Desde cómo se compara con el SARS y el MERS hasta si el clima más cálido del hemisferio norte tendrá algún efecto en la transmisión.
Dos expertos explican algunos de los hechos que conocemos y lo que aún no sabemos sobre la COVID-19.
Al 19 de marzo, se habían registrado más de 200.000 casos confirmados de COVID-19 en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Se tardó más de tres meses en alcanzar los primeros 100.000 casos confirmados, y solo 12 días en llegar a los siguientes 100.000, señal de que la velocidad de transmisión está aumentando.
En un importante brote reciente de coronavirus, el SARS, en 2002-2003, transcurrieron seis meses antes de que los casos superaran los 5.000 en China continental. La COVID-19 alcanzó esa cifra en solo un mes.
Aquí, David Duong, MD, MPH, instructor de Salud Global y Medicina Social en la Facultad de Medicina de Harvard y director de Atención Primaria Global y Cambio Social de la Facultad de Medicina de Harvard, además de miembro del Consejo del Futuro Global sobre Salud y Atención Sanitaria del Foro Económico Mundial, y su colega Todd Pollack, MD, profesor adjunto de Medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y director nacional de la Partnership for Health Advancement in Vietnam, un programa global de la Facultad de Medicina de Harvard, explican algunas de las cosas que sabemos sobre la COVID-19.
¿Cómo se propaga la COVID-19?
POLLACK: Se cree que el virus se propaga principalmente de dos maneras: de persona a persona, a través de gotículas respiratorias cuando una persona infectada tose o estornuda, y por contacto con superficies contaminadas, donde el virus puede sobrevivir desde varias horas hasta varios días. En este caso, una persona puede contraer la COVID-19 al tocar una superficie que tenga el virus y luego tocarse los ojos, la nariz o la boca.
¿Puede un clima más cálido reducir la propagación de la COVID-19 y otros virus?
DUONG: Con la gripe, hay un patrón estacional: los casos aumentan en invierno y disminuyen en verano. Pero ¿se debe al propio virus o hay otros factores? Hay cuatro factores que debemos considerar. El entorno: la temperatura y la humedad. Luego, el factor humano: tendemos a quedarnos en interiores, más cerca unos de otros [durante los meses de invierno], y eso aumenta la transmisibilidad. El tercer factor es nuestro sistema inmunitario. Hay algunas hipótesis según las cuales nuestras defensas inmunitarias disminuyen en los meses más fríos porque quienes vivimos en el hemisferio norte vemos menos el sol, y este ayuda a producir algo llamado vitamina D, que refuerza el sistema inmunitario. El cuarto factor es la capacidad del propio virus para replicarse, según la cantidad de huéspedes susceptibles: a medida que disminuye la proporción de contactos susceptibles, la epidemia alcanza su pico y, finalmente, remite.
Debemos tener en cuenta todos esos factores. Los coronavirus son virus con envoltura, y esta tiende a ser algo más frágil cuando aumentan el calor y la humedad. Pero eso no ocurre con todos los virus con envoltura.
Los estudios realizados en Oriente Medio sobre el MERS-CoV, la última epidemia de coronavirus, concluyeron que este prefería las temperaturas más frías y una menor humedad. Con el SARS se observó una tendencia similar. Sin embargo, no desapareció debido al clima más cálido, sino a las decisiones políticas adoptadas para controlar la epidemia, como el distanciamiento social, el aislamiento de los casos y la cuarentena de sus contactos. Esa fue la razón principal por la que vimos desaparecer la epidemia de SARS; no desapareció por el efecto de las temperaturas más cálidas. Así que, en el caso del nuevo virus, el SARS-CoV-2, que causa la COVID-19, aunque cabría esperar que se comportara como otros coronavirus, a estas alturas simplemente no lo sabemos. Y no tenemos datos suficientes porque es muy nuevo. Por tanto, no sería prudente ni aconsejable que economías o países enteros tomaran decisiones políticas basándose en el comportamiento de otros virus similares.
POLLACK: Aunque se comporte igual que el virus de la gripe en cuanto a estos factores, eso no elimina la transmisibilidad; quizá solo la reduzca un poco. Una diferencia importante entre el SARS-CoV-2 y la gripe es que el SARS-CoV-2 es un virus nuevo: nadie en el mundo tiene inmunidad frente a él. Así que, durante los meses de verano en el hemisferio norte, la transmisibilidad de la gripe disminuye por varios factores, y eso basta para detener la transmisión. Esto puede deberse en parte a que buena parte de la población ya tiene inmunidad, por vacunación o por una inmunidad parcial derivada de una infección anterior. En el caso del SARS-CoV-2, aunque la transmisibilidad disminuya en verano, es muy poco probable que el efecto sea suficiente para que el virus desaparezca, porque hay suficientes personas susceptibles para mantener la transmisión.
