La Gran Pandemia de Gripe representa un escenario plausible de peor caso para el brote actual de COVID-19.
Se estima que la pandemia, que duró de 1918 a 1920, causó 39 millones de muertes, equivalentes al 2 % de la población mundial de aquella época.
En este momento, la probabilidad de que la COVID-19 alcance algo parecido al brote de 1918-20 parece remota, pero las lecciones que podemos extraer de él en materia de mortalidad, macroeconomía y finanzas pueden ayudar a gestionar los efectos de la actual pandemia de coronavirus.
Más allá del contagio y las muertes, la propagación del nuevo coronavirus (COVID-19) ha provocado caídas bursátiles, un fuerte aumento de la volatilidad financiera, descensos de los tipos de interés nominales y contracciones de la actividad económica real. En este momento, existe una incertidumbre considerable sobre la escala final de la pandemia y sus implicaciones económicas, especialmente en cuanto a cómo podría ser un escenario de peor caso. Consideramos que la Gran Pandemia de Gripe proporciona un límite superior razonable en términos de mortalidad y efectos económicos, según se analiza a partir de la experiencia de varios países en Barro et al. (2020).
La pandemia se produjo en tres oleadas principales: la primera en la primavera de 1918, la segunda, y la más mortífera, de septiembre de 1918 a enero de 1919, y la tercera, de febrero de 1919 hasta el final de ese año (en algunos países hubo una cuarta oleada en 1920). Las dos primeras oleadas coincidieron con el último año de la Primera Guerra Mundial (1918), lo que contribuyó a propagar la infección entre países. Un rasgo inusual de la pandemia fue la elevada mortalidad entre adultos jóvenes sin enfermedades preexistentes. También causó la muerte de varias personas célebres, entre ellas el sociólogo Max Weber, el artista Gustav Klimt y Frederick Trump, abuelo del actual presidente de Estados Unidos. Entre los supervivientes se encontraban el economista Friedrich Hayek, el empresario Walt Disney y el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson.
En esta columna analizamos las lecciones de la Gran Pandemia de Gripe en tres ámbitos: (1) mortalidad y morbilidad, (2) efectos macroeconómicos medidos por las caídas del PIB y del consumo, y (3) repercusiones en la rentabilidad financiera y la inflación.
Mortalidad y morbilidad
La figura 1 muestra nuestras estimaciones de las tasas de mortalidad en exceso causadas por la Gran Pandemia de Gripe en 43 países durante 1918-1920. Los datos proceden de una serie de fuentes, detalladas en Ursúa (2009) y Weng (2016). Entre las referencias importantes figuran Johnson y Mueller (2002), Murray et al. (2006), Mitchell (2007) y la Base de Datos de Mortalidad Humana (www.mortality.org). Los países de nuestra muestra constituyen el 89 % de la población mundial estimada en 1918, y una fracción aún mayor del PIB mundial de la época. La mortalidad por gripe varió mucho entre países, y algunos registraron tasas muy bajas. La tasa más alta, con diferencia, es la de India, con un total acumulado del 5,2 % durante la pandemia. La tasa de mortalidad de China no fue ni de lejos tan elevada, pero, debido a su gran población, contribuyó de forma significativa al número de muertes a escala mundial. Estados Unidos tuvo una tasa de mortalidad acumulada del 0,5 %, con un número asociado de 550 000 muertes.
Sumando las estimaciones por país y extrapolándolas a la población mundial (suponiendo tasas de mortalidad por gripe comparables en los lugares no incluidos) se obtiene un total de 26,4 millones de muertes por gripe en 1918, 9,4 millones en 1919 y 3,1 millones en 1920, es decir, un total mundial de 39 millones entre 1918 y 1920. En proporción a la población, las cifras son del 1,38 % para 1918, del 0,49 % para 1919 y del 0,16 % para 1920; la suma de estas tasas de mortalidad es del 2,0 %.
