El enviado especial del secretario general de la ONU para el océano, Peter Thomson, defiende garantizar una recuperación 'azul-verde' tras la pandemia de coronavirus.
Esto garantizaría no solo priorizar el medio ambiente, sino también la salud de los océanos.
Se prevé que, si los océanos se calientan tan solo 2C, perderían la mayor parte de sus arrecifes de coral, que albergan el 30 % de su biodiversidad.
Insta a los gobiernos y a las organizaciones a inaugurar una era sostenible de economías circulares al reconstruir tras la perturbación económica y social causada por la COVID-19.
Si alguna vez hubo un momento oportuno en los asuntos humanos que debiera aprovecharse, es este. Una pandemia despiadada nos ha golpeado, trayendo tristeza y sacrificios en todo el mundo. Pero cuando alzamos la vista, vemos que los cielos están libres de estelas de aviones, el aire de las ciudades es limpio y puro, y el dulce canto de los pájaros resuena por nuestras calles. Y aquellas modalidades de trabajo de oficina y de reuniones en el ciberespacio, recomendadas desde hace tiempo, se han convertido en la norma.
En 2018, un informe especial sobre el calentamiento global del IPCC afirmó que «limitar el calentamiento global a 1.5 [grados Celsius] requeriría cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad». Entonces, lograr un cambio sin precedentes a corto plazo podría haber parecido una tarea muy difícil, pero hoy no lo es tanto. Y aunque las pandemias no son la receta para mitigar el cambio climático, sí demuestran posibilidades.
En medio de la crisis de la COVID-19, nuestra principal responsabilidad radica en la búsqueda del bien común: cuidar de quienes nos rodean, atender las directrices de nuestras autoridades y apoyar los heroicos esfuerzos de nuestros servicios esenciales y del personal sanitario. Pero estos tiempos oscuros pronto terminarán y nos encontraremos dando los primeros pasos por el camino de la recuperación.
Cuando lo hagamos, debemos tomar el camino elevado hacia un mundo sostenible, no el camino bajo que nos devuelve a los plásticos de un solo uso que contaminan el planeta, a la quema desmedida de combustibles fósiles y al desprecio desenfrenado por la naturaleza. La seguridad humana exige que reconstruyamos mejor: el camino de la recuperación hacia un futuro azul-verde nos espera. El elemento azul de esta recuperación es una economía oceánica sostenible, pues el océano cubre el 70 % del planeta, es nuestro mayor amortiguador frente al cambio climático y nos proporciona todo, desde alimentos hasta energía, desde medicinas hasta empleo, además del oxígeno de cada segunda respiración que hacemos.
Ante las restricciones por la COVID-19, para impulsar el avance a favor de un océano sano, la primera semana de junio se celebrará un importante evento global en línea, los Diálogos Virtuales sobre el Océano. Esta serie de encuentros digitales inclusivos está siendo diseñada y organizada por el Foro Económico Mundial y Friends of Ocean Action, con el objetivo de producir soluciones factibles a favor de la conservación y el uso sostenible de los recursos del océano. Los mejores intereses de las personas y del planeta exigen que los compromisos y las acciones en favor de un océano sano no se frenen.
Quizá el mayor riesgo derivado de la pandemia de COVID-19 sería que perdiéramos de vista el desafío más fundamental al que se enfrenta la humanidad, a saber, reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero a niveles que mantengan el calentamiento global por debajo de 1.5C. Superar esa cifra nos pondría en grave peligro el bienestar de las generaciones futuras.
Antes de la pandemia de COVID-19, íbamos camino de un calentamiento global de más de 3.5C a finales de este siglo. Una vez superada, la temida línea de 2C de calentamiento supondría la pérdida de los arrecifes de coral del océano, que albergan el 30 % de su biodiversidad. ¿Qué significaría eso para la salud del océano? En esta etapa, la verdad es que no lo sabemos, pero al menos admitamos que no sería bueno. Esa es una realidad existencial, pues sin un océano sano, sabemos que no podemos tener un planeta sano.
Así pues, esas emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global son nuestro enemigo común. Son la causa de la disminución de los niveles de oxígeno y del aumento de la acidez del océano, tendencias que se agravan mutuamente y que someten a presión a la vida bajo las olas. Nuestras crecientes emisiones de gases de efecto invernadero causan el calentamiento del océano, por el cual se blanquean los corales, se pierden ecosistemas, se propician fenómenos meteorológicos extremos y el nivel del mar sube cada vez más.
Y así, cuando esta maldita pandemia remita y entremos en las inevitablemente duras etapas de la fase de recuperación, el interés propio de nuestra especie exige que lo fundamental para reconstruir mejor sean reducciones sin precedentes de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero en todo el mundo. Solo entonces revertiremos el deterioro de la salud del océano y protegeremos mejor la nuestra.
