La mitad de la población mundial está ahora bajo algún tipo de confinamiento para frenar la propagación de la pandemia del coronavirus COVID-19.
La popularidad de los cursos en línea ha aumentado desde marzo, cuando las restricciones se extendieron.
En los últimos meses, la matrícula del curso «The Science of Well Being» de la Universidad de Yale ha aumentado un 295%.
Antes de la pandemia, el 61% de las personas en Estados Unidos afirmaba sentirse sola, lo que las hacía vulnerables a las medidas de distanciamiento social y confinamiento.
Casi la mitad de la población mundial ha recibido la orden de quedarse en casa para limitar la propagación de la pandemia del coronavirus COVID-19. Esto es crucial para reducir el impacto inmediato del virus, es decir,aplanar la curva; pero crece la preocupación por cómoestas estrictas medidas afectarán a la salud mental.
Y mientras los confinamientos continúan en todo el mundo, muchas personas recurren a internet en busca de ayuda; entre ellas, los 1,3 millones de personas que ya se han inscrito en«The Science of Well Being», un curso gratuito de la Universidad de Yale. Desde finales de 2019, su matrícula ha aumentado un 295%, y en marzo de 2020 se inscribió más de medio millón de nuevos alumnos en apenas unas semanas.
Aprender durante el confinamiento
El auge de las inscripciones en línea también se observa en otros lugares. Un curso que también abordala ciencia de la felicidad, impartido por la Universidad de California en Berkeley, ha batido su propio récord de inscripciones al atraer a medio millón de estudiantes de todo el mundo.
Ahora que los estudiantes a tiempo completo y quienes estudian en casa de manera más informal utilizan gran parte de la misma tecnología, es probable que la oferta se diversifique. Y esto va más allá de los cursos universitarios: desdelas aplicaciones de meditación y las clases digitales de actividad física hasta los cursos de cocina en línea, todo está en auge.
Sin embargo, el interés por los recursos centrados en la felicidad y el bienestar podría revelar cómo afectan a la población las medidas de quedarse en casa.
Efectos del aislamiento
Además de darnos tiempo y reducir la presión sobre los sistemas de salud, las medidas de aislamiento y distanciamiento social nos plantean dificultades al afectar qué queremos hacer, dónde queremos hacerlo y con quién queremos estar, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La agencia afirma que esnatural que sintamos estrés, ansiedad y soledaden estas circunstancias.
En los últimos años, se ha debatido mucho sila soledad ha alcanzado niveles epidémicos, especialmente entre los jóvenes. En Estados Unidos, por ejemplo, el 61% de la población general dijo en una encuesta haber experimentado soledad. Es llamativo que casi el 80% de las personas de la generación Z —de 18 a 22 años— dijera sentirse sola.
Unadescripción habitualdel problema —que se ha demostrado perjudicial para la salud física y mental— es la sensación que experimentamos cuando no se satisface nuestra necesidad de contactos y relaciones sociales gratificantes. Dado cuánto ha reducido la COVID-19 el contacto con el mundo exterior para muchas personas, es probable que aún más gente esté experimentando esa sensación.
Nuestra creciente dependencia de la tecnología ylas redes sociales suele citarse como un factor que contribuye a la soledad, especialmente entre los jóvenes. Por eso quizá resulte irónico que esa misma tecnología pueda ser precisamente lo que ayude a muchas personas a combatir la soledad durante el brote de COVID-19.
La ciencia de la felicidad
La repentina popularidad de estos cursos pone de relieve un aumento general de la conciencia sobre la salud mental, en un momento en que la soledad es casi del todo inevitable. Pero ¿puede estudiarse científicamente la felicidad?
Según la profesora Laurie Santos, responsable del curso «The Science of Well Being» de Yale, sí es posible:
«Parece un poco extraño adoptar un enfoque científico de la felicidad», explicó en una entrevista con el Foro Económico Mundial. «Pero los investigadores llevan tres décadas estudiando las bases científicas de la felicidad».
En lugar de centrarse en las circunstancias, los investigadores buscan a personas felices, las encuestan y estudian su comportamiento; luego realizan ensayos controlados aleatorizados para comprobar si las personas infelices pueden mejorar su bienestar haciendo lo mismo.
«Entonces, si tomamos a una persona promedio de la calle y hacemos que realice las actividades de las personas felices, ¿mejorará su felicidad?», explica Santos. A menudo, la respuesta es sí, añade.
Con las restricciones y los confinamientos en todo el mundo, ahora no puedes ser esa persona promedio que anda por la calle. Sin embargo, el auge de cursos en línea como el de Santos significa que no necesariamente tienes que salir de casa para aprender un poco sobre la felicidad, el bienestar o una amplia variedad de otros temas.
Y eso quizá sea motivo para sonreír.