Si se aplica esa tasa de mortalidad a la población mundial actual (unos 7.500 millones de personas), se obtienen cifras de mortalidad asombrosas: 150 millones de muertes en todo el mundo y 6,5 millones en Estados Unidos. Sin embargo, es probable que estas cifras representen el peor escenario posible en la actualidad, en particular porque los procedimientos sanitarios son más avanzados que en 1918-20, aunque otros factores, como el mayor número de viajes internacionales, actúen en sentido contrario. Además, esos escenarios de peor caso no tienen en cuenta las diferencias en los perfiles demográficos de la Gran Pandemia de Gripe y de la COVID-19.

Las tasas de mortalidad a veces se expresan como proporciones del número de infectados, pero son mucho menos fiables, porque dependen de recuentos de infecciones medidos de forma imprecisa. En el caso de la Gran Pandemia de Gripe, una cifra que se cita habitualmente es que aproximadamente un tercio de la población mundial se infectó con el virus H1N1. Si esta cifra fuera exacta, una tasa de mortalidad del 2,0 % para la población total, como estimamos, se traduciría en una tasa de mortalidad del 6 % de la población infectada. Pero esta última debe considerarse altamente especulativa, porque se basa en encuestas realizadas en unos pocos lugares de Estados Unidos (como describe Frost, 1920). Por eso, en nuestro análisis de los efectos macroeconómicos utilizamos tasas de mortalidad sobre la población total.
Efectos macroeconómicos sobre el PIB y el consumo
Barro y Ursúa (2008) concluyeron que el impacto macroeconómico de la Gran Pandemia de Gripe pudo haber sido considerable. Esa investigación se centró en los desastres macroeconómicos, definidos como caídas acumuladas superiores al 10 % del PIB real per cápita o del consumo (basadas en datos de gasto de consumo personal real). Los resultados sugieren que la pandemia pudo haber sido el cuarto shock macroeconómico negativo más importante para el mundo desde 1870, tras la Segunda Guerra Mundial, la Gran Depresión de principios de la década de 1930 y la Primera Guerra Mundial. En concreto, se constató que 12 países habían sufrido desastres macroeconómicos según el PIB y ocho según el consumo, con años de mínimo entre 1919 y 1921. Con un conjunto de datos ampliado, ahora podemos distinguir los efectos de la pandemia de la guerra con la que se solapó en parte, aprovechando las variaciones entre países en las tasas de mortalidad por gripe de 1918 a 1920 y en las tasas de mortalidad bélica de 1914 a 1918.
Nuestro análisis revela efectos negativos estadísticamente significativos de las tasas de mortalidad por gripe y por guerra sobre el crecimiento económico, ilustrados en la figura 2. Se estima que la Gran Pandemia de Gripe redujo el PIB real per cápita y el consumo del país típico en un 6,0 % y un 8,1 %, respectivamente. La Primera Guerra Mundial se asocia con descensos del PIB y del consumo del 8,4 % y del 9,9 %, respectivamente. Estas cifras concuerdan con la observación que hicimos antes, según la cual la pandemia pudo haber provocado un número considerable de desastres macroeconómicos poco frecuentes. Además, nuestros ejercicios econométricos muestran que al menos una parte del efecto negativo de la guerra sobre el PIB fue permanente, mientras que los efectos de la gripe pudieron ser permanentes, temporales o situarse entre ambos extremos.

Impacto en la rentabilidad financiera y la inflación
Para evaluar el impacto de las tasas de mortalidad por gripe y por guerra en las variables financieras, seguimos la misma estrategia econométrica que para las variables macroeconómicas, y nos centramos en la rentabilidad real de las acciones (basada en índices bursátiles amplios) y de las letras del Tesoro a corto plazo. Los rendimientos nominales de los activos se ajustaron a la inflación de precios al consumo para calcular los rendimientos reales. En el país típico, se estimó que la rentabilidad de las acciones se vio afectada negativamente en 26 puntos porcentuales por las muertes por gripe y en 19 puntos porcentuales por las muertes en la guerra, respectivamente. En cuanto a la rentabilidad de las letras, los efectos negativos fueron de 14 puntos porcentuales y 13 puntos porcentuales, respectivamente. Probablemente, estos resultados se debieron en parte a los fuertes efectos positivos de la Gran Pandemia de Gripe y de la Primera Guerra Mundial sobre las tasas de inflación.
