¿Por qué recurrimos a la música en tiempos de crisis?

several guitars beside of side table
From YouTube parodies to apartment block sing-a-longs.Image: Unsplash/Wes Hicks
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  • Las comunidades de todo el mundo han recurrido a la música durante la crisis del coronavirus.

  • Desde las parodias de YouTube hasta los cantos colectivos en los bloques de viviendas, puede ayudar a mantener un sentido de comunidad.

  • Sin embargo, los orígenes de la música y el canto son inciertos.

Con las restricciones a nuestros movimientos y a nuestro modo de vida, cada vez más limitados, sentimos una pérdida de control que no se experimentaba desde la Segunda Guerra Mundial.

Al estar confinados en nuestros hogares, echamos de menos el apoyo social habitual de amigos y familiares, así como nuestra libertad para controlar nuestra vida cotidiana.

Pero hacer música ofrece un medio para recuperar el control.

Se ha grabado a personas en España haciendo actuaciones musicales, formando dúos entre los edificios de apartamentos.

Los ciudadanos de Wuhan, que gritaban «¡Seguid adelante, Wuhan!» y cantaban canciones patrióticas desde sus ventanas, se animaron a sí mismos y a sus vecinos en sus esfuerzos por salvar su ciudad.

En Italia, los ciudadanos han estado tocando instrumentos y cantando desde sus balcones durante el confinamiento.

Las parodias en YouTube están levantando el ánimo de las comunidades y recordando a las personas que deben cuidarse unas a otras, y no solo a sí mismas.

En algunos casos, este comportamiento pudo haber surgido como una forma de aliviar el aburrimiento de permanecer confinados en casa. Pero otros quisieron claramente apoyar a su comunidad de una de las pocas formas que les quedaban: haciendo música.

¿Por qué cantamos en tiempos de crisis?

La música genera un sentido de pertenencia y participación.

Es un antídoto contra la creciente sensación de alienación y aislamiento en la sociedad en general, más aún ahora que se nos pide que practiquemos activamente el distanciamiento social y el aislamiento.

El distanciamiento social y el aislamiento geográfico no tienen por qué derivar en aislamiento social. Frente a la incertidumbre y el pánico, la música es un bálsamo social que calma la ansiedad, fortalece los vínculos comunitarios y actúa desafiando cualquier amenaza al espíritu comunitario.

Ya lo hemos visto antes. Las personas cantaban mientras las llamas devoraban el techo de la histórica catedral de Notre Dame el pasado abril: himnos en las calles, cuando los parisinos no podían hacer nada más para salvar el querido emblema.

Esta reacción espontánea parecía reflejar la necesidad de los parisinos de tranquilizarse mutuamente: aunque la catedral se destruía ante sus ojos, su comunidad seguiría existiendo.

La música también parecía ofrecerse a la propia catedral: una muestra de que su comunidad la apoyaba en su momento de necesidad.

Durante la crisis del coronavirus, el apoyo comunitario ha evolucionado de una serie de espontáneos «flash mobs» musicales para conectar entre sí a coordinadas muestras de reconocimiento, como aplausos, gritos y cantos, para reconocer la labor de los profesionales sanitarios en primera línea.

Al igual que el canto, esta expresión externa de gratitud ayuda a las personas a afrontar los tiempos de crisis: aporta beneficios para el desarrollo personal y social, la salud mental y el bienestar, así como para la fortaleza y la armonía comunitarias.

La música en la evolución humana

No sabemos exactamente cuándo empezamos a hacer música.

Encontrar la primera evidencia del canto —probablemente nuestra primera incursión en la música— es imposible, aunque instrumentos que datan de hace unos 40 000 años se han hallado en Europa. Sin embargo, estas flautas de hueso no serían los primeros instrumentos creados, ya que muestran signos de un diseño complejo, y la mayoría de herramientas musicales, como los tambores de piel, no habrían sobrevivido los muchos miles de años hasta ser descubiertos por un arqueólogo.

Hoy en día, la música es la forma de cultura más consumida. Las personas escuchan música para regular su estado de ánimo, para alcanzar el autoconocimiento, y como expresión de identidad personal y colectiva, y de vinculación social.

La capacidad de la música para aumentar la cohesión social y dirigir la atención humana fue probablemente una razón clave para su desarrollo a lo largo de la evolución del comportamiento humano, al permitir que los primeros humanos transmitieran emociones e intenciones de forma eficaz. Esta comunicación pudo resultar decisiva en momentos de estrés y, en última instancia, marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Hoy vemos cómo esta adaptación humana ancestral vuelve a movilizarse en respuesta a la pandemia de COVID-19 para mantener unidas a las comunidades.

La música aún no ha perdido su importancia para la humanidad.

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