COVID-19 un año después: ¿qué hemos aprendido?

Image: IBM
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  • En el año transcurrido desde la aparición de la COVID-19, el mundo ha registrado 85 millones de casos de la enfermedad, y la cifra sigue aumentando.

  • La pandemia demostró el poder de la colaboración para crear soluciones con rapidez.

  • Este tipo de colaboraciones puede ayudar a proteger al mundo frente a las crisis futuras.

El 31 de diciembre de 2019, el mundo daba la bienvenida a un nuevo año sin saber que habían surgido varios casos de neumonía vírica de causa desconocida en la ciudad china de Wuhan. Cuarenta y cuatro personas estaban enfermas, 11 de ellas de gravedad, y esos casos se notificaron a la Oficina en el País de la Organización Mundial de la Salud.

Aquellos pocos casos de COVID-19 se convirtieron en unos cientos y luego en unos miles, hasta que aquel goteo se transformó en una inundación que se extendió más allá de China continental y se propagó por todo el planeta. Tan solo un año después, hemos acumulado 85 millones de casos, y la cifra sigue aumentando.

Durante el último año hemos aprendido mucho sobre cómo abordar las crisis mundiales, pero, en mi opinión, hay una lección que no puede ignorarse: la necesidad de establecer colaboraciones más estratégicas entre instituciones y sectores.

El poder de la colaboración quedó demostrado una y otra vez. Poco después de que el virus recibiera su nombre, investigadores chinos publicaron la primera secuencia de su genoma. Para ampliar su uso, científicos de IBM procesaron después todos los genomas del SARS-CoV-2 secuenciados, lo que dio como resultado más de tres millones de secuencias: genomas, genes, proteínas y otras moléculas. Añadieron estos datos a la Plataforma de Genómica Funcional , un repositorio para investigadores que trabajan en la identificación de dianas moleculares para el diseño de fármacos, el desarrollo de pruebas diagnósticas y el tratamiento.

Esa plataforma cuenta ahora con más de 300 millones de secuencias biológicas extraídas de diversos genomas microbianos, y el genoma del coronavirus es la incorporación más reciente. Todo es de código abierto, otro ingrediente clave para el éxito, junto con las colaboraciones.

La actualización de esta plataforma se llevó a cabo a una velocidad vertiginosa, al igual que muchos otros proyectos relacionados con la COVID-19. Estoy seguro de que IBM no es la única en esto; aun así, tras haber sido testigo de primera mano de los esfuerzos de mis colegas, me asombró ver cómo todos compartían un sentido de urgencia común y una disposición a trabajar juntos para acelerar la búsqueda de soluciones. Para mí, el Grupo de Trabajo Tecnológico de IBM sobre la COVID-19, creado para afrontar la crisis, ha sido el proyecto más natural en colaboración que he dirigido.

Mientras trabajábamos, el coronavirus seguía presente en todas partes, aparentemente inevitable. Yo mismo me vi profundamente afectado cuando supe, en marzo, que mi primo en Madrid, médico, también había contraído el virus. Momentos como aquel pusieron de manifiesto que ninguna persona u organización podía vencer a la COVID-19 por sí sola. Sin embargo, esa idea dio lugar a un momento crucial de inspiración. Llamé a la Casa Blanca y, en poco más de una semana de debates, se estableció una alianza mundial de la que me siento especialmente orgulloso: el Consorcio de Computación de Alto Rendimiento contra la COVID-19.

Esta colaboración público-privada cuenta ahora con 43 miembros: laboratorios nacionales, universidades y empresas tecnológicas, muchas de ellas, por lo general, rivales en el sector, entre las que figuran Google, Amazon Web Services, Dell, Microsoft y otras. Juntos, hemos ofrecido a investigadores de todo el mundo acceso gratuito a potentes recursos informáticos que, de otro modo, no tendrían. El Consorcio ha acelerado y hecho posibles decenas de proyectos relacionados con la COVID-19 en todo el mundo, desde el diseño de fármacos hasta el análisis de la propagación del virus o la distribución de respiradores entre varios pacientes, entre otros.

Paralelamente a la creación del Consorcio, también hemos adaptado nuestra plataforma de IA basada en la nube Deep Search, para ayudar en el diseño de fármacos. Saber si se han intentado diseñar moléculas con propiedades específicas e identificar lagunas de conocimiento es fundamental. La IA ha sido entrenada precisamente para ello: analiza e ingiere miles de artículos científicos del COVID-19 Open Research Dataset y de bases de datos como DrugBank, Clinicaltrials.gov y GenBank, y convierte los datos en gráficos de acceso abierto fáciles de leer.

