictoria, se socava la confianza en la administración nacional. En este contexto, la sociedad civil constituye un vínculo esencial entre el gobierno y la ciudadanía. En muchas regiones, la sociedad civil goza de más confianza y autoridad moral que el gobierno, además de contar con una amplia red que llega a las zonas más rurales. Esto ocurre especialmente en el caso de las comunidades religiosas, que prestan ayuda y también solidaridad a los sectores vulnerables de la sociedad, y actúan tanto como canales de información como primeros intervinientes. Esta confianza es crucial para recuperarse de la pandemia y reactivar la economía mundial.
Pese a las graves restricciones a su movilidad y actividad, grupos de la sociedad civil como las organizaciones humanitarias, los grupos de defensa de causas, las organizaciones de desarrollo, las comunidades religiosas, las organizaciones multiconfesionales y las organizaciones comunitarias han atendido las necesidades de las comunidades locales, regionales y mundiales durante la crisis. La pandemia ha revelado cómo nuestros sistemas globales desiguales nos hacen vulnerables a futuros desafíos sistémicos: crisis económicas, cambio climático y futuras pandemias.
Para aumentar la resiliencia mundial, necesitamos el «nuevo contrato social» que reclaman la ciudadanía, las organizaciones de la sociedad civil e incluso las empresas. Las redes, la experiencia y los conocimientos de la sociedad civil son indispensables para que tenga éxito.

