Durante décadas, la sangre del cangrejo herradura ha sido fundamental para garantizar la seguridad de las vacunas.
Las peticiones de utilizar una alternativa creada por el ser humano han recibido un revés por parte de un influyente grupo estadounidense de normas.
Todos los medicamentos inyectables, incluida cualquier posible vacuna contra la COVID-19, deben someterse a pruebas para detectar endotoxinas nocivas.
La sangre azulada de un invertebrado más antiguo que los dinosaurios quizá no sea lo primero que se le pase por la cabeza cuando se remanga para ponerse una inyección.
Por ello, puede resultar sorprendente saber que este ingrediente exacto es fundamental en las pruebas de vacunas en todo el mundo.
Cientos de miles de cangrejos herradura son capturados con este fin cada año, de hecho. Y, aunque la labor milagrosa de estas criaturas suele pasar desapercibida, ha copado los titulares a medida que se intensifica la carrera por encontrar una vacuna contra la COVID-19.
Con unos 400 fármacos y vacunas contra el coronavirus en desarrollo y en pruebas de seguridad que utilizan sangre de cangrejo herradura, actualmente el estándar de la industria, este peculiar animal está llamado a desempeñar un papel importante en la pandemia.

Fósiles vivientes
Los cangrejos herradura son habitualmente pescados en la costa este de Estados Unidos para uso médico.
En realidad no son cangrejos, sino artrópodos más emparentados con los escorpiones, y llevan existiendo casi sin cambios durante más de 440 millones de años. Debido a este linaje ancestral, a menudo se les denomina «fósiles vivientes».
Una de las razones por las que la especie ha sobrevivido tanto tiempo reside en esa sangre azul, de ese color porque está rica en cobre. Esta se coagula cuando entra en contacto con bacterias, lo que la convierte en un salvavidas para el cangrejo herradura y en un elemento esencial de la medicina humana actual.
Prueba crucial
Desde finales de los años setenta, el agente coagulante de la sangre del cangrejo herradura atlántico se utiliza para la prueba de lisado de amebocitos de limulus (LAL, por sus siglas en inglés), que detecta endotoxinas bacterianas en medicamentos y dispositivos intravenosos. Este tipo de contaminación podría ser perjudicial e incluso mortal para los pacientes si llega al torrente sanguíneo.
Los científicos extraen aproximadamente un tercio de la sangre de un cangrejo herradura para utilizarla en las pruebas, tras lo cual el animal se devuelve al océano. Las empresas que fabrican las pruebas LAL afirman que los animales no sufren daños durante el procedimiento.
Según algunas estimaciones, sin embargo, el 15 % muere como resultado del proceso. Además, existe preocupación por que el cangrejo herradura se enfrente a presiones en muchos frentes: también se pesca como cebo y sufre a causa de la pérdida de hábitat y el aumento del nivel del mar. También desempeña un papel clave en el ecosistema, ya que sus huevos proporcionan alimento a especies de aves, entre ellas el correlimos rojizo amenazado.
Alternativa sintética
Los grupos de defensa de la vida silvestre preocupados por estos efectos han pedido una alternativa creada por el ser humano – Factor C recombinante (rFC) para su uso en lugar del LAL.
La organización que emite las normas de calidad para este tipo de pruebas en Estados Unidos, Farmacopea de los Estados Unidos (USP), afirma que el rFC es más sostenible porque puede fabricarse en cantidades ilimitadas.
Pero la USP considera también que se necesitan más datos antes de poder conceder a la nueva prueba y al LAL el mismo estatus – algo que Europa se dispone a hacer. Esto significa que, por ahora, según informa Reuters, la sangre de los cangrejos herradura seguirá siendo el estándar de la industria farmacéutica.
Oro azul
Unas 70 millones de pruebas de endotoxinas se realizan cada año en un mercado de unos 1.000 millones de dólares. Además, según Bloomberg, se calcula que la sangre de cangrejo herradura, tan esencial para su funcionamiento, vale unos 16.000 dólares por litro, por lo que no es de extrañar que a veces se la llame oro azul.
En los próximos meses, y hasta que una alternativa creada por el ser humano se consolide, podría valer su peso en oro si ayuda a los científicos a suministrar los miles de millones de dosis de una vacuna contra la COVID-19 que se necesitará en todo el mundo.