Cuando la verdad realmente importa

Si bien los tratamientos terapéuticos y las vacunas son fundamentales para detener una pandemia, la información también lo es. Ha habido una avalancha de desinformación y noticias falsas sobre la COVID-19, desde teorías conspirativas que afirman que el coronavirus es un arma biológica creada en un laboratorio chino hasta sitios web que declaran que el virus ni siquiera existe. Las noticias falsas han llevado a personas a salir a las calles en protestas contra los confinamientos, con el riesgo de exponerse al virus en una multitud, o a negarse a usar mascarillas y a respetar el distanciamiento social.

Una vez más, la colaboración ha obrado maravillas. Trabajando con The Weather Company, creamos una aplicación para teléfonos inteligentes que muestra la propagación del virus por Estados Unidos. La aplicación de The Weather Company y weather.com muestran ahora un mapa codificado por colores, con gráficos de tendencias por condado y por estado, así como estadísticas sobre el aumento o la disminución de casos. La aplicación obtiene datos de fuentes fiables, como la Organización Mundial de la Salud y la Universidad Johns Hopkins, así como de fuentes a nivel estatal y de condado.

Consulte los casos de COVID-19 notificados cerca de usted y manténgase informado con datos, noticias e información en weather.com y en la aplicación de The Weather Channel.Image: The Weather Channel de IBM

Normalmente, una aplicación como esta podría tardar meses en desarrollarse. Juntos, IBM y The Weather Company lo lograron en poco más de una semana. Todo cambia cuando se trata de una carrera contra el tiempo.

Hubo muchos otros ejemplos de colaboraciones nuevas y eficaces. La colaboración es, al fin y al cabo, la forma en que se crearon tres de las principales vacunas: la Universidad de Oxford y AstraZeneca ejemplifican el poder de la unión entre el mundo académico y la industria, mientras que las empresas emergentes, combinadas con líderes del sector y con el gobierno, dieron lugar a las vacunas de BioNTech/Pfizer y Moderna, respectivamente.

Pero las crisis mundiales futuras son inevitables, ya sea otra pandemia, un terremoto especialmente devastador, una megasequía o incluso el impacto de un meteorito sobre una ciudad. Y es entonces cuando las lecciones que hemos aprendido durante el surrealista 2020 resultarán útiles: las lecciones para acelerar el diseño de fármacos; las lecciones para combatir la desinformación; las lecciones para desarrollar tecnología esencial que salve vidas con rapidez; y, sobre todo, las lecciones para crear más alianzas mundiales entre el sector público y el privado, porque funcionan.

Tengo una forma de impulsar este proceso. Necesitamos crear las Reservas de Preparación Científica (SRR), una alianza a escala verdaderamente global y multidisciplinar, con científicos de la industria, el mundo académico y el gobierno trabajando codo con codo. Investigadores de distintos campos evaluarían de antemano los riesgos de un desastre específico y elaborarían un plan de acción para afrontarlo cuando se produzca.

El equipo central de las SRR los pondría en contacto con las instalaciones necesarias para acelerar el proceso, desde recursos de supercomputación hasta secuenciación genómica o sistemas de seguimiento de asteroides, entre otros. Además, las SRR también colaborarían con los responsables de políticas para poner en marcha el plan propuesto en cuanto sea necesario y de la forma más eficiente posible.

Algún día, esta pandemia terminará. Volveremos a viajar. Muchos de nosotros regresaremos a la oficina y nuestros hijos cambiarán el aprendizaje en casa por un colegio de verdad. Por fin disfrutaremos de ese concierto que tanto deseábamos ver el año pasado antes de que se cancelara, nos maravillaremos ante el increíble arte de esa exposición que lleva meses con un cartel de «cerrada temporalmente», o celebraremos un cumpleaños como es debido, con amigos riendo a nuestro lado y no en una videollamada.

Son esos momentos cotidianos que la crisis nos arrebató. Las Reservas de Preparación Científica pueden ayudarnos a proteger esos momentos cotidianos y a garantizar que no se interrumpan ni se alteren, y que el mundo no vuelva a quedar desprevenido.

Podemos adelantarnos a la próxima crisis. Pero debemos actuar ahora para hacerlo realidad. Debemos asegurarnos de que, la próxima vez, estemos preparados.

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