¿Pueden el MERS y el SARS decirnos algo sobre cómo podría evolucionar la nueva pandemia de coronavirus?
POLLACK: Cada uno de estos virus parece afectar a las personas de manera distinta, así que creo que es difícil extrapolar del MERS y el SARS a la COVID-19. El SARS tuvo una tasa de mortalidad mucho más alta. Además, el número de personas asintomáticas o con síntomas leves después de infectarse fue bastante bajo. Por eso era mucho más fácil aislar los casos y rastrear los contactos del SARS: si alguien se había infectado, era bastante evidente. Así que el SARS desapareció principalmente gracias a las medidas de salud pública. En cambio, con la COVID-19 es mucho más difícil encontrar y seguir la pista a las personas infectadas. Es positivo que sea menos mortal que el SARS y el MERS, pero su mayor transmisibilidad hace que sea mucho más difícil de controlar.
La OMS ha advertido de una «infodemia de desinformación» en torno a la COVID-19. ¿Cuánta preocupación le suscita?
POLLACK: Por un lado, hay información que se comunica de una manera que asusta y provoca pánico, lo que ha llevado a comportamientos poco útiles, como las compras motivadas por el pánico y el robo de desinfectante de manos u otros suministros de los hospitales. Por otro lado, se extendió la idea de que el virus no era peligroso para las personas jóvenes y sanas, y, sobre todo en Estados Unidos y Europa, eso creó una sensación de seguridad o de poca preocupación por contagiarse. Sin embargo, ahora sabemos que también puede ser peligroso para las personas más jóvenes y, quizá aún más importante, que estas contribuyen a propagar el virus a las personas mayores o a quienes padecen afecciones preexistentes que las hacen más vulnerables. Esto es lo que, en última instancia, lleva a que los hospitales se vean desbordados por el exceso de pacientes y la escasez de suministros, lo cual agrava los problemas. Por eso es tan importante comunicar con claridad, coherencia y transparencia.
DUONG: Con un virus de alcance mundial como este, hay mucha incertidumbre, y eso genera gran ansiedad y temor en la gente. La labor del gobierno consiste en comunicar esa incertidumbre y explicar las decisiones que toma basándose en hechos y en conjeturas. Gobiernos de lugares como Singapur y Taiwán han dicho: «Esto es lo que sabemos. Esto es lo que suponemos. Por lo tanto, estas son las medidas que se están aplicando». Eso ayuda mucho a tranquilizar a la población. La transparencia en la comunicación de los gobiernos es muy importante en este momento, especialmente en una situación incierta, cuando cada día aparecen nuevos datos que pueden contradecir los anteriores.
¿Cuáles deberían ser las prioridades de los gobiernos y los sistemas de salud?
POLLACK: La buena noticia es que contamos con ejemplos de países que han sufrido grandes brotes y encontrado formas de frenarlos. En China, en Wuhan, el brote se contuvo con éxito mediante medidas estrictas de cuarentena y aislamiento. En Corea del Sur vimos la importancia de las pruebas generalizadas como parte de la estrategia de contención. Allí se hacen pruebas a decenas de miles de personas cada día; quienes dan positivo se aíslan de los demás y se aplican medidas menos restrictivas al resto de la población. Lo fundamental es mantener a las personas infectadas apartadas de las que no lo están. La forma de hacerlo depende en parte de la sociedad, los recursos y lo que se tenga a disposición, pero hemos visto que resulta eficaz combinar pruebas generalizadas, aislamiento de las personas infectadas y distanciamiento social.
¿Qué aspectos clave debe conocer la gente sobre la COVID-19?
POLLACK: La gente debe entender que, aunque corra menos riesgo de sufrir consecuencias graves para la salud, puede contribuir a que el virus siga propagándose en su comunidad, lo que afecta a quienes tienen más probabilidades de sufrir un desenlace grave. Ese es el propósito del distanciamiento social, y todos deben tomárselo en serio, aunque su riesgo individual sea bajo.
DUONG: Este virus es «nuevo» por una razón: como es tan reciente, no sabemos mucho sobre él y la ciencia sigue evolucionando. Sin embargo, con lo que sí sabemos, lo mejor que puede hacer ahora la población general es «aplanar la curva» mediante medidas de distanciamiento social. Y sabemos que el agua y el jabón ayudan a matar el virus. Así que lávese las manos, practique el distanciamiento social y, si tiene síntomas, comuníquelos y préstele atención. Pero debemos estar preparados para la incertidumbre.
Podría haber un efecto estacional, pero ningún efecto estacional será más eficaz que las medidas actuales de mitigación y contención que estamos aplicando para controlar este virus. Esas medidas siguen siendo lo más importante.
POLLACK: Todos debemos estar preparados para que la COVID-19 siga siendo un problema durante algún tiempo.