Implicaciones para la pandemia de COVID-19
La Gran Pandemia de Gripe de 1918-1920 representa un escenario plausible de peor caso para brotes de enfermedades de alcance mundial como la COVID-19. La tasa de mortalidad de la primera, del 2 % de la población total, equivale hoy a 150 millones de muertes. Además, esa tasa de mortalidad corresponde a descensos estimados del PIB y del consumo en el país típico del 6 % y del 8 %, respectivamente. Asimismo, la pandemia se asoció con descensos considerables de la rentabilidad real de las acciones y de las letras del Tesoro a corto plazo.
En este momento, la probabilidad de que la COVID-19 alcance algo parecido a la Gran Pandemia de Gripe parece remota, dadas las diferencias epidemiológicas, los avances en salud pública y las políticas de mitigación en curso. En cualquier caso, las grandes pérdidas potenciales de vidas y de actividad económica justifican un gasto sustancial de recursos para intentar limitar el daño. En la práctica, los países han recurrido a políticas de reducción del PIB real como vía para frenar la propagación de la enfermedad. Existe claramente una difícil disyuntiva entre vidas y bienes materiales, con escasa discusión en curso sobre cómo debe evaluarse esta disyuntiva y cómo debe actuarse en consecuencia
Referencias
Barro, R J y J F Ursúa (2008), «Macroeconomic Crises since 1870», Brookings Papers on Economic Activity 39: 255-350.
Barro, R J, J F Ursúa y J Weng (2020), «The Coronavirus and the Great Influenza Pandemic. Lessons from the “Spanish Flu” for the Coronavirus’s Potential Effects on Mortality and Economic Activity», documento de trabajo NBER 26866.
Frost, W H (1920), «Statistics of Influenza Morbidity: with Special Reference to Certain Factors in Case Incidence and Case Fatality», Public Health Reports 35(11): 584-597.
Johnson, N P A S y J Mueller (2002), «Updating the Accounts: Global Mortality of the 1918-1920 ‘Spanish’ Influenza Pandemic», Bulletin of the History of Medicine 76(1): 105 115.
Mitchell, B R (2007), International Historical Statistics, Palgrave.
Murray, C, A D Lopez, B Chin, D Feehan y K H Hill (2006), «Estimation of Potential Global Pandemic Influenza Mortality on the Basis of Vital Registry Data from the 1918–20 Pandemic: A Quantitative Analysis», The Lancet 368(9554): 2211–2218.
Ursúa, J F (2009), «Flu, War, and Economic Recessions», inédito, Universidad de Harvard, noviembre.
Weng, J (2016), «Blue from the Flu? A Cross-Country Panel Analysis of the 1918-1920 Great Influenza on Macroeconomic Growth», tesis de licenciatura inédita, Universidad de Harvard, marzo.
Notas finales
1 La incapacidad del presidente Wilson probablemente tuvo un impacto negativo en las negociaciones del Tratado de Versalles de 1919. Así, si las duras condiciones que este tratado impuso a Alemania llevaron finalmente a la Segunda Guerra Mundial, la Gran Pandemia de Gripe pudo haber causado indirectamente la Segunda Guerra Mundial.
2 Nuestros análisis se centran en el impacto de las tasas de mortalidad por gripe en los resultados económicos, y no en posibles efectos inversos de las condiciones económicas sobre la tasa de mortalidad. Cabe señalar, no obstante, que la tasa de mortalidad por gripe de 1918-1920 presenta una correlación global de -0,25 con el PIB real per cápita de un país en 1910. Esta asociación negativa refleja probablemente el impacto de unos mejores servicios sanitarios y de una mejor organización en sentido amplio.