Tenemos un plan universalmente acordado para proteger la vida marina: el ODS 14. Este es el decimocuarto objetivo de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que establece una serie de metas orientadas a conservar y utilizar de manera sostenible los recursos del océano.
Necesitaremos una brújula que guíe el rumbo de nuestra recuperación, y tenemos una fiable en forma de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, junto con el Acuerdo de París sobre el Clima. Gracias a ellos, podemos garantizar que las soluciones de recuperación a corto plazo estén en consonancia con los objetivos de desarrollo y de acción climática a largo plazo.
La visión de una recuperación azul-verde tras la pandemia acepta plenamente las prioridades de fomentar el desarrollo económico y crear empleo, promoviendo al mismo tiempo una mayor equidad y bienestar sociales. En la transición del sector energético hacia las energías renovables, por ejemplo, prevé el almacenamiento innovador de energía, la instalación de redes eléctricas flexibles, sistemas de recarga de vehículos eléctricos, hidrógeno verde y otras muchas tecnologías de desarrollo energético. Todo ello supondrá empleos, empleos y más empleos.
El camino de la recuperación azul-verde nos llevará a través de puntos de control económicos y acuerdos ambientales que unirán los sistemas humanos y naturales en una nueva armonía basada en el respeto y el equilibrio. Sin duda, este debe ser el sello distintivo de la próxima conferencia de la ONU sobre un tratado oceánico relativo a la biodiversidad más allá de las jurisdicciones nacionales, de modo que pronto viviremos en un mundo en el que al menos el 30 % del océano esté protegido mediante medidas de conservación eficaces y bien gestionadas. Piense solo en que cada segunda respiración que realiza procede del océano, y encontrará buenas razones para acoger con agrado esa perspectiva.
Siempre hemos sabido que los seres humanos y la naturaleza forman parte de un único sistema interconectado, ya que la naturaleza nos proporciona agua, aire, medicinas, alimentos y tantos otros beneficios. Últimamente, hemos pasado por encima de los beneficios de la naturaleza sin ningún miramiento, dando demasiado por sentado y disfrazando la codicia con nuestros mejores ropajes de beneficio y progreso. En el camino de la recuperación azul-verde, nos disponemos a corregir eso.
Pasaremos de la explotación lineal de los recursos finitos del planeta a una era sostenible de economías circulares. Avanzaremos hacia sistemas alimentarios sostenibles, ciudades resilientes y una rápida transición hacia sistemas de energía renovable. Y salvaguardaremos la biodiversidad de la naturaleza, de la que en última instancia dependen nuestras vidas.
En aras de la salud de los océanos, cuando decimos que plantaremos un billón de árboles, debemos asegurar que esto incluya la restauración de manglares, praderas marinas y kelp, a sabiendas de que secuestran cuatro veces más carbono que sus primos terrestres.
La recuperación azul-verde prevé el fin de los niveles intolerables de contaminación y residuos de los que hemos sido responsables últimamente. Exige el fin de las subvenciones perjudiciales que distorsionan sectores como el petrolero, el gasístico y el pesquero. Exige el fin de los escándalos internacionales de la pesca ilegal, la sobrepesca y la esclavitud moderna en el mar. Lo que se espera de los gobiernos de todo el mundo es que miren más allá del corto plazo y pongan en marcha políticas equitativas y decisiones de inversión que armonicen con un futuro sostenible.
A largo plazo, la supervivencia de nuestra especie puede estar intrínsecamente ligada al destino de los corales. Por ello, el rumbo de la recuperación azul-verde debe alejarnos bien del temido territorio de un calentamiento global de entre 1.5 y 2C. Si amamos a nuestros hijos y a los suyos, si amamos este planeta, si amamos la vida misma, entonces mantenernos fieles a ese rumbo es la obligación última. Volver a nuestros viejos hábitos solo reanudará un rumbo hacia huracanes devastadores, costas inundadas, vastos incendios forestales, una proliferación de hambrunas y guerras, desplazamientos masivos de poblaciones y la reaparición de pandemias mundiales.
Una recuperación azul-verde tiene fe en el genio de nuestra especie: nuestra capacidad de innovación y de compartir ideas y recursos, con empatía en la adversidad. Debemos aprovechar estas corrientes mientras sirvan, pues a través de la niebla de toda la tristeza, el trauma y el sacrificio que esta pandemia nos ha traído, vislumbramos los caminos que tenemos por delante. El alegre canto de los pájaros y el tañido de las campanas de la lógica nos indican que tomemos el que conduce a un futuro azul-verde.
Espero con interés participar en los Diálogos Virtuales sobre el Océano, del 1 al 5 de junio, para ayudar a generar las soluciones que necesitamos para el suministro sostenible de alimentos procedentes del océano, para las transiciones hacia energías renovables, para frenar la marea de contaminación, dar prioridad a la protección de los océanos y garantizar los datos y la ciencia oceánica que requerimos para asegurar el planeta sano que todos necesitamos y deseamos.

